Mis hijos son los tuyos

Dos extranjeras explican por qué gestaron a los hijos de parejas españolas. «Los políticos deberían escucharlas antes de opinar», pide el padre intencional

Chantelle McCallum, con Noah en brazos, junto a sus padres, Michael y Jordi./Coastal Lifestyle Photography
Chantelle McCallum, con Noah en brazos, junto a sus padres, Michael y Jordi. / Coastal Lifestyle Photography
INÉS GALLASTEGUI

'Torito' es el último en incorporarse a la lista de famosos que han sido padres por gestación subrogada, es decir, contratando a una desconocida para llevar a cabo el desarrollo de su embrión. El futbolista Cristiano Ronaldo, la coleccionista de arte Carmen Cervera, los cantantes Miguel Bosé, Ricky Martin y Miguel Poveda, los actores Javier Cámara y Roberto Enríquez o el empresario Kike Sarasola han visto cumplido su deseo de paternidad mediante un procedimiento que en España no es legal, pero tampoco ilegal. Ellos y miles de españoles anónimos –hombres solteros, matrimonios gais y mujeres, con o sin pareja, que no quieren o no pueden llevar a término un embarazo– aprovechan cierto vacío legal para tener descendencia en países donde esta posibilidad está normalizada para luego inscribir a sus hijos como propios en el Registro Civil del correspondiente consulado español.

Ciudadanos presentó el pasado verano una proposición de ley para regular en España esta práctica que solo nacionalistas catalanes y vascos ven con buenos ojos. PP, PSOE y Podemos la consideran una «mercantilización» del cuerpo femenino. La ministra de Igualdad, Carmen Calvo, ha dejado muy clara la posición del nuevo Gobierno: «Se llaman vientres de alquiler y son una nueva utilización del cuerpo de las mujeres más pobres». Sus palabras han indignado a la Asociación Gestación Subrogada (AGS), que las consideran profundamente antifeministas: «Llaman a nuestras gestantes 'vasijas' o 'vientres', despojándolas de cualquier tipo de raciocinio, tratándolas como si fueran partes de un cuerpo sin cerebro y arrebatándoles su derecho a decidir libremente», lamenta su vicepresidenta, Vanesa de León.

Imágenes de Chantelle McCallum, en el embarazo, durante el parto y con Noah en brazos, el pequeño de Michael y Jordi. / Coastal Lifestyle Photography

¿Qué piensan de todo esto esas mujeres a las que se etiqueta despectivamente como úteros de alquiler? «Estoy orgullosa y feliz, muy lejos de sentirme explotada», asegura Chantelle McCallum, la joven canadiense de 30 años que gestó al hijo de Michael y Jordi, sudafricano y catalán residentes en Granollers (Barcelona). Ella mantiene el contacto y recibe información puntual sobre Noah, el pequeño que llevó durante nueve meses en su seno.

Un debate abierto

Países donde es legal
La gestación subrogada es legal en 15 países, pero solo está abierta a extranjeros con ciertas garantías en EEUU, Canadá, Rusia, Ucrania, Grecia, Georgia y Portugal. En algunos países solo se permite pagar a la gestante una compensación por los gastos derivados del embarazo y el parto. En otros, como Ucrania,no se facilita a parejas gais. Las agencias que se encargan y cobran por las gestiones desaconsejan recurrir a la subrogación en países donde las mujeres son explotadas o no hay seguridad jurídica. Lo ideal es que el bebé sea registrado como español en el consulado del país donde nace.
100.000
euros puede costar la subrogación en Estados Unidos, donde es comercial, frente a unos 60.000 en Canadá, donde es altruista. En Grecia, Rusia y Ucrania puede salir por entre 35.000 y 55.000 euros. India y México eran de los países más baratos, pero cerraron la puerta a los extranjeros en 2016.
El proyecto de Ciudadanos
La proposición de ley de Ciudadanos para regular la gestación subrogada es similar a las de Canadá o Reino Unido: no habría contraprestación económica para la gestante –más allá de los gastos que le ocasione el proceso–, que debería tomar la decisión de forma libre, ser ya madre de dos hijos, mayor de 25 años, con una situación socioeconómica estable y todas las garantías jurídicas. «El director general de Registros nos suplicó en la comisión de Igualdad que regulemos este asunto –subraya la diputada de C's Patricia Reyes, que se declara feminista y católica–. Desde el momento en que otros países la admiten, la gestación subrogada es una realidad y causa problemas en España. No se puede poner puertas al campo».
Inscripción de los bebés
La gestante extranjera renuncia a sus derechos y obligaciones sobre el bebé –que biológicamente no es suyo– y hay dos opciones para registrarlo:filiación por adopción, en la que la paternidad se adjudica al padre biológico y su pareja lo adopta en España; y filiación por sentencia judicial. No todos los consulados reconocen estas sentencias.
20.000
niños nacen al año en el mundo por gestación subrogada, según la ONG de derechos de la infancia International Social Service. En España no hay datos oficiales, aunque algunas agencias hablan de mil al año. Mientras, las adopciones internacionales han caído de 5.433 en 2005 a 799 en 2015.
Biología o intención
Con el desarrollo de las técnicas de reproducción asistida (TRA) en los últimos años, la filiación de los bebés deja de estar ligada a la biología para vincularse a la intencionalidad de los padres. La asociación de familias por subrogación Son Nuestros Hijos lamenta que en España «la intencionalidad queda reconocida para las TRAcon donación de gametos o embriones, equiparándola a la filiación natural, pero no se reconoce para la gestación por subrogación». Para la abogada y activista Violeta Assiego, partidaria de regular en España la gestación subrogada altruista «poniendo el foco en la libertad de la mujer», nuestra legislación sacraliza el parto. «Muchas familias se crean sin pasar por un embarazo».
«¿Eso es feminismo?»
«Yo me fui a Ucrania, pero aquí me hubieran ayudado amigas que se ofrecieron a tener a mi hijo y no pudieron porque es delito. ¿Cómo es posible que una ministra le prohíba a una mujer ayudar a otra que quiere ser madre y no puede? ¿Eso es feminismo? Es una falta de respeto a nuestras familias», se queja Vanesa de León, de AGS.

