Consorcio para lo que no existe

En Málaga no hay una afición a la música que justifique la necesidad urgente del Auditorio

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Al alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, le apeteció ayer volver a echarnos a la cara de la actualidad el proyecto del Auditorio de Málaga, cuyo enterramiento temporal motivado por la crisis económica y la falta de ganas se materializó con la definitiva disolución de su famoso Consorcio para lo que no existe y con el abandono por parte de la Junta y del Gobierno central. Con la vaga intención de resucitarlo, o al menos de que su sepelio no caiga en el abandono, la fundación municipal Ciedes montó ayer una solemne jornada, algo demasiado parecido a una inexacta misa funeral dedicada al Auditorio de Málaga en la que se dieron cita varios expertos para comulgar con la idea y «analizar los efectos que una infraestructura de estas características provoca en la ciudad y su espacio metropolitano». Muy bien, pero es que ahí no está la incógnita. Nadie duda de que un gran escenario musical público puede valorarse como positivo sobre el papel para cualquier ciudad pero, ¿de verdad es lo que necesita Málaga en estos momentos?

Aunque esa pregunta tiene difícil respuesta y pese a que además ni siquiera tenemos dinero ni apoyos para construir el Auditorio, el alcalde abundó en la triste comparación con Sevilla que todavía nos persigue y aludió incluso a la Constitución española para justificar este proyecto. La construcción de este enorme coliseo requiere una inversión pública que en origen era de 100 a 115 millones de euros y que ahora el alcalde rebaja a «80 o 90 millones», no sabemos si aparte o sumados a los más de cinco millones que ya ha costado el proyecto que no solo se han gastado en 'aterrizar la idea' y en mera burocracia. En todos estos años jamás se ha hablado demasiado de la programación que albergaría ni de si existe en Málaga la carencia de una infraestructura de esta envergadura. Lo que sucede en realidad es que están pidiendo un Auditorio para presumir de otro edificio en las postales de nuestra ciudad.

En Málaga no hay una afición a la música que justifique la necesidad urgente de este auditorio, que tendría además una capacidad máxima de dos mil de personas. Ya cuesta mucho trabajo llenar los espacios públicos que tenemos disponibles. Ahí tenemos que decir además que el proyecto de Peñalosa para el Echegaray sigue sin terminarse y que, aunque por fortuna para todos cada vez es más habitual que haya conciertos de clásica en el Cervantes con todas las entradas vendidas, hasta que en esta ciudad no haya tortas para conseguir entradas para un recital de la Filarmónica la pretensión de convertir la carencia de un auditorio como una enorme prioridad es insostenible. Por eso esta repentina y sorprendente jornada sobre el Auditorio de Málaga ha sido otra soberana pérdida de tiempo que de nuevo hemos pagado entre todos mientras los problemas reales de la ciudad acosan nuestra existencia.

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