Adrián y Daniela, amor malagueño en Nueva York

La Gran Manzana empapela sus calles con la imagen de una pareja en plena pedida. El maratón usa como reclamo promocional una fotografía donde un joven aparece pidiendo matrimonio a su novia tras cruzar la meta

Adrián, pidiendo matrimonio a Daniela tras cruzar juntos la línea de meta del maratón de Nueva York el año pasado./SUR
Adrián, pidiendo matrimonio a Daniela tras cruzar juntos la línea de meta del maratón de Nueva York el año pasado. / SUR
Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Cuando cruzó la línea de meta del maratón de Nueva York el año pasado, el malagueño Adrián Castellano hincó la rodilla derecha en el asfalto. No lo hizo por cansancio, sino para pedir matrimonio a su pareja, Daniela Arráez, que también había recorrido los más de 42 kilómetros que separan Staten Island de Central Park. Varios fotógrafos que cubrían la carrera, uno de los eventos deportivos más multitudinarios del mundo, inmortalizaron el momento. Ahora las calles de la Gran Manzana están empapeladas con las caras de Adrián y Daniela. La organización del maratón ha utilizado la imagen de su pedida como reclamo para promocionar la próxima edición, que se celebra este domingo.

En la instantánea elegida para publicitar la carrera aparece Daniela rompiendo a llorar de emoción mientras Adrián le coloca el anillo. «Te sorprenderá», añade el anuncio, colocado en marquesinas de autobuses, paradas de tren, calles y avenidas. La pareja supo de su inesperada fama transoceánica porque un amigo que vive en Nueva York les envió una fotografía de la publicidad instalada en una boca de metro: «No sabíamos nada, nos ha encantado. Para nosotros es un sueño ser imagen de un maratón tan importante». Y ni ha pasado por sus cabezas la posibilidad de reclamar derechos de ningún tipo: «Supongo que, entre los papeles que firmamos, dimos nuestro consentimiento a ser fotografiados durante la carrera, pero tampoco nos importa. No queremos sacar nada de esto. Será un recuerdo para siempre».

Se inscribieron en el maratón como homenaje al padre de Daniela, que atraviesa problemas de salud y había completado el trayecto 15 años antes. Estuvieron preparándose durante meses, aunque una tendinitis en el ligamento externo de la rodilla frenó los entrenamientos de Adrián, que tras recorrer los 12 primeros kilómetros en Nueva York volvió a sentir molestias. Pero llevaba el anillo en la parte trasera del bolsillo y nunca se planteó la retirada: «Ella tuvo que bajar el ritmo para que acabáramos juntos. Si no llega a ser por eso, yo hubiera abandonado». Ya en la llegada, más de cuatro horas y media después, Adrián convirtió aquellas dificultades físicas en metáfora al pedirle matrimonio. «No importa qué tan difícil se pongan las cosas, que si lo afrontamos juntos llegaremos a la línea de meta», le dijo mientras mostraba el anillo.

Comenzaron a salir hace diez años, poco después de que Daniela aterrizara en Málaga procedente de Venezuela. Se conocieron en la escuela terapéutica de la piscina de la Universidad, donde un pequeño dolor (a ella, de rodilla; a él, de espalda) les unió. «Era la única chica joven de allí y me atreví a hablarle», recuerda Adrián. Ahora viven entre Málaga y Marbella, donde él trabaja en un hotel y ella, como abogada. Se casarán en junio en una hacienda de Cártama, pero no piensan abandonar su pasión por el 'running' y ya piensan en completar los World Marathon Majors, que agrupa las seis carreras más importantes del mundo, de las que han participado en dos: Berlín y Nueva York. «Nos faltan los maratones de Londres, Chicago, Tokio y Boston», enumeran.

La sorpresa casi quedó al descubierto cuando Daniela ordenaba las maletas y cogió el pantalón donde Adrián guardaba la pequeña caja con el anillo que había comprado semanas antes en una tienda de calle Larios: «Pensé que había sospechado algo porque yo, que soy muy tranquilo, me alteré y le dije que no tocara mis cosas». Pero todo acabó saliendo como estaba previsto, mejor incluso. «Nunca imaginé que generaría tanta expectación», relata Adrián, consciente de que su imagen pidiendo matrimonio, difundida por toda la ciudad, provocará un efecto llamada entre las parejas que participen en el maratón este fin de semana: «Ojalá mucha gente se anime. Es una bonita recompensa a 42 kilómetros de sufrimiento y muchos días de nervios». Antes resulta recomendable asegurarse de que responderán: «Sí, quiero». Daniela, por cierto, así lo hizo.

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