Diario Sur

«En el siglo XVIII hubo mujeres tan libres como las de ahora»

Carmen Posadas, ayer, en el Museo Picasso. :: álvaro cabrera
Carmen Posadas, ayer, en el Museo Picasso. :: álvaro cabrera
  • Carmen Posadas presenta en el Museo Picasso, 'La hija de Cayetana', en la que aborda la figura de la Duquesa de Alba

Carmen Posadas ha dibujado la España previa a la Guerra de la Independencia, tanto la de las elites contemporáneas de la Revolución Francesa como la de los más miserables, la de los criados y aquellos negros traídos a la metrópoli desde las colonias americanas. En su novela 'La hija de Cayetana' habla de aristócratas y sirvientas, y, en concreto, de la duquesa de Alba, que aparece como una de las protagonistas, un personaje dotado de una extraordinaria iniciativa. «Las mujeres del XVIII, las que pertenecían a la clase superior, por supuesto, fueron más libres que las posteriores hasta mediados del pasado siglo, cuando se produjo la revolución feminista», aduce. A a ese respecto destaca que la libertad sexual de la que disfrutaban y el poder organización de salones en los que se discutían los postulados de la Ilustración. La autora pasó ayer por el Museo Picasso Málaga, donde presentó su nueva novela que narra la historia de la hija negra de la duquesa de Alba.

La castiza Cayetana fue obsequiada con una niña de tres meses, hija de la cubana Trinidad, y la historia, que pivota sobre este hecho real, entrecruza el destino de ambas y de esa pequeña. «Entonces se regalaban niños como si fueran gatitos», apunta la autora, y explica que la noble se encariñó de la muchacha, la adoptó y le otorgó una considerable herencia. «Llegó a palacio envuelta en un turbante de esclava y pensé qué había sido de su madre. Así planteé una especie de 'Arriba y abajo' donde aparece la Corte y también la vida de quienes carecían de libertad».

La existencia de una considerable población de origen africano en la península durante esa época es un capítulo poco conocido. «Había más en Sevilla que en Madrid, incluso una de las cofradías más antiguas de la capital hispalense se llama la Hermandad de los Negritos», señala la autora. Las relaciones con los propietarios destilan un racismo evidente. «Pero juzgar aquello con nuestra mirada actual es injusto», aduce. «Tampoco hoy el mundo se libra de esa percepción. Sólo hay que ver lo que ha hecho el ISIS con las esclavas de su yihad».

La opulencia de los círculos aristocráticos contrasta con la atmósfera de represión y miseria. Su extravagante hedonismo resulta ajeno a los cambios políticos que se producen al otro lado de los Pirineos y al clima prebélico que desembocará en la invasión del país por las tropas francesas. «Era el final de una era, el Antiguo Régimen, corrupto, corroído por diferencias sociales bestiales», indica. «Toda esta nobleza bailaba al borde del abismo y no se daba cuenta del peligro».

La narración expone los conflictos entre la duquesa que pintó Francisco de Goya y la reina María Luisa, enfrentadas por los favores de Manuel Godoy, el favorito de Carlos IV. Cayetana era popular y la vitoreaban cuando paseaba por las calles de Madrid. «Hacía gala de su majismo, que era una actitud de rechazo de lo afrancesado. Se vestía como las manolas, iba a las verbenas y tenía amigos cómicos y toreros».

La ganadora del Premio Planeta en 1998 con 'Pequeñas infamias' reconoce la dificultad que implica la urdimbre de la novela histórica. «Porque supone construir una época, un lenguaje, elegir palabras para que suenen como si fueran propio del siglo XVIII pero sin serlo, porque si hubieran sido auténticas no se entendería».