Dos centros que amparaban a la infancia

ÁNGEL ESCALERA
Celebración de una fiesta de Reyes Magos en las dependencias de la Casa Cuna de la calle Parras. ::
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Celebración de una fiesta de Reyes Magos en las dependencias de la Casa Cuna de la calle Parras. :: SUR

La tendencia habitual en Málaga de considerar que la Casa Cuna y la Gota de Leche fueron el mismo establecimiento es un error. La equivocación se relaciona con el hecho de que eran edificios colindantes en el entorno de las calles Ollerías y Parras. La primera institución, también conocida como Casa de Expósitos, pasó a depender de la Diputación Provincial en el siglo XIX (tras la desamortización de Mendizábal). Acogía a niños abandonados. Era frecuente que los pequeños fuesen dejados en el torno de la entrada. Por su parte, la Gota de Leche (fundada a principios del siglo XX) era municipal; de su mantenimiento se encargaba el Ayuntamiento. Su función era alimentar y cuidar a pequeños cuyas familias carecían de recursos. Gracias a la Casa Cuna y a la Gota de Leche se salvó la vida de miles de niños, que no hubiesen salido adelante sin la asistencia recibida en ambos centros benéficos.

La Casa Cuna de San José (actual Centro Cultural Provincial y Centro de la Generación del 27) tenía dos puertas. Una daba a la calle Parras y la otra a Ollerías. El edificio se construyó en el siglo XVIII y fue reformado y ampliado en el XIX. Los menores permanecían en este hogar de expósitos hasta que cumplían siete años. A partir de esa edad eran trasladados a la Casa de la Misericordia (hoy Centro Cívico). Allí estaban hasta los 18 años aprendiendo un oficio. La Diputación asumía el mantenimiento de ambos centros.

La Casa Cuna dejó las instalaciones de la calle Parras en 1950 -debido al deterioro del inmueble- y se mudó a un edificio erigido en la Huerta de Godino (junto al solar donde luego se hizo el Hospital Materno Infantil) en unos terrenos comprados por la Diputación por un millón de pesetas que, además, destinó 6.128.666 pesetas a levantar la nueva Casa Cuna (hoy es el Centro Básico de Acogida).

Mientras que la Diputación fue la benefactora de la Casa Cuna, el Ayuntamiento mantuvo la Gota de Leche junto con aportaciones de algunos donativos particulares. Las encargadas de llevar ambos centros benéficos fueron monjas. En 1927, según se recoge en un artículo publicado por 'Vida Gráfica', la Gota de Leche, ubicada en la calle Ollerías, tenía 24 cunas; sesenta niños recibían diariamente alimentación y cuidados. Las peticiones para entrar en el centro eran muy elevadas, pero solo una parte podían atenderse, ya que los fondos municipales no daban para más. Los menores pertenecían a familias pobres de Málaga que carecían de medios para darles de comer. Cada jornada se entregaban sesenta subsidios de leche condensada y otros tantos de leche de vaca pasteurizada.

Vistos por el médico

Los niños llegaban a la Gota de Leche a las ocho de la mañana. Primero se les lavaba y duchaba. Seguidamente, se les vestía con ropa de la institución. El médico Gabriel Jurado veía a los infantes y fijaba la alimentación necesaria para cada uno. Por la tarde, se les ponía la ropa que habían traído de sus casas y se les daba la leche necesaria para tomarla por la noche. Al anochecer, los niños eran recogidos por sus familias. Dos veces a la semana se repartía papilla.

Los pequeños recibían asistencia desde que nacían y hasta que cumplían cuatro años, según se señala en un número de la citada 'Vida Gráfica' de 1934. Los biberones y la alimentación de los infantes pasaban por una sala de esterilización. Un veterinario nombrado por el Ayuntamiento se encargaba de analizar la leche de vaca que bebían los menores.

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