«El desnudo más bello de la Edad Media», sale de la oscuridad

Capitel del Sátiro. Aunque a primera vista cuesta un poco apreciarlo, con la mano izquierda se acaricia el miembro viril que ha doblado hacia atrás entre sus nalgas.
Capitel del Sátiro. Aunque a primera vista cuesta un poco apreciarlo, con la mano izquierda se acaricia el miembro viril que ha doblado hacia atrás entre sus nalgas. / Antonio García Omedes
  • Un capitel de la catedral de Jaca que ha permanecido siglos oculto por su sensualidad deslumbra a los especialistas en historia del arte

  • El Capitel del Sátiro es una de las obras cumbres del románico. El efebo en actitud de éxtasis erótico dice adiós a las tinieblas, donde ha permanecido a salvo del cincel de los censores bajo un altar

Es el «más bello desnudo del románico internacional» y ha pasado buena parte de su casi milenaria existencia entre tinieblas. El llamado Capitel del Sátiro, que representa a un efebo en actitud de éxtasis erótico, será expuesto al público por primera vez este domingo en la catedral de Jaca, después de nueve largos siglos de anonimato. La aparición de la pieza aporta una nueva perspectiva a la tradicional concepción de la Edad Media como una época de sombras, guerras y epidemias, a la vez que sitúa a la que fue la primera capital del reino de Aragón en el epicentro de los focos.

La trayectoria del capitel podría ser una buena metáfora de la siempre conflictiva relación del ser humano con la belleza. La pieza en realidad nunca había abandonado la seo para la que fue labrada. «Se hizo hacia el año 1100 para el claustro románico de la catedral, pero tras la clausura de la galería en el siglo XVII por su deterioro, los capiteles y las columnas se incorporaron a otras dependencias del edificio», precisa Belén Luque, directora del Museo Diocesano de Jaca, una de las vigas del armazón del extraordinario patrimonio del románico español.

El capitel está presidido por una figura que representa a un efebo desnudo que mira al cielo mientras se roza con el dedo índice de la mano derecha la comisura de los labios. Aunque a primera vista cuesta un poco apreciarlo, con la otra mano se acaricia el miembro viril que ha doblado hacia atrás entre sus nalgas. La figura, deudora en inspiración y forma de la escultura clásica grecorromana, colisiona con los cánones de la moral católica y de ahí que durante siglos se haya mantenido alejada de las miradas de los fieles.

Se sabe por una vieja fotografía de 1917 que sirvió para decorar el acceso a una capilla (el efebo no se podía ver porque su lateral se orientó hacia la pared) y se cree que uno de los restauradores de la catedral lo colocó en la década de los treinta donde ha estado desde entonces: como soporte de la mesa del altar de otra de las capillas. En ese emplazamiento pasaba aún más desapercibido, ya que la estancia estaba casi siempre en la penumbra y la mesa de piedra que hacía las veces de altar lo ocultaba.

Pese a su ubicación semiclandestina, entre los entusiastas del arte románico empezó a correr el rumor de que en la catedral de Jaca había una pieza de excepcional valor. «Primero fue un matrimonio de investigadores estadounidenses, aunque el que realmente dio a conocer la valía del capitel e incluso lo bautizó fue el profesor Francisco Prado-Vilar», explica la directora del museo jacetano. Prado-Vilar, doctor por la Universidad de Harvard y reconocida autoridad en el arte románico, no ha escatimado elogios a la hora de describir el capitel: «Es sin duda el desnudo más extraordinario de la Edad Media», proclamó categórico en una de sus intervenciones públicas.

El desnudo no es frecuente en el arte románico, aunque en algunos templos se pueden ver toscas escenas eróticas que se repiten con frecuencia: hombres itifálicos (con un gan falo erecto), mujeres provocativas en posturas obscenas, coitos entre humanos y animales, felaciones, tocamientos, bestialismos... Hasta ahora había un consenso generalizado entre los expertos a la hora de señalar a una Eva tallada en un portal lateral de la catedral de Ataun, en Borgoña (Francia), como la mejor representación humana sin ropa de toda la escultura medieval. En opinión del doctor Prado-Vilar, el efebo de Jaca la supera con creces. La pieza de Autun, describe el especialista, «es considerablemente inferior desde cualquier parámetro de análisis posible. Frente a la plasticidad turgente, sinuosa y aérea del sátiro, Eva es una figura de anatomía invertebrada y sumaria que permanece resignada a arrastrarse en el espacio plano definido por el bloque cuadrangular que la enmarca».

El dictamen del experto hizo que la catedral jacetana empezase a recibir un goteo de amantes del románico deseosos de ver el capitel. «Venían expresamente a contemplarlo, pero se llevaban un chasco porque era imposible apreciarlo estando bajo la mesa del altar». La remodelación hace cinco años del Museo Diocesano abrió las puertas a su recuperación. «Por fin disponíamos de un sitio digno para exponerlo, aunque antes tuvimos que encontrar financiación para restaurarlo». El Capitel del Sátiro fue rescatado de su 'cautiverio' el pasado mes de octubre y trasladado al taller del centro. «Tiene pequeñas magulladuras que son sin duda producto de los sucesivos traslados y una de sus cuatro caras está fracturada, pero en general está en buen estado para tratarse de una pieza con más de 800 años».

Como buena talla medival, el capitel estuvo en su origen ricamente policromado. Inmaculada Piedrafita, la restauradora, halló en los labios del efebo un diminuto fragmento de pigmento rojo que lo corrobora. El muchacho comparte protagonismo en la pieza con un león y un ave. «Es una talla finísima que tiene también un león maravilloso y un ave que podría ser un águila o un ave fénix», observa la responsable del museo. «El popular dibujante y arquitecto 'Peridis', que es un gran amante del románico, escribió que la figura había sido castigada de cara a la pared por su sensualidad, es una pena que una pieza de su belleza haya sido hurtada a la visión del público».

Mutilación con cincel

Al sátiro de Jaca, no obstante, las cosas le han ido bastante mejor que a otras figuras que aparecían sin ropa en capiteles medievales. Lo recuerda Antonio García Omedes, autor de una elaborada página de internet románicoaragones.com: «Sin duda es una suerte que haya llegado íntegro hasta nuestros días, dado que un desnudo solía ser motivo de censura mediante el cincel, como lamentablemente ocurrió con un capitel de San Martín de Frómista, en Palencia». En efecto, durante la restauración del templo palentino, acometida a principio del siglo pasado, dos desnudos que aparecían en uno de los capiteles fueron borrados a golpe de escoplo posiblemente por la visibilidad de sus genitales. La pieza, que data del siglo XII, se había salvado del celo de la Inquisición, pero no sobrevivió al fundamentalismo católico del XX. El capitel mutilado fue retirado de la iglesia y trasladado al Museo de Palencia. En su lugar se instaló una copia del original realizada a partir de una fotografía.

El profesor Prado-Vilar cree que el recién restaurado capitel de Jaca fue labrado entre 1105 y 1110 por un artista al que él mismo ha bautizado como el maestro del Sátiro. Se trata, a su juicio, de un adelantado a su tiempo que hacía gala de una «brillantez plástica» que «subvierte varios clichés».

García Omades, por su parte, describe la pieza como «una absoluta delicia» y sostiene que podría estar firmada «por cualquiera de los grandes escultores clásicos de Grecia o Roma». La imagen, añade el experto, se aleja de los cánones de su tiempo tanto por su movilidad -en el románico prevalecen las figura hieráticas e inexpresivas- como por «el mensaje de su voluptuosa actividad erótica que lo mantiene ensimismado».