Esta bolsa de la compra vale mucho dinero

La moda transforma la humilde cesta de la compra en objeto de deseo. A 2.300 euros las vende Balenciaga

Como las abuelas francesas. Marc Jacobs se adelantó sin mucho éxito a las tendencias con este estampado de 2007. /
Como las abuelas francesas. Marc Jacobs se adelantó sin mucho éxito a las tendencias con este estampado de 2007.
LUIS GÓMEZ

Es admirable la capacidad de fascinación de la industria del lujo para incitar a los clientes a pagar cifras astronómicas –más de 2.000 euros– por artículos aparentemente básicos y convertir complementos denostados en el ‘must have’ de la temporada. En objeto de deseo, en definitiva. Hoy por hoy, no hay nada más cotidiano y ‘cool’ que la bolsa de la compra. Como lo leen. Si quieren presumir de vanguardistas, no lo duden y échense una bolsa del súper al hombro o agárrenla bien de las manos. Inmediatamente, se ganarán la fama de ‘trendy’, a costa, eso sí, de agujerear su cuenta corriente. Los creadores de tendencias empezaron a frotarse las manos al ver cómo ‘celebrities’, ‘influencers’, ‘top models’ y destacadas editoras de moda acudían a los lugares más ‘chic’ con bolsas debajo del brazo como si acabasen de salir del supermercado. Las mismas en las que cargamos cebollas, barras de pan, verduras y huevos. Literal.

Demna Gvasalia, el director creativo de Balenciaga y de su marca propia –Vetements–, disfruta de su condición de chico terrible. El modisto georgiano convierte en oro todo lo que toca, aunque sus propuestas sean de difícil comprensión y de muy dudoso gusto estético. Ha impuesto la tendencia del feísmo. Sus camisetas de 1.000 euros y tamaño oversized reproduciendo el logotipo de la firma de mensajería DHL se agotaron en horas. Por lo que se ve, hay mucha gente millonaria encantada de ir por la vida con pintas de operario.

Para llevar ropa de la lavandería. Esta versión de Balenciaga (arriba) cuesta 1.200 euros; la original, solo 2 .Inditex no se ha quedado atrás y ha lanzado su bolso en yute y algodón.Llega la bolsa de red: Es uno de los últimos lanzamientos y parece llamado a reventar el mercado.

Si aquella jugada le salió redonda, Gvasalia volvió a meter otro gol de antología al rescatar, reinterpretar o simplemente copiar –nadie se pone de acuerdo en la clave de su éxito– la bolsa de plástico de Ikea. Con una diferencia notoria: el precio. Mientras la azul del gigante sueco –llamada Frakta– sigue todavía disponible por 0,50 euros, algunos editores ironizan con que la azul cielo de Balenciaga tiene un coste «algo más elevado». Bastante más, habría que matizar, ya que se dispara hasta los 1.695. Es verdad que las firmas exclusivas recurren al ingenioso recurso del trampantojo y que nada es lo que parece. Lo que a primera vista simula ser una bolsa más es en el fondo un dechado de exquisitez por la calidad de sus materiales. La ‘falsa’ Ikea está fabricada en cuero e incorpora dos asas para regular su altura.

Para comprar el pan

Lo curioso de Gvasalia es que no ha inventado nada nuevo. En 2007, otro genio de las agujas, Marc Jacobs, se adelantó al tiempo y lanzó para Louis Vuitton unos sacos de cuadros de aire retro inspirados en las famosas bolsas ‘tati bags’, muy populares en determinados barrios parisinos. El modisto neoyorquino recuperó las bolsas que las abuelas de los años setenta llevaban para comprar el pan. Karl Lagerfeld, el gurú de Chanel, reinventó también las bolsas de papel plastificado, pero ninguno dio con la tecla del éxito como Gvasalia, maestro en el arte de exaltar el lujo con objetos comunes. En su colaboración con Colette, la icónica tienda multimarca de París que acaba de cerrar, ha tomado prestado el estampado de rayas arcoíris de las populares ‘sampheng bag’, bolsas que los tailandeses utilizan para ir a los mercadillos o meter en ellas la ropa que llevan a las lavanderías. Mientras las originales, de plástico y nilón, valen dos euros, aunque se han encarecido ligeramente desde que han subido a las pasarelas, la versión de lujo, de manufactura italiana y elaborada en piel de cordero, no baja de los 2.300.

Los desorbitados precios han corrido como la pólvora en las redes sociales, donde los internautas han ridiculizado los despropósitos de una industria capaz de transformar lo ordinario en extraordinario. Muchos jóvenes poseedores de las bolsas tradicionales tailandesas presumieron de «tener un Balenciaga» y otros llegaron a mostrar su preocupación acerca de si al viajar fuera de su país podrían ser acusados de lucir un bolso falso.

Una versión de lujo. Gvasalia dio un pelotazo al transformar la famosa bolsa de plástico de Ikea en un deseo trabajado con piel de cordero.
Una versión de lujo. Gvasalia dio un pelotazo al transformar la famosa bolsa de plástico de Ikea en un deseo trabajado con piel de cordero.

El asunto puede que haga mucha gracia, pero el Departamento de Propiedad Intelectual de Tailandia se lo ha tomado muy en serio. Pese a ser idénticas, ha rechazado que Gvasalia haya plagiado el modelo auténtico. «La bolsa de arcoíris se ha utilizado en Tailandia desde hace mucho tiempo. No es ilegal llevarla a Europa, ya que no es una imitación.Si uno tiene la intención de copiar, el material, modelo, forma y color deben ser los mismos», zanjó Nantawan Sakunkarn, director del departamento.

En cuero de vaca

Visto el negocio, Balenciaga se ha sacado esta temporada otro conejo de la chistera con un bolso que imita las bolsas de papel usadas en sus tiendas. Pese a costar 995 euros –el complemento está elaborado en cuero de vaca–, la compañía agotó en pocos días las existencias.Hasta los editores más reputados se han atrevido a hacer chistes y señalar que los compradores de estas bolsas rezan mientras los dependientes les pasan la tarjeta de crédito para que se confundan y les guarden sus compras en una de piel pensando que es de papel y así puedan tener dos. Su éxito ha sido tal, que ha llevado a Dior y Gucci a repetir experiencias similares. El negocio parece estar claro:la bolsa o la vida.

Balenciaga. De papel. Las firmas imitan sus propias bolsas donde meten las ropas de sus clientes.
Balenciaga. De papel. Las firmas imitan sus propias bolsas donde meten las ropas de sus clientes.

Tampoco las firmas accesibles quieren quedarse atrás, incluida Zara, que ha puesto a la venta su propio cesto de la compra, el mismo que pone a disposición de sus clientes a la entrada de la tiendas para que echen toda la ropa que deseen probarse. Cuesta 9,95 euros y ha sido fabricado con yute y algodón. Ni de lejos le llega a sus rivales, pero demuestra que las bolsas, un accesorio de lo más funcional y olvidado por la moda, se ha convertido en el nuevo ‘it bag’.

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