Diario Sur

LA TRIBUNA

Reivindicación de la arqueología

En los últimos tiempos se están prodigando en toda la prensa local escrita y audiovisual un gran cúmulo de informaciones sobre la próxima apertura del Museo de Málaga en la Aduana: la magnificencia del edificio, la fecha de la inauguración, la gratuidad de la entrada, las visitas de autoridades y colectivos, el modelo de gestión. Nada que objetar a ello. Es más, todos debemos felicitarnos por la que será la principal institución museística totalmente pública de nuestra provincia. Respecto a los contenidos del museo, todos los medios han coincidido en destacar la colección de Bellas Artes, aunque no sabemos si como información inducida o deducida. Así, las imágenes que se han publicado de las visitas protocolarias, de las entrevistas a responsables políticos o de las declaraciones de personalidades de la vida cultural malagueña han resaltado el interés de la pinacoteca, opinión a la que me uno. Pero... Siempre un 'pero'. Con esta glorificación de la pintura, la colección arqueológica ha quedado como hermana pobre, salvedad de alguna fotografía de la colección Loringiana, que, con el blanco nuclear de su limpieza, más parece una recopilación de escultura neoclásica o una performance de arte brutalista que un conjunto de divinidades romanas. Eso sí, retratadas junto a nuestros actuales próceres. Una imagen que hubiera sido un filón para el crítico Louis Vauxcelles.

Esta situación de postración de la imagen pública de la arqueología no es nueva. Si prescindimos de las noticias con toque sensacionalista muchas veces enfocadas con un formato de programa de misterio, la mayoría de las informaciones sobre arqueología tienen un carácter mucho más administrativo, político o económico que científico o de difusión del Patrimonio. Es más noticia el precio de entrada a la Alcazaba, cuánto ha costado al contribuyente el Museo de Málaga, los espectáculos del Teatro Romano o cuánto tiempo se retrasarán determinadas obras por la aparición de restos que un hallazgo de interés o una excavación significativa. Parece que nuestro Patrimonio Arqueológico no tiene interés informativo per se, sino derivado del ruido mediático de conflagraciones menos sublimes.

Tenemos dos ejemplos perfectos de esta situación: el Museo de Málaga y los Dólmenes de Antequera. Respecto al primero, ya hemos comentado dónde ha estado puesto el foco informativo y de opinión. Con los Dólmenes de Antequera lo mismo. Conseguida la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el pasado julio, el Conjunto Arqueológico prácticamente ha desaparecido de la agenda informativa, excepto para que los representantes políticos de uno y otro signo se tiren los trastos a la cabeza por la gestión del espacio. Echo de menos una serie de reportajes sobre la importancia que tiene el megalitismo en Málaga y fuera de ella, como un fenómeno cultural de primer nivel de la Prehistoria mundial, que hubiera podido acompañar el recorrido de la candidatura y los meses posteriores.

La Arqueología prácticamente no existe en la difusión oficial del Patrimonio Histórico de Málaga, pero tampoco a nivel turístico ni mediático. Habría mucho que hablar de lo que se presenta como arqueología y no lo es, pero eso lo dejaré para otra ocasión. Solo recordar la fallida candidatura para Capital Europea de la Cultura 2016, donde nuestro legado arqueológico tenía menos espacio en el proyecto que el skateboard. Ahí queda eso, en una de las ciudades más antiguas del mundo que sigue habitada, con cerca de 3.000 años de historia a sus espaldas. Y todavía hay quién se sorprende porque no pasáramos ni el primer corte de la selección, pese a la gran cantidad de dinero invertida y el desfile de 'expertos' al que nuestras autoridades nos tienen acostumbrados. Es empezar y no parar: el abandono a su suerte que sufre un patrimonio auténticamente singular como es el de época fenicia, cuyo 50 aniversario del inicio de las excavaciones del Instituto Arqueológico Alemán el año pasado pasó totalmente desapercibido a nivel mediático, es un ejemplo. Tampoco hay en la prensa un relato serio de los males que aquejan a numerosos espacios arqueológicos, que continúan sin ser puestos en valor, solo se cuenta lo evidente, la guerra política y las consignas de los aparatos de propaganda institucional y/o partidista.

En Málaga la visibilidad de la arqueología como ciencia es nula. Se vende como fuente de problemas y no como recurso. Muchas son las causas de este estado de cosas, pero no vamos a echar siempre la culpa a los de 'arriba'. A una universidad silente y ensimismada, que ni está ni se la espera en su papel de conciencia crítica de la sociedad, hay que añadir la atomización de la profesión arqueológica y su falta de cohesión como colectivo. No escasea tampoco el choque de egos, tan frecuente en el mundo intelectual. Con este panorama, es difícil pedir a las autoridades que apuesten por el Patrimonio Arqueológico como un elemento esencial de nuestra oferta cultural y turística, porque tendrían que ser personas excepcionalmente perspicaces que vieran el potencial y creo que éste no es el caso. Por ello, la apertura del Museo de Málaga puede ser una oportunidad única para cambiar el presente estado de cosas, porque si a la ciudadanía le va a sorprender algo, entre los tesoros que la Aduana custodia, uno de ellos va a ser la colección arqueológica. Y aquí el papel de los medios sería crucial.