El médico que se enamoró del arte

La colección de obras de la casa de Benjamín Escobar en el centro de Málaga se ha forjado a base de flechazos

El médico que se enamoró del arte
LORENA CODES

Asegura Benjamín Escobar que no sabe cuántas obras conforman su colección de arte, ni cuál es el valor de cada una de ellas. Lo que sí recuerda perfectamente es la emoción que le produjo cada una el día en que surgió el flechazo. «Es como un romance, las veo, me enamoro y empiezo la conquista para tenerlas cerca», confiesa. De la misma forma, las piezas están ordenadas en su casa del centro de Málaga sin ningún orden de preferencia, meramente por impulso. El hogar de este médico natural de Barranquilla (Colombia) es, pues, una galería de emociones construida durante años y que va transformándose de cuando en cuando con la incorporación de nuevas obras.

Su primera adquisición se produjo de muy joven, cuando trabajaba en Algeciras. Fue un pastel de Antonio Rojas, que adquirió en la galería de su amiga Magda Bellotti, una suerte de punto de encuentro de artistas e intelectuales que dio luz a la gris ciudad portuaria.Esa estancia en Algeciras supuso un punto de inflexión en la vida de Benji, que inició dos historias de amor sin fecha de caducidad, la que mantiene con el mundo del arte y la que lo unió a su esposa, malagueña. A Málaga llegó, pues, por amor, después de recorrerse la geografía española en busca de un lugar para quedarse. Siempre quiso vivir en Europa, dice que lo supo desde que siendo un niño asistió a una conferencia de un ex alumno de la Alianza Francesa, donde estudiaba. «Fantaseaba con la idea de venir a Europa, estaba deseando que llegara la etapa universitaria para solicitar una beca de estudios», apunta.

No así sus padres, que lo incitaron a realizar sus estudios de Medicina en Estados Unidos. La casualidad (o tal vez no) quiso que esa posibilidad quedara fuera de juego. Después de realizar la Selectividad en Colombia, Benjamín viajó a Madrid con un amigo. Más tarde a Sevilla y a Cádiz. Fue en esta última donde su padre, con una llamada, le advertía de que era el último día para matricularse en una Universidad. Así que decidió hacerlo allí mismo, en Cádiz. Unos años que Benjamín califica de «maravillosos», en los que se implicó con varias asociaciones de estudiantes, de voluntario, e incluso llegó a promover un festival de rock que se celebró en El Puerto de Santa María. «Con la Asociación de Estudiantes Iberoamericanos llegamos a viajar en autostop a Barcelona en busca de Gabriel García Márquez», rememora.

Terminada la carrera, el stand by gaditano lo impulsó a salir fuera para buscar trabajo. Comenzó por Castilla-la Mancha, donde no hubo demasiada suerte, y volvió a Cádiz, donde trabajó en la Clínica de San Rafael y otros centros sanitarios. Fue entonces cuando surgió un puesto de trabajo con mejores condiciones en Algeciras y llegó el traslado que cambió su vida. Aquel punto del sur de Europa vivía por entonces un auge artístico sin precedentes, del que Benji se empapó de pleno. «Cada quince días me invitaban a inauguraciones de exposiciones, tertulias, actuaciones, conocía a gente interesantísima», expone.

No obstante, su inclinación hacia la cultura venía de antes. Desde el colegio manifestó una bipolaridad vocacional; por un lado, la Medicina siempre estuvo ahí, pero durante mucho tiempo se empeñó en estudiar Bellas Artes. Su familia ayudó en la decisión final, aunque esa espinita por no haber sido artista siempre estuvo ahí. «En Algeciras descubrí que nunca llegaría ser artista pero que sin embargo podía explotar esa otra faceta mía con el coleccionismo», destaca.

Dicho y hecho, se plantó en una de las primeras ediciones de la feria Arco y allí comenzó su contacto con galeristas de Madrid, Valencia, Barcelona, San Sebastián, etc. Benjamín sostiene que jamás sacó la calculadora para invertir con la idea de generar valor económico en el futuro, sino por puro flechazo y, sin embargo, las paredes de su casa certifican que no le faltó buen ojo, pues muchos de los autores que entonces llamaban «emergentes o noveles» cuelgan de las mejores galerías del mundo.

Las antigüedades y el mobiliario de diseño conviven en esta casa con obras de Curro González, Chema Cobo, Miki Leal, Manolo Quejido, Alfredo Alcaín, Cristina Ataide, Chema Lumbreras, Guillermo Pérez Villalta, Baltasar Torres, Juan del Junco y así hasta una lista que no tiene fin. Fotografía, pintura, escultura y hasta instalaciones se funden con un entorno atrevido y vitalista, en el que queda patente también el gusto de Benji y su esposa por el savoir vivre.Entre vinos y libros se despliega esta peculiar galería forjada por puro amor al arte. Como por amor al arte es la actividad extraordinaria que este médico de cabecera lleva a cabo con sus pacientes del centro médico de Torremolinos. Desde caminatas hasta visitas guiadas a museos, Benjamín receta salud, a base de belleza y disfrute. Quizá ha encontrado en este modo de vivir la forma de unir sus dos grandes pasiones: la medicina y el arte. Su inconformista agenda es un ejercicio de rebelión contra la pasividad y una reivindicación de la felicidad que se autogestiona.

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