El edificio sin rostro

Antigua nave de locomotoras, calle Mendívil

El edificio sin rostro
Luis Ruiz Padrón
LUIS RUIZ PADRÓN

Las estaciones de ferrocarril fueron las catedrales del siglo XIX; en ellas se rendía culto a un dios del progreso encarnado en humeante máquina de vapor. Incluso una nave destinada a la reparación de locomotoras poseía dignidad suficiente como para que su alzado fuese el remedo de un arco del triunfo. La que permanece aún en pie en calle Mendívil es un testimonio de ello, o al menos lo fue hasta el siglo XXI: en esta ocasión, el progreso llegó avanzando bajo tierra en forma de metro. Para poder horadar uno de sus túneles se desmontó la imponente fachada, con el compromiso de su reconstrucción una vez terminadas las obras. Pero nada se ha hecho; el tiempo pasa y la vetusta nave permanece sin rostro, ofreciendo al viandante una visión insólita de sus entrañas.

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