Carlos Álvarez estrena rol en Tokio

Carlos Álvarez, rodeado de cantantes japonesas en el ensayo de la ópera. /New National Theatre, Tokyo
Carlos Álvarez, rodeado de cantantes japonesas en el ensayo de la ópera. / New National Theatre, Tokyo

El barítono malagueño debuta como 'Gianni Schicchi' en el principal teatro de Japón. En su 30 aniversario en las tablas, vive una «segunda juventud» con nuevos retos interpretativos

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Por los pasillos del teatro le llaman Álvarez-san, el señor Álvarez en la cortesía japonesa. En esta producción se hace notar por cuestiones que van más allá de sus indudables cualidades vocales. Su poblada barba le aporta un toque exótico en un escenario en el que es el único que no tiene los ojos rasgados. Carlos Álvarez estrena 'Gianni Schicchi' en el New National Theatre de Tokio este domingo, 7 de abril. Hacía 17 años que no pisaba estas tablas (lo hizo con 'Macbeth') y ahora regresa más maduro, con más experiencia, pero con espíritu de debutante. El barítono malagueño incorpora un nuevo papel de 'malo' a su currículum con Gianni Schicchi. A quienes ya le han visto y escuchado en los ensayos, les cuesta creer que esta sea su primera vez como el protagonista de la ópera cómica de Puccini.

«Cuando se cumplen 30 años de carrera, tengo la sensación de estar siempre empezando, porque las ganas son las mismas», asegura el barítono al otro lado del teléfono, cuando acaba el día en Tokio y prácticamente comienza en Málaga. Carlos Álvarez vive «una segunda juventud»; se siente bien, «en forma» física y vocalmente, y con la adrenalina que liberan los nuevos retos. «Tengo la obligación de mantener la inquietud intelectual. Si te apalancas en sota, caballo y rey, el mundo de la ópera te deja atrás», sentencia.

Acaba de finalizar la prueba con la orquesta y toca descansar hasta la jornada siguiente. Sin interrupciones, ni siquiera en fin de semana. «Es normal. ¡Ya sabes los que significa hacer huelga a la japonesa!», bromea el malagueño. Solo tendrá libre el día antes del estreno. «Esto es Japón», añade. Trabajan «con un rigor enorme», tanto que en la pizarra de la sala donde ensayan se indica que la pausa finaliza a las «17.32» horas, ni un minuto antes ni un minuto después. Un orden «absolutamente necesario» en un país con más de trece millones de habitantes. «Están educados en eso». En la puntualidad y en la cuidada atención al invitado. «Me tienen en palmitas», reconoce Álvarez-san.

«Tengo la obligación de mantener la inquietud intelectual. Si te apalancas en sota, caballo y rey, el mundo de la ópera te deja atrás» carlos álvarez

Tras más de dos semanas en Japón, un país que ha pisado ya seis veces en los últimos 25 años, Álvarez está totalmente acoplado a la vida tokiota. La compañía de su mujer Valle le ayuda a dar un toque de normalidad y cotidianidad a esta inmersión temporal en otra cultura. «Aquí la vida está dispuesta alrededor del trabajo y cuando no, hay tiempo para visitar algunas partes de la ciudad y para seguir estudiando las cosas nuevas que tengo antes de que termine la temporada», explica.

Sus últimos esfuerzos han estado centrados en meterse en la piel de Gianni Schicchi, un tipo de 50 años conocedor de todas las triquiñuelas legales para salirse con la suya. «Tiene la posibilidad de leer muy bien la circunstancia que le rodea» y sacar partido de ella, analiza.

Dante incluía su nombre en la 'Divina comedia' como uno de los personajes del infierno. Puccini le da cuerpo inspirándose en un comentario anónimo del XIX que se refería a Schicchi como un personaje real de la Florencia del XIII con la habilidad de suplantar a otras personas. Por eso en esta obra, se hará pasar por un muerto para cambiar un testamento. Por supuesto, a su favor.

Doble voz

El papel exige gran «madurez interpretativa» porque, igual que su personaje se desdobla, su voz también lo hace: «Unas veces tengo que utilizar la mía normal y después fingir la del fallecido», explica. Lo confiesa: «Me estoy divirtiendo mucho». Además, el New National Theatre (el principal centro nacional de artes escénicas de Japón) apuesta por una escenografía singular: la reproducción gigante del escritorio del fallecido Buoso Donati, con lápices, estilográficas y papeles de gran tamaño. La misma cama donde el suplantador dicta el nuevo testamento es un ejemplar de la 'Divina comedia' de Dante de enormes dimensiones. «Tiene también el ingenio de trasladar la atmósfera del inicio del siglo XIV a los años 50 del siglo XX. Se entiende muy bien», asegura.

Ryusuke Numajiri dirige la orquesta y Jun Aguni está al frente de la escena en una producción doble que une dos óperas ambientadas en Florencia: 'Gianni Schicchi' de Puccini y 'Una tragedia florentina' de Zemlinsky. Explican desde el New National Theatre que es una apuesta de su nuevo director artístico Kazushi Ono. Serán cuatro funciones hasta el 17 de abril para un aforo de 1.800 personas. «Y con muy buena acústica», apostilla el malagueño.

Después, le espera un compromiso profesional y sobre todo personal adquirido hace más de dos años. El barítono volverá a pisar el Cervantes con una ópera escenificada doce años después de 'Andrea Chénier'. Le trae 'Otello' el 1, 3 y 5 de mayo. «En cuanto llegue a España me incorporo a los ensayos. Tengo muchas ganas», declara. Y el público malagueño, también.