En Canadá la gestación subrogada es altruista: el único dinero que puede recibir la gestante es una compensación por los gastos derivados del embarazo y el parto. «Siempre he sido el tipo de persona que ayuda a los demás cuando puede. He hecho servicios comunitarios y he donado sangre y óvulos –explica Chantelle, asistente social que trabaja con discapacitados intelectuales y es madre de dos hijos de 8 y 6 años–. Sé lo que es amar a alguien incondicionalmente, así que quería darle ese regalo a una pareja que se lo merece».

«Lo hice por dinero extra. Cualquier trabajo es, en cierta medida, explotación» Victoria, Gestante

«Sé lo que es amar incondicionalmentey quería hacer ese regalo a una pareja» Chantelle Mc Callum, Gestante

Se ofreció a través de una agencia intermediaria que se anunciaba en internet. «Cuando contacté con Michael y Jordi, fue como si nos conociéramos de toda la vida. No les elegí por ser gais, sino porque nos llevábamos tan bien que supe que eran las personas a las que quería ayudar –recuerda–. Llevar en el vientre al hijo de alguien es una experiencia muy íntima. Quería hacerlo con una pareja con la que pudiera compartir cualquier cosa y con la que me sintiera cómoda». Se quedó embarazada a la primera transferencia de un embrión y, salvo las náuseas del principio, todo fue rodado. Los padres intencionales estuvieron con ella en el parto, apoyándola. 

¿Fue difícil separarse del bebé?

– Sabía desde el momento en que rellené la solicitud que esto iba así. Así que estaba preparada y feliz por ellos. El día que regresaron a España fue duro. No porque se llevaran al niño, sino porque habíamos pasado seis semanas juntos y fue triste verles marchar. ¡Ahora somos una familia! 

Ese fue también el momento más difícil para Victoria, enfermera ucraniana de 35 años que gestó un bebé para una pareja heterosexual española. «Me sentí muy feliz por ayudarles a realizar su sueño, aunque lógicamente me dolió separarme de su bebé, al que cuidé todo ese tiempo y al que me acostumbré –reflexiona esta mujer, casada y con dos hijos–. Creo que es normal. Como ser humano, tengo sentimientos y es imposible que un embarazo pase sin dejar rastro».

Su motivación para ofrecerse como gestante fue distinta a la de la mamá americana. «Lo hice por el dinero extra, como casi todas», admite. En su país la legislación sí contempla que los padres de intención compensen económicamente a la mujer que convertirá su embrión en un bebé. Victoria, residente en un pueblito de la provincia de Chernivtsi, cerca de la frontera con Rumanía, pidió una excedencia en el hospital en el que trabajaba para llevar a cabo el embarazo porque quería mantenerlo en secreto: «No quería exponerme a juicios de los demás».

Victoria no comparte el discurso de parte del movimiento feminista español de que esta decisión menoscabe su dignidad como persona. «Cualquier trabajo es, en cierta medida, explotación. Todos trabajamos por dinero –aclara–. Creo que todas las mujeres que toman parte en programas de gestación subrogada lo hacen por su propia voluntad, de forma consciente. Nosotras ayudamos a otros a ser una pareja completa». Y además, con el respaldo de su entorno cercano. «Fue una decisión de toda la familia. Estoy muy agradecida a mi esposo y a mis hijos por cómo me apoyaron, moral y físicamente, durante el embarazo».

