Juan Toro, amigo del buceador desaparecido: «Ninguno estamos preparados para una fatalidad así»

Juan Toro, de 48 años, con dos meros en aguas gaditanas el pasado año. /Facebook
Juan Toro, de 48 años, con dos meros en aguas gaditanas el pasado año. / Facebook

El buceador veleño estaba junto al joven Fidel Jiménez cuando desapareció en aguas de Barbate y colabora en el operativo de búsqueda

Eugenio Cabezas
EUGENIO CABEZAS

Juan Toro lleva cuatro días casi sin dormir. El pasado domingo se encontraba buceando junto al joven veleño Fidel Jiménez Marín, de 23 años, en aguas del banco de Trafalgar, frente a las costas de Barbate, cuando desapareció, engullido por la corriente, tras sufrir un desvanecimiento. «Fue como una película, aunque llevo más de veinte años haciendo pesca submarina, y ya he tenido, por desgracia, otros casos así, no te haces a la idea», declarado a SUR este miércoles al término de la cuarta jornada de búsqueda del cuerpo del chaval.

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«Estaba a apenas 20 ó 30 metros de distancia de él, pero al otro lado de la embarcación, entonces vi que el otro chaval que iba con nosotros, Alejandro Carrillo, que también es de Vélez-Málaga, arrancó el barco un momento y se lanzó al agua. Ya en ese momento me imaginé que algo había pasado», ha relatado este experto submarinista de 48 años, que regenta un gimnasio en la capital de la Axarquía. «La pesca submarina es maravillosa, pero lógicamente conlleva muchos riesgos», ha expresado visiblemente afectado por haber perdido «a un amigo».

«Fidel es un chaval increíble, un gran apasionado a la pesca submarina, y no era la primera vez que buceábamos juntos en esa misma zona», ha confesadoToro, quien no se atreve a elucubrar sobre lo que le pudo pasar al mediodía del pasado domingo, cuando buceaban a unas cinco millas (ocho kilómetros) de distancia de la orilla, en una zona en la que la profundidad oscila entre los 18 y los 21 metros. «No es la zona en la que suelo bucear, yo tengo más experiencia y hago inmersiones de hasta 38 y 40 metros, pero me llamaron y me pidieron que los acompañara», ha apuntado el veleño.

Lo único que tiene claro este experimentado submarinista, tanto de apnea como con bombonas de oxígeno, es que el joven veleño debió sufrir un síncope, es decir, una pérdida pasajera del conocimiento que va acompañada de una paralización momentánea de los movimientos del corazón y de la respiración y que es debida a una falta de irrigación sanguínea en el cerebro. «Yo mismo sufrí uno hace unos años, pero por fortuna me pudieron socorrer. En este caso, hemos tenido la fatalidad de que no lo pudimos alcanzar a tiempo, de manera que al haber tragado agua, el cuerpo se hundió rápidamente», ha expresado.

«Cuando reaccioné, rápidamente llamamos a emergencias y se puso en marcha el dispositivo. Llevamos cuatro días sin parar de buscarlo, en un radio que se ha ido ampliando», ha comentado el buceador veleño, que está «sufriendo mucho» por los familiares de su joven paisano. «Ninguno estamos preparados para una fatalidad así», ha manifestado Toro, quien ha querido agradecer el «gran trabajo» que está desarrollando el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (GEAS), además de varios submarinistas amigos suyos como los malagueños Sergio Castillo y Luis Alcántara y el gaditano Ricardo Cornejo.

En un principio, el dispositivo especial de búsqueda se va a mantener activo hasta este jueves con los medios submarinos. A partir de mañana, «se supone que el cuerpo tendría que salir a flote, por el efecto del paso de los días», ha apuntado Juan Toro, quien ha dicho que van a hacer «todo lo posible» por devolver a sus padres los restos mortales del joven veleño. Este miércoles, helicópteros de Salvamento Marítimo y de la Guardia Civil estuvieron peinando la zona, sin resultados.

El joven Fidel Jiménez, de 23 años, llevaba viviendo en la pedanía barbateña de Zahora desde hacía apenas un mes, donde trabajaba en una pizzería por las tardes. Se había desplazado hasta allí para poder seguir practicando «su gran pasión», la pesca submarina. A finales del pasado año estuvo viviendo seis meses en la localidad británica de Bristol, aprendiendo el idioma. Sin embargo, según han explicado sus padres, Montserrat Marín y Fidel Jiménez, no se adaptó del todo a la vida allí y el pasado mes de mayo volvió a Vélez-Málaga. «La pesca submarina era su gran pasión, llevaba practicándola desde que tenía apenas diez años», apuntaron.

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