Llanto por Antonio Garrido Moraga

Llanto por Antonio Garrido Moraga
JOSÉ MANUEL CABRA DE LUNAPresidente de la Academia de Bellas Artes de San Telmo

Eran las cinco en punto de la tarde; es decir, las siete, que con los calores y los cambios de horario el reloj anda un poco dislocado. Estábamos en la plaza de toros de La Malagueta, asistiendo a un espectáculo maravilloso y polémico. Un intento difícil de recuperar la raíz primigenia del toreo, el ballet capaz de dominar a la fiera noble y bella del toro de lidia. Estábamos en La Malagueta, pero bien podríamos haber estado en algún lugar del palacio de Knosos, fundando el Mediterráneo, que todavía vive aún entre nosotros.

Era una tarde del pasado mes de agosto. Estrella Morente cantaba unos versos de San Juan de la Cruz y me preguntaba qué estaba ocurriendo en que dos visiones del mundo, aparentemente tan distantes, se habían conjugado para producir aquel milagro. La voz femenina sonaba en la plaza con una fuerza inusitada y, mientras el capote se aquietaba en el aire envolviendo al toro, nos decía las palabras del santo: «Tras un amoroso lance,/ y no de esperanza falto,/ volé tan alto, tan alto,/ que le di a la caza alcance»…

De pronto, Antonio comenzó a decir, muy quedamente, los versos de San Juan, adelantándose unos segundos a la voz de aquella mujer potente y desgarrada. Primero estaba la palabra de Antonio y luego la de Estrella, como en dueto que proviniera del centro de la arena. Así era Antonio.

Porque él sabía de donde venían las palabras, por qué oscuras barrancas del acontecer humano se habían ido formando o dando incesantes vueltas por el río de la vida, como cantos rodados que nunca acaban de descansar en la orilla. Antonio hizo de todo, sabía de todo y amaba todo. Su afán de conocimiento y de transmitirlo no tenía fin. Entroncó con el saber mas hondamente popular y, al tiempo, fue un muy riguroso hombre de estudio.

No es esta una evocación de urgencia, es un recuerdo intenso desde el cariño y la admiración, desde el sentimiento más profundo y desde el conocimiento de que ya sólo será materia de nuestro sueño, porque él, ya está en el no lugar que nos espera a todos y es que, como escribiera el frailecillo carmelita, ya habrá podido decir que «Por una extraña manera/ mil vuelos pasé de un vuelo,/ porque esperanza de cielo/ tanto alcanza cuanto espera;/ esperé solo este lance/ y en esperar no fui falto,/ pues fui tan alto, tan alto,/ que le día a la caza alcance».

Descansa en paz, querido Antonio.

 

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