Las muñecas encuentran casa en Benalmádena

La coleccionista Voria Harras, junto a una casa que recrea el Palacio de los Carranza de Cádiz./Tenllado
La coleccionista Voria Harras, junto a una casa que recrea el Palacio de los Carranza de Cádiz. / Tenllado

La colección de Voria Harras, con juguetes y miniaturas desde la época medieval hasta la actualidad, ve la luz cinco años después del cierre de su museo

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

No conserva su casa de muñecas, la regaló a otra niña cuando aún era una cría. Y, sin embargo, con el tiempo ella se convertiría en la guardesa de la que tenía su vecina de enfrente, de aquella con la que jugaban los niños de la aristocracia andaluza, de esa otra que sirvió de modelo para la mansión del Paseo de Sancha… Así hasta medio centenar de casas que datan del siglo XIX hasta la actualidad y que Voria Harras ha cuidado y restaurado con mimo. Hace cinco años que cerró su museo de calle Álamos, en el centro de Málaga, y desde entonces no se encendían las lámparas art decó que decoran algunos salones ni se abrían los visillos de las ventanas. Hasta hoy. Las muñecas vuelven a casa en una nueva ubicación: el Centro de Exposiciones de Benalmádena.

El centro cultural acogerá durante seis meses, hasta el 14 de diciembre, parte de la extensa colección de Voria Harras. A lo largo de sus tres plantas se reparten desde miniaturas de casas decimonónicas hasta juguetes de principios de siglo, pasando por auténtico mobiliario de muestra de época medieval. Porque siglos atrás no existían los catálogos ni las reproducciones en serie y la única manera de que un ebanista o un constructor enseñara su trabajo al posible cliente era fabricando piezas a escala que después regalaba. Ese es el origen de las casas de muñecas. Y por eso está la casa de la Buganvilla, que aún hoy se conserva en Monte de Sancha, en la primera planta de esta muestra.

La Casa Tudor, decorada en su interior al estilo inglés de principios del siglo XX.
La Casa Tudor, decorada en su interior al estilo inglés de principios del siglo XX. / Tenllado

«No se hacían para que jugaran los niños. El arquitecto las empleaba como modelo y después se quedaban expuestas en el hall o en el salón de la villa», cuenta Harras. La iban decorando con la reproducción de los muebles del dormitorio que había hecho el ebanista, colocaban sobre la mesa del comedor las miniaturas de la cubertería que había diseñado el orfebre y así, poco a poco, el modelo se convertía en una réplica exacta de la real en tamaño mini. Cuenta la coleccionista que era la forma que tenían las familias de bien de «enseñar a sus visitas su casa sin enseñarla».

En detalle

La exposición
Casas de muñecas. Maquetas, juguetes y miniaturas.
Lugar
Centro de exposiciones de Benalmádena (Avenida Antonio Machado, 33).
Fecha
Hasta el 14 de diciembre.
Horario
Martes a sábado: 10.00 a 13.30 horas / 17.00 a 19.00 horas. Tardes de julio y agosto: 18.30 a 21.00 horas. Domingos y festivos: 11.00 a 13.30 horas. Lunes cerrado.
Entrada
Gratuita

El Palacio de los Carranza en Cádiz (con una vajilla Limoge en miniatura), una casa señorial jienense con todas las paredes empapeladas, una típica casa malagueña con su cuarto de verano en la planta baja (donde se cosía, se jugaba, se pintaba) y balcones de panza ya casi desaparecidos; el palacio cordobés Villa Dolores con un cenador en la terraza... Su visión en conjunto permite varias lecturas, desde la arquitectónica hasta la que refleja los modos y costumbres de la época. Ninguna de esas casas tiene agua en el baño, algunas ni tienen baño (cada cuarto cuenta con un orinal y un jarrón de lavabo), en otras hay más personal de servicio que habitantes y varias cuentan con oratorio. Cada adelanto que se incorporaba al hogar, se añadía a la casita, como la radio en la salita.

Arriba, reproducción de la Buganvilla, casa que aún se conserva en Monte Sancha. Abajo, cocinitas, cochecitos y muñecas; así como el nterior de una de las casas. / Tenllado

Con el tiempo y el cambio en la forma de vida, las maquetas dejan de estar de moda y de la sala noble de la vivienda se trasladan al cuarto de juegos de los niños. Allí se mezclan con muñecasLenci –con cien años ya de antiguedad–, con los caballitos, los carritos, las cocinitas, los trenes... Y todo eso también está aquí. La llegada del siglo XXmarca el cambio con casas ya diseñadas para jugar, pero fieles al estilo de vida del momento. De ese principios de siglo es la espectacular Casa Tudor que preside la segunda planta, una vivienda típica inglesa a la que no le falta detalle.

El art decó se va apropiando de la decoración y, casa a casa, se aprecia cómo evoluciona la sociedad: aparece el teléfono, el agua corriente llega al baño, se incorporan garajes, se ven lavadoras... Cada casa cuenta además la historia de su propietaria. Como la de las hermanas Cortinas, que quemaron la estructura para calentarse en la guerra pero conservaron todo el interior. O la de Carmen Marcos, que la recibió como regalo de Reyes de su infancia y donde conviven el salón de sus abuelos del XIX con diseños inspirados en la escuela Bauhaus.

Conforme avanzan las décadas las casas se 'levantan' en vitrinas o librerías recicladas y la madera deja paso al plástico, el material de los nuevos tiempos. La colección de Voria Harras invita a viajar en el tiempo con piezas que atrapan a los pequeños pero que realmente entienden los adultos. «El error es pensar que esto es solo cosa de niños», apostilla. Quien lo ve descubre que no lo es.

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