Para entender al hombre murciélago

Para entender al hombre murciélago

Una investigación universitaria gestada en Málaga sigue el hilo de las primeras traducciones en castellano de Batman

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Hubo un tiempo que correspondió a una buena parte del siglo XX en el que las historietas y las viñetas cómicas protagonizaron un fenómeno tan vibrante como pueden suponer hoy los productos derivados del cine o de la televisión. Como una hermana pequeña de la literatura o una prima del arte cinematográfico, el cómic generó de entretenimiento para enormes bloques sociales de países que deambulaban entre guerras, niños burgueses pero también adultos de muchos ámbitos sociales, pero mayor incidencia en las clases populares. En España había TBO, en EE.UU. estaba la factoría de los DC Cómics y en México, los Paquito. En las profundidades de la industria, la rapidez entre tiradas provocó que se realizaran adaptaciones rudimentarias que tiraban hacia lo cutre y lo clandestino, con prisas para satisfacer la ansiosa demanda que pedía que le contaran algo. Aquí empiezan las primeras traducciones de los superhéroes al español, una historia llena de matices de la que no se ha tenido jamás constancia. Una historia que ni los mexicanos conocen.

La investigación

Desde Málaga, como una versión de Batman y Robin emergida en la calle Beatas, la traductora y profesora universitaria María López Villalba unió sus fuerzas a las del artesano Richard Murry para emprender la fascinante búsqueda de las primeras traducciones en castellano de nuestro héroe murciélago; el único superhéroe que no necesita poderes para ser lo que es. Lo primero que hicieron fue confirmar su sospecha. El primer Batman en español fue editado en México. Después, comprobaron que ante la falta de información a distancia (no hay nada de esto internet y apenas hay contenidos bibliográficos al respecto), la única solución posible para continuar con el rastreo pasaba por un trabajo de campo, de detectives. Había que bajar al barro. Así, gracias a unos pocos ahorros y con la ayuda de una pequeña beca de investigación de la Universidad de Málaga, que todo lo que le rodea lo tiene precario, emprendieron un viaje al México más urbano, como en una búsqueda del tesoro. Las primeras aproximaciones a las bibliotecas y a los grandes archivos sirvieron de poco: no es que no haya nada de esto en internet, es que no hay nada de esto en ninguna parte. Atravesaron el DF, visitaron recónditas tiendas de cómics de segunda mano e interrogaron a los coleccionistas y a vendedores de mercadillo hasta la culminación, uno de los últimos momentos de su viaje, con unos hallazgos que permitieron localizar el glorioso espécimen: las páginas que formaron parte de la primera vez que se pudo leer a Batman en lengua hispana.

Bruno Díaz

El justiciero Batman apareció por primera vez en la historia en mayo de 1939, pocos meses antes de la II Guerra Mundial, en el número 27 de Detective Comics con «El caso del sindicato químico». El 27 de febrero de 1940 ya estaba el Murciélago impreso en colores sepia en los Paquito de México, un país que por aquel entonces tenía 25 millones de habitantes (hoy solo en Ciudad de México habitan cerca de 20) y con un 70% de analfabetismo. Allí las historietas se utilizaban para enseñar a leer, y lo primero que llega de Batman fue la segunda parte de un episodio. Del mismo modo que Mickey Mouse era el ratón Miguelito, allí Bruce Wayne era Bruno Díaz, Robin Ricardo Tapia, Joker 'el Guasón' y Catwoman, 'Gatúbela'. Los 'paquitos', herederos del 'Famous Funnies', eran versiones mediocres pero imaginativas y con tiradas muy potentes de historietas americanas, a veces recortes de tiras de prensa y donde después empezarían a incorporarse, casi como de relleno, los dibujantes mexicanos. Todo tenía un tremendo aroma 'pulp'. Por primera vez y a modo de primer contacto, el fruto visual de esta investigación de María y Richard ha estado expuesto durante un par de semanas en La Polivalente, un espacio múltiple del movedizo barrio de Lagunillas, pero las oportunidades de dispersión de este hallazgo inédito deben ampliarse cada vez más para que puedan compartir la reconfortante sensación de descubrir algo nuevo.

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