La visita de Isabel II a Málaga en 1862

La visita fue concebida como gesto de buena voluntad de la Reina hacia los malagueños, ya que un año antes había tenido lugar una revuelta en Loja que se había extendido a algunas localidades de la provincia, siendo la mitad de los detenidos naturales de Málaga

Kiosco-embarcadero en el Puerto (Francisco Mitjana)./
Kiosco-embarcadero en el Puerto (Francisco Mitjana).
María Pepa Lara
MARÍA PEPA LARA

La reina Isabel II realizó una extenso viaje por Andalucía en el otoño de 1862. En nuestra ciudad permaneció desde el 16 al 19 de octubre de 1862 junto a su esposo, Francisco de Asís Borbón, sus hijos, el Príncipe de Asturias don Alfonso y la infanta doña Isabel. Formaban parte de la comitiva real el presidente del Consejo, O'Donell, tres de sus ministros, así como el duque de Ahumada, fundador de la Guardia Civil, y el duque de Bailén. Se trataba, en principio, de un viaje de buena voluntad y reencuentro con una ciudad que había tenido muchos desacuerdos con su madre, la reina Regente María Cristina (1833-1840), durante la revolución de 1836, comenzando con el motín de los sargentos en el palacio de la Granja de San Ildefonso el mismo año, y desplazada a otras capitales. La visita, además, fue concebida como gesto de buena voluntad de la Reina hacia los malagueños, ya que un año antes, 1861, había tenido lugar una revuelta en la localidad granadina de Loja que se había extendido a algunas localidades de Málaga, siendo la mitad de los detenidos naturales de la provincia.

Sin embargo, oficialmente, la reina venía a poner la primera piedra del que sería el más grande y moderno hospital de la ciudad: Hospital Civil Provincial de San Juan de Dios; para comprobar el estado de las obras del tramo provincial del FF. CC. Córdoba-Málaga; inaugurar la exposición de arte, artesanía y productos de la tierra, así como visitar diversos centros benéficos y, finalmente, algunos actos lúdicos.

A través de la obra de Urbano Carrere 'Visita de la Reina Isabel II a Málaga' podemos seguir, pormenorizadamente, su itinerario. Existe otro libro similar, pero con el título 'Visita de la reina Isabel II a Andalucía', pues su Majestad realizó un viaje por toda Andalucía.

Al parecer, la Reina y su séquito llegaron a los alrededores de Loja el día 15, instalándose en una serie de tiendas de campañas que se levantaron en medio del campo, cerca también de Archidona, donde se encontraba el primer arco de triunfo en honor de la soberana. En la Hacienda de Teatinos, propiedad de Eduardo Huelin, esperaban las autoridades malagueñas; de ella destacaremos al marqués de Valdeflores, senador del reino; el conde de Gavía; Antonio Cánovas del Castillo, entonces subsecretario de Gobernación; Juan Valera, escritor, diplomático y político; así como Francisco Romero Robledo, diputado a Cortes.

Fueron muy numerosos los arcos que se levantaron para homenajearla a lo largo del itinerario urbano por donde debía transitar la comitiva oficial. El primero de ellos, en la calle de Antequera, obra del arquitecto José Trigueros. Su elevación era de treinta metros por veinticuatro de ancho y un espesor de dos.

Pabellón Exposición Provincial de la Sociedad Económica (Francisco Mitjana). Abajo, documento de la Visita de Isabel II a Málaga y el arco de triunfo levantado en el límite de la provincia (Francisco Mitjana)

Los técnicos de la Diputación Provincial diseñaron el más alto de todos situado en la calle de la Victoria, obra del pintor escenógrafo Manuel Montesinos. El arquitecto Cirilo Salinas realizó el situado en la calle Álamos, promovido por el Instituto de Segunda Enseñanza; el del Liceo Malagueño, en calle Torrijos -actual Carreterías-, ejecutado por Antonio Moreno. Y el del Círculo Malagueño, en el muelle, obra de Joaquín García Toledo y Vicente Moreno. Otros arcos, por encargo de industrias, comercios y empresas malagueñas, se levantaron en la ferrería La Constancia, por la familia Heredia; en la Industria Malagueña, por los Larios; la Estación de Ferrocarriles Andaluces y un quiosco embarcadero en el Puerto. En el callejón de la Florida se construyó un arco de follaje; en la calle de la Trinidad, tres; uno en Martiricos; siete en la Huerta Alta y varios en la Alameda de Capuchinos y Olletas. La reina pasó después por el arco del Liceo, plano y dirección del arquitecto Ángel Romero.

El alojamiento elegido para tan numerosa comitiva se estableció en la Aduana -hoy sede del Museo de Málaga-, preparado lujosamente a tal efecto con anterioridad. Los días que permaneció en nuestra ciudad, la reina realizó numerosas actividades de todo tipo. Empezaremos por la inauguración oficial del ferrocarril  Córdoba-Málaga, la estación de ferrocarriles de Málaga; puso la primera piedra del Hospital de la Reina -hoy Hospital Civil Provincial-; inauguró la Exposición Agrícola, Industrial y Pecuaria, organizada por la Sociedad Económica de Amigos del País en el Paseo de Reding. Como conmemoración de dicha exposición fueron realizados medallones que agradaron mucho a la Reina. En conmemoración de la visita, se alzó un arco del triunfo diseñado por el arquitecto  José Trigueros.

Visitó también La Constancia, la Industria Malagueña; asistió a un tedéum en la Catedral; y visitó el monasterio de Santa María de la Victoria. Además tuvo tiempo de asistir a una serie de actos lúdicos: presenció una corrida en la Plaza de Álvarez, recién inaugurada, situada entre la plaza de San Francisco y las calles Purificación y Huerto de las Monjas; visitó el balneario «Baños de Álvarez o Las Delicias», y el Liceo Malagueño, ambos situados en la calle Marqués de Valdecañas. Presidió el baile real que, organizado por el comercio malagueño, se celebró en la Casa-Banco de la Alameda Principal. También asistieron a una función en el Teatro de la Merced, situado en el mismo lugar que hoy día ocupa el Teatro Cervantes; en dicho acto se le cambió el nombre de Teatro Príncipe Alfonso, en honor al Príncipe de Asturias y futuro Alfonso XII.

El día 19 por la mañana visitaron el recién construido Convento de la Trinidad, adonde se habían trasladado las monjas de la Paz; y después se trasladó al Hospital de la Santa Caridad -hoy sede de la Agrupación de Cofradías en San Julián-. Finalmente paseó por la calle Nueva, conversando con las gentes. Los monarcas abandonaron la ciudad el domingo 19 a las cinco de la tarde a bordo del vapor «Isabel II», al que daban escolta once buques de guerra, camino hacia Levante.