Un ingeniero malagueño en la NASA

Carlos García-Galán es uno de los responsables del Proyecto Orion, que llevará el hombre a Marte en 2030

Carlos García-Galán recibe un reconocimiento al trabajo del equipo que dirige en la NASA. /
Carlos García-Galán recibe un reconocimiento al trabajo del equipo que dirige en la NASA.
NURIA TRIGUERO

«Trabajar en la NASA parece algo muy lejano, casi imposible. Pero yo lo he conseguido, así que es posible. Si tienes un sueño, aunque parezca imposible, ten paciencia y determinación y ve a por él». Este es el mensaje que transmitió Carlos García-Galán a 130 chavales del instituto Salvador Rueda de Vélez-Málaga hace unos días. Lo cierto es que la historia de este malagueño de 42 años demuestra que a veces el talento y el tesón conducen a metas insospechadas. De pequeño quería, como tantos niños, ser astronauta. «Todo el mundo se lo tomaba a risa menos mi madre», recuerda. Pero él conservó intacto su sueño en el tránsito a la edad adulta y trazó un plan para hacerlo realidad. A los 18 años se fue a Estados Unidos; en el Florida Institute of Technology estudió dos carreras: Ciencias Espaciales e Ingeniería en Telecomunicaciones. A los 22 años, este hijo de piloto y azafata se presentó a una entrevista para trabajar en la NASA... y le seleccionaron.

«Dedicaos a algo que cambie el mundo»

«Nunca he visto a los chavales hacer tantas preguntas», comentaba uno de los profesores del IES Salvador Rueda de Vélez-Málaga después de la charla que ofreció Carlos García-Galán a más de un centenar de alumnos la semana pasada. El ingeniero malagueño estuvo acompañado por un colega de la NASA: James Geffre, responsable de los sistemas de guía, navegación, control y aerotérmica de la nave Orion. Ambos desgranaron detalles de su misión y respondieron a cuestiones que rozaban lo filosófico. «¿Por qué ir a Marte?», inquirió un chico. «El ser humano tiene la característica de querer saber siempre más. Además, puede ser un sitio al que ir cuando dentro de cientos o miles de años no se pueda vivir en la Tierra», contestó. «¿Cree que hay vida en otros planetas?», preguntó otro. «Es difícil pensar que no cuando sabes lo grande que es el Universo», fue su respuesta.

García-Galán tenía un objetivo claro: animar a los chavales a tener «grandes sueños». «No seáis lo que os digan vuestros padres que seáis. Pensad en hacer algo que cambie el mundo y parezca imposible conseguir», les dijo. «Mi generación tiene el reto de llegar a Marte; vosotros os encargaréis de colonizarlo», concluyó.

Desde entonces, Carlos ha protagonizado una brillante trayectoria en la agencia espacial americana. Después de participar como controlador de vuelo en más de diez misiones de construcción de la Estación Espacial Internacional, trabajó en el desarrollo de nuevas tecnologías para la detección y manejo de fallos en los sistemas de dicha nave. A día de hoy es responsable del equipo de integración de misión y sistemas del Proyecto Orion, que tiene como meta llevar el hombre a Marte en 2030. Vive en Houston con su mujer y viene menos de lo que le gustaría a Málaga, de la que recuerda especialmente los largos veranos de su infancia en Torre del Mar. «Aprovecho las veces que tengo que visitar instalaciones de la Agencia Espacial Europea para pasar unos días por aquí», confiesa.

Pese a considerar «un sueño hecho realidad» su trabajo en la NASA, García-Galán sigue queriendo ir al espacio. «Me he presentado varias veces a las pruebas para ser astronauta y lo volveré a intentar una vez más», confiesa. Cada tres años, la NASA selecciona hombres y mujeres para ir al espacio. Los procesos están abiertos a todos los ciudadanos americanos Carlos tiene la doble nacionalidad y al último se presentaron 18.000 personas. En el primer filtro se quedaron en 400, de las que acabaron eligiendo a seis. «Hay varios perfiles que interesan: pilotos, ingenieros, médicos y científicos», explica el malagueño, que la última vez superó las pruebas físicas pero no pasó a la fase final. «Esa vez sólo cogieron a médicos y pilotos», apunta.

La epopeya de llegar a Marte

No ha podido viajar al espacio aún, pero García-Galán tiene una responsabilidad mayor que los astronautas. No en vano es uno de los máximos responsables del Proyecto Orion, que la NASA desarrolla en colaboración con la Agencia Espacial Europea. «Es fascinante estar implicado en un reto tan simbólico para el ser humano como llegar a Marte», afirma. Se trata de una misión de altísima complejidad: no sólo hay que construir una nave y su correspondiente cohete capaz de cubrir una distancia superior a 50 millones de kilómetros cargada con los víveres y materiales necesarios para mantener a seis astronautas entre dos y tres años, teniendo en cuenta además las condiciones extremas que soportará el vehículo. También hay que investigar los efectos que puede tener para el ser humano un viaje espacial tan lejano y prolongado. «Por ejemplo, necesitamos comprender cómo afecta la radiación a los astronautas o cómo evitar la pérdida de densidad ósea debida a la falta de gravedad», explica el malagueño. «Para poder llegar a Marte necesitamos llevar más allá los límites del conocimiento humano», reflexiona.

El largo camino de la cápsula Orion a Marte tiene varios hitos previos. El primero se superó en 2014: fue un vuelo de prueba no tripulado en el que se alejó 5.800 kilómetros de la superficie terrestre (la Estación Espacial Internacional orbita a 420 kilómetros de altura). El siguiente, previsto para 2018, es llegar a la Luna, también sin tripulación, y alcanzar una zona de la órbita donde la gravedad es similar a la que hay en Marte, con el fin de probar el comportamiento y la resistencia de la nave. Ya en 2021 se prevé la primera misión con astronautas, también a la Luna. Y en 2030, si todo se desarrolla según lo previsto, tocará poner rumbo al planeta rojo. «Ver la llegada del hombre a Marte sería el final perfecto para mi carrera», afirma el ingeniero. «Lo mejor de este trabajo es la satisfacción que sientes cuando acaba una misión con éxito. Son tantos factores que se tienen que conjugar: trabajo en equipo, suerte...» , expresa.

García-Galán trabaja codo con codo con los astronautas a los que tanto admiraba de niño. «Dejas de mitificarlos porque se convierten en compañeros. Les entrenamos para que sean capaces de responder a cualquier imprevisto y probamos con ellos elementos de la nave», explica. Inevitable preguntar en este punto si le gustó la película Marte. «Sí, es bastante realista. El autor del libro en el que se basa estuvo mucho tiempo hablando con gente de la NASA para documentarse», comenta.

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