Un campamento con nombre de héroe

ÁNGEL ESCALERA
Acto castrense. Las tropas desfilan con marcialidad por el patio de armas del Benítez. ::
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Acto castrense. Las tropas desfilan con marcialidad por el patio de armas del Benítez. :: SUR

El futuro del antiguo campamento Benítez es incierto. El Ministerio de Fomento y el Ayuntamiento de Málaga siguen sin ponerse de acuerdo sobre qué hacer con esos terrenos. Las espadas están en todo lo alto sin que los contendientes acerquen las posturas. Desde que el Ministerio de Defensa decidió la clausura del Benítez, en 1995, muy poco se ha avanzado para dar un nuevo uso a las 28 hectáreas del que fue recinto militar.

La guerra que España mantenía en el Rif (Marruecos) está detrás de la necesidad de crear un campamento en Málaga. El proyecto contemplaba que ese acuartelamiento acogiese a tropas de reserva del Ejército de África. El Ayuntamiento fue uno de los impulsores de la iniciativa. Así, en un pleno celebrado en julio de 1924 se aprobó comprar a Guillermo Heredia la viña del cortijo de Velarde. Los terrenos fueron cedidos al Ministerio de la Guerra. Se hizo la salvedad de que si dejaba de tener uso militar, ese espacio volviese a ser de la ciudad. No obstante, en 1925, el Ayuntamiento, a petición del ministerio, acordó que la cesión fuese en pleno dominio y sin causa de reversión alguna.

El campamento fue inaugurado en octubre de 1928. Las primeras tropas que albergó fueron las del Batallón de Cazadores número 5, que llegaron a Málaga procedentes de Ceuta. En esos momentos, el cuartel sólo tenía capacidad para 200 hombres. Las dependencias se fueron ampliando progresivamente hasta llegar, en sus años de mayor apogeo, a contar con una dotación de unos 1.400 militares.

El acuartelamiento fue bautizado con el nombre un comandante malagueño muerto heroicamente el 20 julio de 1921 en la posición de Igueriben (desastre de Annual). Era Julio Benítez y Benítez, nacido el 17 de agosto de 1878 en El Burgo, localidad de la Serranía de Ronda.

Decenas de miles de soldados realizaron su servicio militar obligatorio en el Benítez. En él, un elevado número de malagueños cumplieron su etapa castrense como voluntarios, lo que les permitía hacer la mili en Málaga.

De todos los regimientos habidos en el campamento, el Aragón 17 fue el que permaneció más tiempo y alcanzó mayor solera. Se mantuvo en Málaga hasta 1978, en que se marchó a Almería a formar parte de la Brigada de Infantería de Reserva. Anteriormente, estuvo el Regimiento Victoria 8.

El Aragón 17, mandado por un coronel, contó con hasta 1.400 hombres, repartidos en dos batallones, integrados cada uno por tres compañías de fusileros y una de armas de apoyo, a las que hay que sumar otra llamada plana mayor administrativa, recuerda el militar e historiador Esteban Alcántara, que pasó parte de su vida profesional en el Benítez, al que define como «un señor campamento», que en su periodo más glorioso tuvo capacidad para diez compañías y contó con cocina, mantenimiento, edificio de Mayoría, polvorín, dos piscinas y residencia para mandos.

Regimiento Melilla 52

En 1966 se trasladó al acuartelamiento la plana mayor del Regimiento Melilla 52, que es heredero del Regimiento Fijo de Málaga. El Melilla 52 al completo se instaló en el Benítez en 1978, donde permaneció hasta 1985, en que regresó a Melilla, ciudad en la que sigue dentro del cuerpo de Regulares.

También sentaron plaza en el Benítez la plana mayor reducida del Regimiento Ceuta 54, la Compañía de Operaciones Especiales (COE 92) y el Mando de La Legión (MALEG). Las fuerzas legionarias fueron las últimas que estuvieron en el campamento, que se cerró en abril de 1995. El citado Esteban Alcántara (en ese momento era subteniente) fue el encargado de arriar por última vez la bandera del Benítez, junto a Cristóbal García Sánchez, un soldado de la Agrupación Mixta de Cañones Contracarros, que hizo el servicio militar en el campamento malagueño en 1948.