Un policía se disfraza de Spiderman para visitar a niños enfermos de cáncer

Edu, en la puerta del Materno de Málaga/Salvador Salas
Edu, en la puerta del Materno de Málaga / Salvador Salas

Eduardo Rodríguez, un agente malagueño, recorre hospitales de España para sacarle una sonrisa a los críos, a los que considera sus «hermanos pequeños»

Juan Cano
JUAN CANOMálaga

Edu estaba sentado frente al televisor viendo las noticias cuando algo atrajo su atención. El presentador narraba la historia del británico Mike Wilson, que saltó desde el tejado de su casa disfrazado de Spiderman para darle una sorpresa a su hijo por su quinto cumpleaños. El pequeño Jayden sufría un cáncer de cerebro en fase terminal que le arrebató la vida un mes después, durante la Navidad de 2014. Aquel vídeo, que se hizo viral, le dio la idea: «Voy a llevar a Spiderman a los hospitales españoles».

Y se puso manos a la obra. Lo primero era buscar el disfraz. «Quería un buen traje. Pensé que iba a ser más fácil, pero me costó conseguirlo. Al final lo encontré en el extranjero por 600 euros. Mi madre se reía, decía que no me iban a dejar entrar así vestido en los hospitales», cuenta Edu ‘Balboa’ (así se identifica en su perfil de Facebook), que tomó prestado el sobrenombre del mítico personaje que interpretó Silvester Stallone porque «era un luchador».

Hay varias capas en la piel de Eduardo Rodríguez González (su verdadero nombre), un joven malagueño nacido y criado en el barrio de Carranque. Los días laborables, Edu se coloca el uniforme de la Policía Nacional y sale a patrullar. Con 19 años aprobó las oposiciones y, tras pasar por la Academia de Ávila y superar las prácticas, se marchó destinado a la Brigada de Seguridad Ciudadana de Madrid. En los descansos y festivos, se enfunda el disfraz del superhéroe arácnido, llena el depósito del coche (de su propio bolsillo) y recorre los hospitales españoles para visitar a niños enfermos de cáncer. «He estado en Madrid, Sevilla, Cádiz, Jerez, Murcia, Málaga... Voy allí donde me llaman».

Edu se costea sus viajes: «Me cortaría la mano antes de coger un euro de los padres»

Pero el superhéroe que hay bajo el uniforme de policía nació mucho antes que Spiderman. «Siempre tuve esa inquietud», relata Edu con una madurez impropia de sus 28 años, como alguien que ha vivido demasiado para su edad. «De pequeño, cuando veía en la tele a famosos visitando a niños enfermos con cáncer en hospitales, me preguntaba por qué ellos no podían estar como un crío cualquiera en su casa. Me impactaba verlos sin pelo, con mascarillas, y me parecía muy injusto».

Todo empezó hace seis años. Una vez superadas las prácticas y con la placa de policía en la cartera, Edu pensó que era el momento de hacer algo. «Me veía con más tiempo y me apunté de voluntario en una fundación. Cuando estaba de descanso, venía a Málaga y pasaba tres horas a la semana visitando a niños en hospitales». Recuerda como si fuera ayer la primera vez que entró en la planta de oncología. «Iba muy nervioso. Vi a un niño que salía corriendo y se metía debajo de una mesa. Quería jugar al escondite. Me salté el protocolo y me metí bajo la mesa con él». Aquel crío era Sergio (siete años), de La Línea de la Concepción (Cádiz) y «está curado», afirma Edu, que procura mantener el contacto con las familias y los menores a los que visita.

La historia de Lolo, un niño madrileño de ocho años que ha pasado los tres últimos en tratamiento por una extraña variante de leucemia, recuerda a la de la película ‘La Vida es Bella’ (1997), dirigida y protagonizada por Roberto Benigni, que encarna a Guido Orefice, un judío italiano que tira de imaginación para proteger a su hijo de los horrores de un campo de concentración nazi. Manuel, como Guido, convirtió el infierno del hospital en un juego para su hijo Lolo, al que hizo creer que estaba allí para saber qué tipo de superhéroe era. Por eso tenían que hacerle tantas pruebas.

Cuando le colocaron el reservorio para recibir el tratamiento, su padre le dijo que era Ironman.

Cuando le hacían transfusiones, le inyectaban el veneno arácnido con los superpoderes de Spiderman.

Cuando lo sedaban, era para suministrarle el ‘adamantium’ que recorre el cuerpo de Lobezno.

Y cuando le administraban la quimio, sus padres aprovechaban su color anaranjado para que él imaginara que eran «pócimas mágicas».

Pero en el mundo que crearon para su hijo faltaba un superhéroe de carne y hueso. Y ese superhéroe fue Edu. «Un día, Mariano (que estaba detrás del mostrador de atención al paciente en el turno de tarde) me dijo: ‘Manolo, va a venir Spiderman’. Ahí conocí a Edu. El impacto que tuvo en Lolo, que además estaba cabreado ese día, fue muy positivo. Hicieron muy buenas migas. Y a mí me vino genial», cuenta Manuel. Después, fue Lolo quien le dio una sorpresa a Edu: se escondió en el armario y, cuando el policía entró en la habitación, él apareció de repente con su pequeño disfraz de Spiderman. «Es una familia ejemplar», añade Edu. Lolo ha recibido el alta tras dos años ingresado en el hospital Niño Jesús de Madrid. Los últimos análisis, cuyos resultados llegaron el día 4, son «buenos».

