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Así fue la huida por la carretera de Almería: la desbandada

HISTORIA

Así fue la huida por la carretera de Almería: la desbandada

Un año más se conmemora la huida de miles de malagueños por la carretera de Almería a la llegada de las tropas de Franco a Málaga. SUR Multimedia realizó un especial multimedia al hilo del documental : 'Febrero 1937. Memoria de una huida', dirigido por la periodista Elena de Miguel y emitido por Canal Málaga

08.02.10 - 12:57 -
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Un año más se conmemora la huida de miles de malagueños por la carretera de Almería a la llegada de las tropas de Franco a Málaga. De hecho, hoy hay prevista una nueva ofrenda floral a las víctimas en Torre del Mar. SUR Multimedia realizó un especial multimedia al hilo del documental : 'Febrero 1937. Memoria de una huida', dirigido por la periodista Elena de Miguel y emitido por Canal Málaga.
Estos son algunos de los fragmentos que pueden leerse en el especial:
El domingo 7 de febrero de 1937 es domingo de carnaval. La ciudad lleva meses siendo bombardeada por los aviones  franquistas, pero los ataques se han vuelto más encarnizados en los últimos días. La llegada de refugiados de los pueblos ocupados es imparable. De poco sirve que los periódicos republicanos de la época silencien la realidad, como en la portada que ese mismo día saca a la calle el diario de izquierdas 'El Popular', donde no se hace ninguna referencia a que las tropas nacionales tienen cercada la ciudad. Nada ni nadie puede parar ya la espiral de pánico que se están adueñando de la ciudad.
Gamel Woolsey, esposa del escritor Gerald Brenan, lo describe así en su libro 'El otro reino de la muerte':
"Un siniestro rumor que nos hizo olvidar a todos la quema de casas se propagó por el pueblo: ¡El tercio, que viene el tercio! Por el tono de las voces que oímos en la calle, era como si hubieran dicho: 'Se ha abierto el infierno, Lucifer y su legión están sobre nosotros. Esta legión, digna de Lucifer, era lo que esperaban y la expectativa corría como una ola  fría de horror sobre el campo. Nadie se acostó, todos estaban fuera en la carretera, viendo la llamarada roja de Málaga e intentando escuchar a lo lejos los pasos del enemigo que acercaba".
La visión de los primeros cañones en las montañas que rodean Málaga en esa soleada mañana de domingo es sólo la confirmación de los peores presagios. De barrio en barrio, de calle en calle, de casa en casa se propaga la misma frase: 'Que vienen los moros'. El temido Tercio de Regulares de Marruecos que acompaña a las tropas nacionales arrastra una fama funesta; a ellos se les atribuyen todo tipo de actos violentos. Es entonces cuando las charlas del general Queipo de Llano desde Radio Sevilla, repletas de amenazas, adquieren máxima relevancia.......
Comienza la desbandada
Llegada a Torre del Mar. Comienzan los bombardeos
Al amanecer del día 8 de febrero, mientras las tropas nacionales toman la capital, la columna de malagueños alcanza  ya Torre del Mar, donde se les suma la marea de refugiados procedentes del interior de la provincia. La carretera por la que avanzan está pegada al mar. Es entonces cuando contemplan barcos en la costa y los primeros aviones, que empiezan a bombardearlos. Los partes de guerra de la época no aclaran si la intención era bombardear directamente a la población o si estaban cubriendo la bajada de las tropas italianas desde Vélez hasta la playa. El general Queipo de Llano explica así esta decisión:
“A los tres cuartos de hora, un parte de nuestra aviación me comunicaba que grandes masas huían a todo correr hacia Motril. Para acompañarles en su huida y hacerles correr más aprisa, enviamos a nuestra aviación, que los bombardeó”
El bando nacional justifica estos ataques porque sostiene que quienes huyen son milicianos de los frentes derrotados y líderes políticos de izquierda. Sin embargo, la realidad es otra bien distinta. La inmensa mayoría de los milicianos partieron días antes, cuando comenzaron a caer los frentes, y quienes integran la caravana son, sobre todo, familias que arrastran a niños y ancianos.
Queipo de Llano niega también que la huida sea tan masiva: “El gobernador de Almería, un perfecto marxista, dice (...) de Málaga han huida 250.000 personas que no han querido sufrir la opresión fascista. La coladura es de calidad, pues para esa evacuación hubiesen  necesitado 10.000 camiones, poniendo a cada vehículo 25 personas y si a cada camión le damos 25 metros de carretera resulta que hubiesen necesitado 250 kilómetros para la caravana; es decir que cuando el primer camión hubiese pasado 40 milómetros más allá de Almería, el último estaría aún en la ciudad de Málaga”.
Los refugiados aceleran su paso; se viven escenas de pánico; la gente se esconde en las cunetas, en las alcantarillas, entre las cañas de azúcar que encuentran en el camino. Los barcos que bombardean son el cañonero Canarias, su gemelo Baleares y el Almirante Cervera, que se mueven con una gran facilidad por el litoral porque no hay ninguna marina republicana que les haga frente. Desde el aire, la aviación franquista e italiana tampoco da tregua.
El diario británico ‘The Manchester Guardian’ da cuenta de lo que está ocurriendo en la costa malagueña:
“La evacuación de Málaga comenzó cuando la población supo de las dificultades de los frentes, pero nadie creyó que el éxodo voluntario iba a asumir el carácter de un cataclismo humano desconocido en la historia de Europa. Pronto se convirtió en una sangrienta realidad. El camino se tornó un infierno bombardeado por los barcos fascistas españoles y los aviones alemanes e italianos. (...) Pronto el camino quedó cubierto de muerte”.
La caravana de miles de personas llena la carretera de banda a banda; se avanza con dificultad. Algunos prefieren hacerlo de noche aprovechando que hay luna nueva o deciden tirar campo adentro para evitar los continuos bombardeos que se hacen ininterrumpidos en esta zona de la costa.
Las tropas les siguen de cerca y la gente empieza a abandonar sus enseres en la carretera, que se llena de bultos, carros y de los utensilios más insospechados. Los caballos y los burros pasan a ser los bienes más codiciados, hasta el punto de que algunos supervivientes recuerdan haber presenciado enfrentamientos e incluso robos de estos animales que, en ocasiones, se desploman exhaustos de cansancio.
La comida empieza a escasear y los cultivos de caña de azúcar del camino se convierten en el único sustento.. Los campos quedan arrasados al paso de esta marea humana que también rebusca alimento en los cortijos abandonados. La gente de los pueblos cierra a cal y canto las puertas de sus casas; son pocos los que ofrecen ayuda a los refugiados.
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