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Se aprueba por unanimidad pedirle a la Junta que declare el Parque de Málaga Bien de Interés Cultural

Vista del parque de Málaga
Vista del parque de Málaga / Sur
  • El tercer jardín subtropical de Europa, que se proyectó a finales del XIX, alberga especies botánicas de los cinco continentes

No hubo ni que debatirla. Ese es el trato. Cuando todos los grupos políticos están de acuerdo, se pasa directamente a votar. Las loas quedan para la iniciativa popular que presentaba el concejal de Medio Ambiente, Raúl Jiménez, en la comisión del área, que acabará siendo institucional en el próximo pleno tras la aprobación por unanimidad de todos los ediles para instar a la Junta que declare el Parque de Málaga Bien de Interés Cultural (BIC).

El proceso ya se inició hace meses y ahora el Ayuntamiento de Málaga está en disposición de incoar el expediente para pedir para el centenario Parque de Málaga esta declaración cultural, que significa una protección íntegra.

El Ayuntamiento hizo una importante inversión en este espacio en 2007, que inicialmente era de unos 10 millones de euros pero acabó siendo unos 15 millones a causa de las modificaciones que sufrió el proyecto, que mejoró ostensiblemente los paseos centrales creando pequeños ‘salones’ para el descanso y que dio una linealidad al paseo de España, que linda con el Puerto, que no tenía el proyecto inicial en el que se encontraba el estanque de los patos y otras aves acuáticas. Sobre todo, se mejoraron las especies de matorral y se rediseñaron algunos parterres con el objetivo de remodelar un parque del XIX con las claves del siglo XXI. La rehabilitación, en cuanto a lo botánico, fue respetuosa, a excepción de la eliminación de todos los plátanos de sombra de la avenida principal por almencinos traídos de Italia con la excusa de que la mayoría de los ejemplares originarios estaban podridos. Pese a la gran polémica que se generó lo cierto es que, finalmente los almencinos de Azzano Decimo han recreado la nueva alineación de árbol de hoja caduca con árbol de hoja perenne, que era el objetivo original, es decir palmera canaria con almencino en la actualidad.

El Parque de Málaga es un espacio creado a partir de terrenos ganados al mar. El puerto llegaba hasta la Cortina del Muelle. De ahí su característico nombre que ha llegado hasta nuestros días, pero los barcos no entraban en esa zona porque se quedaban en la bahía. Por eso, a finales del XIX se pensó en reformar el Puerto y la parcela intermedia se rellenaría de tierra para venderla y hacer casas. Ahí anduvo muy listo uno de los dos presidentes del Gobierno durante la Restauración, el malagueño Antonio Cánovas del Castillo, que firmó un decreto en 1896 por el que se obligaba al Puerto a realizar una cesión de los terrenos a la ciudad, con la condición de que se realizasen jardines y se mantuviera la anchura de la Alameda. Fíjense cómo cambió esta acción la fisonomía de la urbe. Hoy, de no haber mediado esta firma, habría seguramente casas.

Tras la muerte de Manuel Domingo Larios, marqués de Larios, su apoderado presentó un proyecto en Cabildo que consistía en la prolongación de la Alameda Principal hacia Levante. El proyecto, como se explica en el volumen 'Cien años del Parque de Málaga' (Bejarano, Del Cañizo y Sesmero, 1998:13), era de Strachan Viana-Cárdenas, que trabajó a las ordenes del marqués y había llevado a cabo la construcción de la calle Larios.

Pero, el plan final del Parque fue de Joaquín Rucoba y Tomás Brioso, en 1897 que plantean el Parque como una colección botánica de especies de todo el mundo. De hecho, la ciudadanía vivió con gran expectación la llegada al Puerto de los barcos cargados de plantas traídas desde los cinco continentes. Las obras fueron financiadas por la casa Larios y el Ayuntamiento de Málaga. La ciudadanía vivió todo el proceso de remodelación de la zona como una fiesta cuando veían cómo llegaban cientos de plantas subtropicales, que tenían por objetivo aclimatarse al clima de Málaga, donde tuvieron fácil adaptación como puede observarse en el propio parque en y el jardín botánico-histórico de la Concecpión.

El Parque es un pequeño pulmón verde dentro de la ciudad que esponja el espacio entre el Puerto y la línea de edificación que empieza en la Cortina del Muelle. Al lado del Ayuntamiento, que ya es BIC, y que se proyectó también por esos años por Rivera Vera y Guerrero Strachan, crea un espacio singular y único. Además de la espectacular colección de palmeras, también hay ejemplares reseñables de araucarias, cipreses, robles, arces, ficus, dragos, con plantas de acompañamiento como cicas, aves del paraíso y agapantos, creando un lugar con mucho encanto para pasear.

De hecho, durante la reciente Cumbre Hispano-Francesa el paseíllo para saludar a las tropas y autoridades de los presidentes de ambos países se hizo debajo de la alineación de palmeras centenarias para desembocar en el Ayuntamiento. Con este expediente, el de BIC, el Parque tendrá su justa catalogación, la de un espacio botánico señero que ha sido escenario de los grandes acontecimientos de la ciudad.