Spiderman y los superpelones

«Ellos me ven como un hermano mayor», dice Edu, que tiene una página de Facebook y un perfil en Twitter, donde recibe las peticiones de visitas y mantiene el contacto con las familias. «Voy cada vez que puedo. He llegado a hacer un viaje a la semana», explica el joven, que costea todos sus gastos y no recibe ayudas. «No acepto ni he aceptado dinero de nadie. Una vez, una madre me llamó y me preguntó: ‘¿Cuánto cuesta esto?’ Es gratis. Me cortaría la mano antes de coger un euro de unos padres que están pasando por algo así», aclara.

Dice que ha perdido la cuenta de los niños a los que ha arrancado una sonrisa vestido de Spiderman. «Es imposible saberlo, porque cuando voy a un hospital recorro toda la planta, y puede haber 20 o 25 críos. Pero sí mantengo contacto con la mayoría de las familias que me llaman para darles esa sorpresa a sus hijos. Cada niño te deja una muesca especial, porque cada uno es único y especial».

De los que no ha perdido la cuenta, porque es imposible perderla, es de los que ya no están. «Se me han marchado 29», confiesa Edu. «Es muy duro, porque al fin y al cabo haces amistad con sus padres y para mí también ellos son como mis hermanos pequeños. Los acompañas en ese último tramo y los ayudas a morirse para que al menos lo hagan sin miedo. Eso es algo monstruoso. Hace falta gente dispuesta a hacerlo. No es fácil. Si un padre viene y te pregunta ‘¿mi hijo se va a morir?’ , lo que te sale es ‘no, ya verás, todo va a ir bien’. Pero no puedes mentirle, porque te lo va a echar en cara. Solo puedes ser sincero y contestar: ‘Pues mira, no lo sé’».

¿Cómo se puede revivir una y otra vez ese dolor? ¿cómo lo superas?

–A veces te vas a casa hundido, y pierdes la fe en lo que haya. ¿Cómo puede suceder esto? ¿Por qué se muere un niño de tres años? Pero los críos lo hacen todo más fácil, porque no dejan de ser niños. Y no puedes permitirte caer. Si te quemas con uno, no puedes ayudar al siguiente. Cuando entras, lo importante es saber salir, porque si no te cuesta una depresión y acabas medicado.

Spiderman es sólo la epidermis. La foto fácil. «La gente se queda en que yo me disfrazo para visitar los hospitales, pero eso es detenerse en la superficie. Esto no es el salón del manga ni los Carnavales de Cádiz. El 99% de mi labor la hago sin disfraz. Todos mis días libres voy al hospital como Edu, no como Spiderman».

Con el tiempo, ha desarrollado una teoría muy particular sobre la muerte que le sirve de antídoto para convivir con el averno cotidiano en el que se mueve. «Cuando llevas un tiempo en esto, entiendes que la muerte no existe como la conocemos, que todos venimos aquí por algo y que nos tenemos que ir por algo. Y no lo comprenderemos por completo hasta que la película no acabe para nosotros y leamos la palabra ‘Fin’. Yo quiero pensar que son como los soldados. Vienen a cumplir una misión, ya sea unir a sus padres, que se den cuenta de las cosas importantes de la vida, o hacer que se encuentren dos hermanos que llevaban años sin hablarse. Como los soldados, sufren, lo pasan fatal, y después vuelven a casa».

¿Crees que tienes superpoderes?

–Todos los tenemos. Los más fuertes son el amor y la voluntad. A una persona con voluntad, aunque le falten los brazos y las piernas, no hay quien la pare. Esos son mis superpoderes, pero no soy especial. Los tengo yo y también todos los que quieran hacer lo que yo hago. Lo que sí sé es que este es mi camino. Cada uno tiene un lugar en la vida. Y el mío es este.

Cuando Spiderman, Eduardo y el policía, las tres capas de una misma piel, se hacía fotos en la entrada del Hospital Materno, una madre llegaba a la puerta de urgencias con dos niños pequeños. «¡Mira, mamá, es Edu!», exclamaron los críos casi al unísono mientras corrían a abrazarlo.

El grupo de superhéroes, en una de sus visitas a un hospital.
El grupo de superhéroes, en una de sus visitas a un hospital. / SUR
«Yo soy Batman y juntos somos los ‘Superhéroes de corazones’»

La suya no es la saga de los X-Men o Los Vengadores, ni sus rivales son Magneto y Loki. Sus enemigos, a los que tratan de vencer a base de sonrisas, son el miedo, la tristeza y la desesperanza. «Yo soy Batman y, juntos, los ‘Superhéroes de corazones’», asegura Andrés Olivares, presidente de la fundación que lleva su nombre y que se centra en la «ayuda emocional» a niños que sufren cáncer y a sus familias.

Aunque hayan llegado al mismo destino, lo hicieron por caminos diferentes. Lo de Edu ‘Balboa’, el policía-Spiderman, fue por empatía, mientras que el de Andrés surgió de una experiencia personal muy traumática. Su hijo Luis enfermó de leucemia y, tras una larga lucha contra el cáncer, falleció en 2007. Tenía nueve años. «Antes de morir, surge la idea. Él era muy generoso», dice el padre. «En aquel momento fue un mazazo grandísimo, pero he crecido mucho desde entonces. Me sirvió para despertar. Mi hijo me cambió la vida a raíz de su enfermedad».

Y así, tres años después, nació la fundación. Cuando Edu aterriza en ella con su traje de Spiderman, y a la vista de la aceptación que tenía entre los niños, a Andrés se le ocurrió crear una saga. «Yo me coloqué el traje de Batman y Roberto –que es el secretario de la ONG–, el de Transformer», explica Andrés, que asegura que, cada vez que pueden, visitan hospitales juntos. «Somos como tres hermanos», apostilla el presidente de la fundación. Edu confiesa que tiene en él a su «maestro», además de a un buen amigo. «Nuestra rutina es un poco rara, quedamos para almorzar en las cafeterías de los hospitales. Yo no doy ningún paso sin contar con Andrés», reconoce.

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