Torremolinos celebra 27 años del «¡Ya somos catetos!»

El municipio consiguió la autonomía el 27 de septiembre de 1988 tras un largo proceso vecinal y político

Muchos vecinos salieron a la calle a celebrarlo. /
Muchos vecinos salieron a la calle a celebrarlo.
ALBERTO GÓMEZ

Un día como hoy, hace 27 años, una caravana de coches colapsó el centro de Torremolinos. Sus ocupantes lanzaban confeti y serpentina al grito de «¡Ya somos pueblo!, ¡ya somos catetos!». La antigua barriada acababa de ser reconocida municipio por la Junta de Andalucía y había obtenido la segregación de Málaga capital 64 años después de su anexión. SUR recogió la noticia en su edición del 28 de septiembre de 1988: «Después de recorrer las calles del ya municipio malagueño, los miembros de la Junta Pro Autonomía colocaron en las proximidades del Campamento Benítez un cartel anunciador del comienzo del término municipal».

La segregación puso fin a años de convulsión política. El por entonces alcalde de la capital, Pedro Aparicio, llevaba un lustro sin hablar de manera institucional con los representantes de la Junta Pro Autonomía, presidida por Pedro Fernández Montes. «Las relaciones no han sido nada cordiales», reconocían. La junta segregacionista, en cumplimiento con sus estatutos, se disolvió cuando las competencias fueron transferidas a la nueva corporación. Tocaba celebrar la independencia y disfrutar de la Feria de San Miguel, inaugurada por última vez por el regidor de Málaga, pero también determinar las lindes, proceso que encontró su mayor escollo en el Cortijo de Mazas.

SUR se hizo eco de varias reacciones, entre ellas la de un albañil que terminó por sumarse a la caravana festiva: «Es maravilloso sentirse cateto, es fenomenal que Torremolinos sea pueblo». El artículo primero del decreto aprobado por el consejo de gobierno de la Junta de Andalucía establece la segregación de Málaga «para su constitución en un municipio nuevo e independiente, que se denominará Torremolinos y que tendrá su capitalidad en el núcleo de población de igual denominación».

Torremolinos se convirtió en el municipio número cien de la provincia. Conjuntamente a la división territorial se practicó la separación de los bienes, derechos y acciones, así como de las deudas y cargas entre ambos municipios. El Ayuntamiento de Málaga prestó servicios hasta que llegó a un acuerdo con la gestora. A ese período corresponde la deuda que Torremolinos mantiene con la capital, que asciende a más de 17 millones de euros. El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ratificó la condena, que responde a los servicios prestados en concepto de limpieza, recogida de basura y uso del vertedero hasta 1990. La deuda inicial era de 9,8 millones de euros, pero el litigio dilatado por Fernández Montes, que mantiene que la sentencia «no es justa», provocó que los intereses legales casi duplicaran esa cantidad. El actual alcalde, José Ortiz, ha llegado esta semana a un acuerdo con su homólogo malagueño, Francisco de la Torre, para reestructurar el pago.

El socialista Miguel Escalona fue elegido presidente de la comisión gestora de Torremolinos, el órgano que gobernó el municipio tras la segregación y hasta 1991, al obtener los votos de todos los partidos representados salvo Alianza Popular. Ramón del Cid, su principal rival político y actual líder del PP casi tres décadas después, logró ocho votos frente a los trece de Escalona, que se convirtió en el primer alcalde de Torremolinos. Las principales autoridades del Ayuntamiento de Málaga declinaron la invitación para asistir al pleno extraordinario, evidenciando así la brecha abierta años antes.

Torremolinos ya había sido independiente hasta 1924. El proceso segregacionista reconquistaba la autonomía más de seis décadas después, pero no fue un camino fácil. Miles de torremolinenses se manifestaron en Sevilla para reclamar la agilización de los trámites. Cuando la Junta comunicó su decisión, Aparicio se mostró muy crítico al considerar que la independencia suponía «un grave error cuya inutilidad sólo podrán juzgar suficientemente los malagueños y torremolinenses del año 2000». Meses antes, los vecinos de la antigua barriada secundaron una huelga general para denunciar que la capital había «secuestrado el expediente durante varios años» para obstaculizar el proceso.

Fernández Montes, figura fundamental en el proceso autonómico, accedió a la Alcaldía en 1995, tras el mandato de Escalona. Su gobierno se prolongó durante dos décadas a base de mayorías absolutas hasta el 13 de junio de este año, cuando perdió el bastón de mando tras un polémico pleno de investidura que se desarrolló entre abucheos y amenazas de desalojo del salón consistorial. Ortiz fue investido tercer alcalde del municipio desde su segregación en 1988.

 

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