Pasión flamenca al amanecer

La Laguna de Fuente de Piedra acoge una de las jornadas científicas más importantes y multitudinarias del año en Málaga. Esta temporada han nacido 7.472 crías de flamenco rosa, tres veces más que en 2018

Pasión flamenca al amanecer
Fernando Torres
Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Casi todos duermen en Fuente de Piedra. Solo algunos vecinos madrugadores se desperezan café en mano en los bares de la avenida que cruza el pueblo, de camino al centro de interpretación de la Laguna. En el corazón del paraje natural, sin embargo, la actividad es frenética. Más de 500 personas han visto amanecer en equipo para meter en el redil a un grupo de los miles de pollos de flamenco rosa que han nacido durante esta temporada de reproducción. El anillamiento, que este 2019 cumple treinta y cinco años, es mucho más que una acción de conservación: la pasión de los voluntarios y los técnicos mantiene viva esta tradición esencial para la comunidad científica de todo el mundo y también para la provincia de Málaga.

La jornada de este sábado, patrocinada por Fundación Unicaja, como es habitual, ha empezado a oscuras. Pasadas las cinco de la mañana los distintos grupos han ido avanzando en silencio, ahuyentando a los adultos y dejando a los pollos en tierra –todavía no pueden volar más que a ras de suelo–. Poco a poco, con cañas, un millar de crías han entrado en el recinto del que, uno a uno, han ido pasando a la cadena de anillamiento.

Primero se toman las medidas de cada ejemplar, desde el peso hasta el largo y ancho del pico. Acto seguido se colocan dos anillas, una de PVC y otra de acero, que pueden ser observadas a larga distancia y permite a los científicos y ornitólogos de la comunidad internacional conocer la procedencia de cada ave, sus características y la fecha en la que nació.

Algunos de los pollos pasan a una segunda cadena en la que se extraen otro tipo de datos de carácter fisiológico mediante un análisis de sangre que se procesará en los próximos días en un laboratorio. Cuando todo acaba (los voluntarios trabajan sin descanso para reducir el estrés al mínimo), llega el momento de la puesta en libertad. Con sumo cuidado y tras haber sido instruidos en un encuentro celebrado el día anterior en el polideportivo de Fuente de Piedra, los participantes llevan a cada cría hasta la zona de suelta. «Este punto es muy importante», explica Gustavo Terol, miembro de la organización de la jornada y veterano en el anillamiento de flamencos. «Hay que soltarlos mirando hacia nosotros, para que se sientan obligados a ir en la dirección opuesta y den los primeros pasos hacia atrás». Este último punto, además, reduce el impacto en las extremidades del animal, que ha pasado varios minutos encogido para poder ser manipulado. «Si echan a correr directamente se pueden partir una pata, por eso es muy importante que primero caminen de espaldas hasta que se den la vuelta», concluye.

Entre los 500 voluntarios hay historias de todo tipo. Muchos de ellos acuden cada año como una tradición familiar. Algunos están vinculados al mundo científico, otros no, pero no importa. Las manos cualificadas se encargan de las partes más delicadas, además de los veterinarios que tratan a las crías que ya estaban heridas cuando llegaron al redil o a las que sufren algún tipo de lesión durante el proceso.

Carlos y Paula han participado en la jornada por primera vez, aunque la familia de ella es habitual de la Laguna. «Llevo todo el día pensando que cómo podemos tener este espacio tan virgen rodeado de carreteras y ciudad», comenta Paula. Carlos no había ido nunca al paraje, por lo que la sopresa ha sido doble. «No conocía este sitio, así que el mero hecho de haber podido pasar aquí la noche y ver amanecer rodeado de flamencos ha sido una experiencia inolvidable, el año que viene repetimos». Los dos coinciden en que la sensación de equipo es abrumadora. «Estás en la oscuridad, caminando a ciegas siguiendo las indicaciones de los responsables, y cuando sale un poco el sol ves las siluetas de todos los demás que han acudido por diferentes frentes para cercar a las crías, es alucinante».

Un año ejemplar

Esta temporada de cría han nacido 7.472 pollos de flamenco rosa –la variedad de mayor tamaño de la especie–, procedentes de 9.000 parejas reproductivas. Según ha explicado la consejera de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Carmen Crespo, pese a que el año hidrológico no ha sido el más abundante se han dado las circunstancias para que la reproducción en la Laguna haya sido muy elevada. «Hay que tener en cuenta que el año pasado se registraron 2.410», ha añadido Crespo, quien además ha confirmado el compromiso de la administración andaluza de cara a garantizar la conservación del paraje y las aves.

Este año es el tercero en el que el recuento de nacimientos se hace con drones. «Antiguamente había que subirse a una avioneta, tomar fotografías y contar uno a uno», explica a SUR el director de conservación del paraje, Manuel Rendón.

Una vez concluído el anillamiento de los 600 pollos que se censan cada año, el resto de los capturados ha sido puesto en libertad, en uno de los momentos más icónicos de esta jornada. Los voluntarios se disponen en dos hileras, cercando la zona de suelta y, en silencio, se despiden de las crías que emprenden la carrera hacia la zona en la que les esperan los adultos. Y cuando se han marchado, aplauden. Es la única compensación que reciben tras seis horas de trabajo.