El héroe desarmado

Mel Gibson dirige 'Hasta el último hombre', una película sobre un objetor de conciencia que durante la II Guerra Mundial salvó la vida de decenas de soldados

Fotograma de la película 'Hasta el último hombre'./
Fotograma de la película 'Hasta el último hombre'.
BORJA CRESPO

Cuando llegó la orden de retirarse, un hombre se quedó atrás». Así suena la premisa principal de la nueva apuesta de Mel Gibson como director, Hasta el último hombre, un filme que complementa a Braveheart, según venden desde producción, y que ha sido vitoreado por la crítica, a pesar maltrato que suele recibir el conocido actor y cineasta por la prensa más sensacionalista, dadas sus polémicas juergas y declaraciones políticamente incorrectas. Su último proyecto se centra en la historia real de Desmond Doss, un médico militar que participó en la batalla de Okinawa en la II Guerra Mundial y se convirtió en un héroe sin tocar un arma, siendo el primer objetor de conciencia en la historia estadounidense condecorado con la Medalla de Honor del Congreso.

Encarnado por Andrew Garfield, el protagonista, a pesar de mostrar un profundo rechazo a la violencia, decide servir al ejército de los Estados Unidos como médico. Se enfrenta a un juicio militar por negarse a coger un fusil, pero su valentía en el frente japonés le permite ganarse el respeto de su batallón tras salvar a 75 hombres heridos. Desmond Doss arriesgó su vida para auxiliar a sus compañeros, convirtiéndose en un símbolo de heroicidad.

La palabra coraje iba unida irremediablemente a su gesta en Japón, en 1945. La II Guerra Mundial fue escenario de la lucha de un tipo singular, con principios, que decidió servir a su país, repudiando el conflicto bélico. «Era un hombre singular», recalca Gibson. «Muy pocas personas, por no decir nadie, podrían o ni siquiera contemplarían repetir sus acciones. La humildad con la que hablaba de sus actos de valentía dan muestra de su temple. De hecho, Doss siempre se había mostrado reticente a que su historia se llevara al cine, insistiendo en que los héroes de verdad fueron los que lucharon en la guerra».

Voz interior

Al joven Andrew Garfield (Los Ángeles, 1983) le ha tocado la lotería participando como actor principal en Hasta el último hombre. No lució como se esperaba en el reboot de Spider Man, pero ha sabido aprovechar la propuesta de Mel Gibson. «Quise hacerlo en cuanto leí el guion», comenta el artista, visto en títulos como La red social o Nunca me abandones. «No hay mucha gente como Desmond en el mundo, personas que se conocen muy bien a sí mismas y son capaces de escuchar esa vocecita interior y seguir siendo fieles a sus principios a pesar de las circunstancias que los rodean. Trataba al enemigo con el mismo cuidado que a sus compatriotas. Es difícil de comprender, pero quería intentar entenderle y aprender de su forma de ver la vida y el mundo». Garfield, cuyo empeño funciona en pantalla, dedicó tres meses a estudiar la vida y milagros de Doss, fallecido a los 87 años, en 2006.

Real y apasionante

Mientras la cartelera se ve ahogada por estrenos de acción ligados al género superheroico, «ha llegado la hora de celebrar a un héroe de verdad», según palabras del propio Gibson, que no se colocaba detrás de la cámara desde Apocalypto (2006). «Desmond Doss aborrecía la violencia -continúa-. Iba en contra de sus principios y sus convicciones religiosas, pero quería servir a su país como médico durante la guerra. ¿Cómo se adentra una persona en el lugar más terrible de la tierra sin llevar un arma? Me resultó todavía más apasionante por ser una historia real y pensé que podría llevarla al cine con mi lenguaje visual». Querer salvar vidas en vez de quitarlas es la filosofía defendida por el protagonista, cuestión abierta a la polémica.

Gibson ha querido que los personajes retuvieran su humanidad incluso en los momentos de máxima tensión e intensidad. «Lo importante era transmitir que estos hombres están en el infierno», afirma rotundo. Teresa Palmer, Sam Worthington, Hugo Weaving, Rachel Griffiths y Luke Bracey completan el reparto de una película cruda que nos devuelve a uno de los artistas hollywoodenses más interesantes y discutibles del momento. El resultado casa perfectamente con una filmografía coherente, obsesionada con la figura del héroe que defiende sus principios contra viento y marea, jugándose el pellejo. Mel Gibson en estado puro.

 

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