«Hay doble moral. Ahora solo recurren a la subrogación los que tienen dinero» Patricia Reyes, Ciudadanos

«La mercantilización no puede ampliarse al cuerpo de las personas» María Luisa Balaguer, Tribunal Constitucional

Chantelle también confía en que su testimonio sirva para clarificar el debate en España. «Las mujeres tienen derecho a elegir lo que quieren hacer con sus cuerpos. Si una mujer tiene toda la información y puede tomar la decisión consciente de llevar en su vientre al hijo de otros, es su elección», subraya. Su familia siempre la ha apoyado. «Mis hijos han construido una relación de amistad con Michael y Jordi. Fue una experiencia positiva que les enseñó diversidad», recuerda.

En España, la Ley de Técnicas de Reproducción Asistida considera «nulo» un contrato «por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna a favor del contratante o de un tercero». Esto deja fuera de la ley incluso a mujeres que se ofrecen generosamente a llevar en su vientre al hijo de una amiga, una hermana o una hija.

Conflicto en los registros

¿Qué ocurre con los contratos firmados en el extranjero? La Dirección General de Registros y Notariado decidió en 2010 permitir el registro de los menores nacidos mediante esa técnica, para no dejarles desprotegidos, y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos falló en el mismo sentido.

Sin embargo, María Luisa Balaguer, magistrada del Tribunal Constitucional, asegura en su libro 'Hij@s del mercado' que el Supremo desautorizó esa instrucción y consideró que la maternidad subrogada no solo es ilegal, sino inconstitucional, porque atenta contra la dignidad de las mujeres. «La mercantilización que el Estado liberal ofrece debe agotarse en los objetos y mercancías, y no puede ampliarse a los cuerpos de las personas ni a las partes de ellos», señala Balaguer, que compara esta técnica de reproducción con la prostitución o el tráfico de órganos. A su juicio, la única posibilidad de que esta práctica pudiese encajar en nuestro ordenamiento jurídico sería que fuera altruista y amparada por el Estado. El obstáculo es que la maternidad y la paternidad pueden ser un deseo, pero no un derecho.

La doctora Nayna Patel (izquierda), en su clínica-hotel, con algunas de las mujeres contratadas para dar a luz a los hijos de parejas occidentales.
La doctora Nayna Patel (izquierda), en su clínica-hotel, con algunas de las mujeres contratadas para dar a luz a los hijos de parejas occidentales. / Zumapress

La diputada de Ciudadanos Patricia Reyes considera que en este debate existe una «doble moral», porque, de hecho, nuestro país admite la maternidad por sustitución en el extranjero, pero solo pueden permitírsela quienes tienen dinero para pagarla.

Noah, el hijo que dio a luz Chantelle, tiene casi dos años y una sentencia canadiense lo reconoció como hijo de sus progenitores, pero el cónsul español en Toronto se negó durante meses a registrarlo. Otras parejas están en el mismo limbo legal. Michael y Jordi lamentan que la falta de regulación en España dé lugar a situaciones de desprotección de los menores y de incertidumbre para los padres. «Quienes creen que esto es explotación, deberían sentarse con estas mujeres antes de opinar», subraya Jordi, funcionario de Justicia.

Después de darle vueltas, este matrimonio se decidió a preguntar a Chantelle si le gustaría repetir la experiencia y gestar a su segundo hijo. Solo tuvieron que sugerirlo. «Estaba esperando que me lo pidierais», respondió ella.

¿Le contarán a Noah la historia de su nacimiento?

– Sí, claro. Chantelle es parte de la familia y siempre lo será.

India, la 'fábrica de bebés' del mundo, pone freno a los 'vientres de alquiler'

Cuando India legalizó la gestación subrogada en 2002 se convirtió en el destino preferido de miles de parejas infértiles de todo el mundo, especialmente de Norteamérica. La doctora Nayna Patel, promotora de una de las mayores clínicas en Anand (Gujarat), se defendía de quienes la acusaban de dirigir una 'granja' de mujeres pobres: «Se les está pagando por hacer un trabajo físico». Ella cobraba 20.000 euros por niño y las embarazadas, unos 5.000, el sueldo de 5 años de trabajo en India. Con ese dinero podían comprar o acondicionar su casa, adquirir un coche o asegurar una buena educación para sus hijos. En 2016 el Parlamento aprobó restringir la subrogación a parejas heterosexuales indias.

Los estados mexicanos de Tabasco y Sinaloa han seguido un camino parecido. La organización GIRE, partidaria de una regulación que ampare los derechos de todas las partes, recogió en un informe varios casos de abusos. Como el de Laura: dio a luz a un niño enfermo y los padres intencionales, de California, se desentendieron de él; ella lo cuidó, pero a los dos años aparecieron y se llevaron al pequeño. O el del español José y su marido, que tardaron siete meses en sacar del país a su bebé porque la administración se negaba a emitir su pasaporte.

 

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