San Diego, el alma del sur de California

Enclavada a apenas unos kilómetros de la frontera con México, la ciudad destila encanto en cada uno de sus barrios

Vista de San Diego desde el puerto./
Vista de San Diego desde el puerto.
ÓSCAR BELLOTMadrid

Puede que Los Ángeles posea el glamour del cine y que San Francisco tenga el encanto que le proporciona ese espíritu abierto que hace que quienes la visitan, sea cual sea su origen, religión o preferencia sexual, sientan que están en casa. Pero algo más al sur, a apenas unos kilómetros de la frontera con México, hay un lugar que nada tiene que envidiar a estas dos urbes en cuanto a belleza. Con sus playas de aguas cristalinas y cálida arena, sus frondosos parques, su hermoso skyline y su pasión por todo aquello que tenga que ver con el mar, San Diego se erige como el rincón perfecto para descubrir el auténtico alma de California.

Octava ciudad más poblada de Estados Unidos con algo más de un millón de habitantes, San Diego acogió a finales del siglo XVIII la que fuera mayor misión de California, a cuyo cargo se encontraban frailes franciscanos españoles. No fue sino hasta 1848, tras la guerra con México, que el enclave pasó definitivamente a estar bajo el control estadounidense, transformándose rápidamente en una de las localidades más importantes de la Alta California.

A ese hecho contribuyó decisivamente su situación estratégica. Desde comienzos del siglo XX, San Diego se convirtió en un punto de referencia imprescindible para el negocio marítimo estadounidense. De esa época data la construcción de una base destinada a aprovisionar de carbón a los buques que surcaban el Pacífico y hoy en día acoge la mayor flota naval de todo el mundo.

Mirando al mar

La presencia militar y el orgullo que los habitantes de San Diego sienten por su condición de anfitriones de dicho despliegue es una de las primeras cosas que asaltan al viajero en cuanto pisa la ciudad californiana. El paseo marítimo, plagado de barcos que navegaron las costas siglos atrás y que hoy exhiben gallardos sus majestuosas velas para deleite de turistas y residentes, alberga al USS Midway, un impresionante portaaviones donado por la Marina a la ciudad y que en 2004 abrió sus puertas como museo, permitiendo a quienes se adentran por sus pasillos conocer de primera mano la historia de este coloso a través de visitas guiadas que tienen su punto culminante en la colección de 29 aviones de combate cuidadosamente restaurados. Entre ellos se incluyen aparatos que participaron en la Segunda Guerra Mundial, así como en los conflictos de Corea y de Vietnam.

Se codea el USS Midway con otros navíos de presencia mucho menos amenazadora aunque tan atractiva como la del Star of India, el velero más antiguo del mundo de cuantos aún se mantienen activos su construcción se remonta a 1863-, el transbordador Berkeley, de 1898, o el H.M.S. Surprise, réplica de la fragata Royal Navy del siglo XVIII que fue utilizado durante el rodaje de Master and Commander: Al otro lado del mundo (Peter Weir, 2003). No hay que perderse tampoco el B-39 submarine, que sirvió durante dos décadas a la Marina soviética y que, finalizada la Guerra Fría, fue a parar al Museo Marítimo de San Diego, uno de los más aclamados del mundo.

Tan reputado como el Museo Marítimo es otro de los imanes turísticos de San Diego, el zoo. Inaugurado en 1916, está ubicado en Balboa Park, una zona repleta de museos, restaurantes y teatros que recibe su nombre del explorador español Vasco Núñez de Balboa. El zoo cuenta con unos 3.700 animales pertenecientes a más de 650 especies y subespecies distintas. Tigres, osos, jirafas, monos o elefantes son algunos de los más demandados por las familias que pasan horas y días enteros en este vasto recinto, sin perder de vista a una de sus joyas, los pandas, que hacen las delicias de los más pequeños.

Pedazos de historia

Claro que quienes prefieran descubrir las raíces de California harían mejor en dejarse caer por el llamado Old Town, un parque situado en el casco antiguo de la ciudad en el que el tiempo parece haberse detenido en el siglo XIX, con casas de adobe y de madera, viejos ejemplos de la arquitectura colonial española, bares y restaurantes en los que degustar la cocina tradicional mexicana e incluso alguna carreta utilizada por los primeros habitantes de estas tierras en permanente tránsito hacia el oeste. Imposible dejar de pensar que en algún momento aparecerán un par de cowboys dispuestos a desenfundar para dirimir cuál de ellos se queda con la bella dama objeto del duelo.

Y para quienes gusten de pasar un relajado día de playa en un lugar lleno de historia, una última recomendación: la península del Coronado. Conectada con San Diego a través de un puente y de un ferry, alberga la Estación Aérea Naval de North Island, donde se entrenan los Navy SEAL, el cuerpo de élite de la Marina. Aunque si por algo es conocida es por el Hotel del Coronado, un exclusivo resort construido en 1888 en cuyas habitaciones se han hospedado desde leyendas del deporte como Babe Ruth, Magic Johnson o Muhammad Ali hasta políticos como Franklin D. Roosevelt, Ronald Reagan o Bill Clinton, entre otros. Escenario de películas como 'Con faldas y a lo loco' y series como 'Los vigilantes de la playa', este bello edificio mantiene el encanto de su arquitectura victoriana combinado con modernas instalaciones y el desarrollo de actividades de todo tipo para satisfacer las demandas de los huéspedes más exigentes. Internarse por sus pasillos es acariciar un pedazo de historia, una invitación a dejar vagar la mente con la esperanza de que, a la vuelta de la esquina, nos topemos con la Marilyn Monroe de turno. Al fin y al cabo, estamos en California, la tierra donde los sueños pueden, por qué no, hacerse realidad.