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Supervivientes atienden a la prensa tras el rescate. En la parte izquierda, la portada de SUR que recogía la noticia. / SUR

Seis días de terror en la Cueva del Gato

  • Se cumplen 40 años de la trágica expedición de unos espeleólogos que mantuvo en vilo a toda España y que acabó en tragedia

  • Recuperan un documental inédito con los testimonios de los supervivientes que se proyecta hoy en Benaoján

“¡Vivos!, ¡están vivos!”. Así comenzaba la crónica en SUR que todo el mundo esperaba leer aquel domingo 12 de diciembre de 1976. A última hora del sábado, los equipos de rescate y familiares de los cinco espeleólogos atrapados en la Cueva del Gato se abrazaban por la alegría de la buena nueva que corría por la vía del tren hasta la cercana Benaoján y de ahí a toda España. Pero la noticia estaba incompleta. Desde el 6 diciembre que se dio la voz de alarma, la prensa siguió in situ y al momento la difícil búsqueda y salvamento de los expedicionarios durante seis días de terror que, pese al esperanzador primer dato, no tardó en convertirse en un “drama” y un “infierno”, como tituló la prensa. Uno de los integrantes del grupo alicantino atrapado, José Manuel Vera, había fallecido arrastrado por las aguas que corrían por el interior de la cueva a causa de las recientes lluvias y cuyo nivel y fuerza habían impedido casi una semana el rescate a los supervivientes. Al cumplirse cuarenta años de la tragedia, Benaoján revivirá hoy aquel episodio con la proyección de un documental inédito, ‘1976. Infierno en Hundidero-Gato’ (1977), que rodaron los propios compañeros de los espeleólogos atrapados.

Los espeleólogos, en el agua antes del accidente

Los espeleólogos, en el agua antes del accidente / SUR

La recuperación de este documental de 50 minutos es un documento de primera mano ya que incluye imágenes rodadas durante los largos días de intento de rescate y los testimonios de los cuatro supervivientes, Manuel Dionisio, Eloy Parra, Juan Antonio Zaragoza y Amancio Ballester que, junto a Vera, se disponían a realizar un reportaje fotográfico del interior de la Cueva del Gato. “Es una película sorprendente porque, pese a que fue rodada y montada en super-8 por unos aficionados, no sólo cuenta con fotogramas de gran valor documental de aquel momento, sino que además está narrada con intriga y emoción”, señala el director José Luis Matoso, con quien se puso en contacto uno de los supervivientes, Ballester, para comunicarle la existencia de este documental que hoy se estrena.

Los cuatro espeleólogos que salieron con vida de la cueva van narrando en ‘1976. Infierno en Hundidero-Gato’ como, una vez dentro de la cueva del Gato y tras avanzar casi un kilómetro, se encontraron con un problema que no esperaban: el alto nivel del agua y las fuertes corrientes en la laberíntica cueva. “Hay que tener en cuenta que entonces no tenían trajes de neopreno y que entraron con una barca que el agua destrozó”, avanza Matoso, que desde hace unos años promueve un proyecto de recuperación de la Cueva del Gato que ha propiciado hallazgos como el de esta película inédita.

Uno de los expedicionarios, en el interior de la cueva del Gato.

Uno de los expedicionarios, en el interior de la cueva del Gato.

La pérdida de la embarcación obligó a los espeleólogos a avanzar unidos por cuerdas. José Manuel Vera era el que iba abriendo camino entre las aguas y sorteando los sumideros y rápidos que los intentaban arrastrar. Precisamente, uno de ellos acabó atrapando al explorador que iba en cabeza y succionándolo hacia el fondo. Sus amigos intentaron sacar a Vera con todas sus fuerzas, pero las cuerdas quedaron atrapadas entre las rocas y fue imposible sacarlo. Aquello ocurrió el primer día. Y todavía quedaba una eternidad hasta que el resto de espeleólogos fueron rescatados.

Dionisio, Zaragoza, Ballester y Parra cuentan toda esa odisea en primera persona en el documental y revelan que intentaron avanzar tras el fallecimiento de su compañero. Pero no tardaron en darse cuenta de que en el agua les esperaba el mismo final, después de que ellos mismos también fueran arrastrados por los sumideros. En uno de ellos, José Antonio Zaragoza se rompió un brazo por cuatro sitios. Por ello, se reagruparon y aguantaron como pudieron el frío durante aquellos largos seis días en la que solo contaban con una manta refractaria para los cuatro.

“Pensábamos que habíamos llegado al final. Vimos la muerte”, confesaba Eloy Parra en la crónica de Joaquín Marín para SUR con fotos de Salvador Salas. Un drama personal que el propio espeleólogo también muestra en el documental al narrar la desesperación a la que llegaron los cuatro supervivientes: “Hubo ratos en los que uno pensaba que lo más apropiado era dejarse llevar por la corriente y tragar agua”.

Las palabras de los expedicionarios, que se mezclan en el documental con la psicodélica y dramática banda sonora de Wendy Carlos para la influyente cinta de Stanley Kubrick ‘La naranja mecánica’ (1971), relatan también el emocionante momento del encuentro con el equipo de rescate que pudo llegar hasta ellos pasados varios días y cuando bajó el nivel del agua. En cuanto escucharon las voces de los atrapados, corrieron hasta ellos y los hallaron a unos 800 metros de la entrada. El recorrido de vuelta suponía unas tres horas y, en el trayecto, los cuatro supervivientes se encontraban continuamente con diferentes grupos de espeleólogos de toda España que habían llegado a la Cueva para ayudar en el salvamento.

El cineasta José Luis Matoso, que vivió siendo un niño todo aquel suceso que alteró la apacible vida de su pueblo natal, Benaoján, recuerda que los equipos de búsqueda siguieron recorriendo la cueva durante las siguientes semanas para encontrar a José Manuel Vera, cuyo cuerpo no apareció hasta que las aguas descendieron lo suficiente tres meses después del rescate de los supervivientes. “Los espeleólogos son gente de una raza especial y no cejaron hasta que encontraron a su compañero”, explica Matoso que añade que una placa recuerda al fallecido a la entrada de la Cueva del Gato. La inscripción sigue emocionando cuarenta años después: “Amó la naturaleza y se marchó con ella. 6 de diciembre de 1976”.

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