¿Qué se juega Italia en las elecciones del 4 de marzo?

Las coaliciones de derecha e izquierda, encabezadas por Berlusconi y Renzi respectivamente, y el Movimiento 5 Estrellas llegan a la jornada electoral con resultados muy ajustados según las encuestas

Interior del Parlamento de Italia./AFP
Interior del Parlamento de Italia. / AFP
EDUARDO PANEQUE , INFOGRAFÍAS: ENRIQUE SÁNCHEZ y

Italia busca salida a su laberinto político. De las elecciones del domingo 4 marzo surgirá el cuarto gobierno en cinco años, el primero elegido en las urnas en este tiempo. Desde la victoria, sin conseguir formar gobierno, de Pier Luigi Bersani en los últimos comicios –celebrados el 24 y 25 de febrero de 2013- tres miembros diferentes del Partido Demócrata han han estado al frente: Enrique Letta, Matteo Renzi y, el actual Primer Ministro, Paolo Gentiloni.

En un país que estrena ley electoral, crecen moderadamente los partidos fascistas, la inmigración lidera las encuestas acerca de las preocupaciones de los italianos y Silvio Berlusconi pasea por los platós de televisión como si su inhabilitación ya fuera cosa del pasado, el resultado se prevé incierto.

«El país se juega la estabilidad que las urnas no parece que le vayan a garantizar; Y más que Italia, Europa está pendiente de la calma política en un país clave», señala Jorge del Palacio, profesor del Departamento de Ciencia Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid. Un eventual bloqueo político que podría conducir tanto a una repetición electoral como a alianzas que hoy se antoja imposible pero podrían venir avaladas por un nuevo 'dedazo' del Presidente de la República, Sergio Mattarella, o el factible triunfo de la vía Berlusconi: colocar al actual presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, al frente del Gobierno, tal y como confirmó este mismo el pasado jueves.

Ha sido el último golpe de efecto del 'ex Cavaliere' para conseguir que su partido, Forza Italia, llegue a la meta como la formación más votada en esa dispar amalgama que confluye en la candidatura de centroderecha y de la que también participan la Liga Norte de Matteo Salvini y los Hermanos de Italia con Giorgia Meloni al frente. «Tajiani es la propuesta para ofrecer una imagen moderada en una coalición heterogénea que incluye a su formación, integrada en el Partido Popular Europeo, junto a líderes que se fotografían (el primero) con Marine Le Pen y (la segunda) con el cuestionado presidente de Hungría, Viktor Orban», explica Del Palacio. Extraños, o cuanto menos polémicos, compañeros de viaje.

Las palabras del filósofo Norberto Bobbio de hace más de dos décadas siguen retumbando: «El partido de Berlusconi es un partido personal en un sentido preciso, porque no es una asociación que ha creado un líder, sino un líder que ha creado una asociación».

Victoria de los antipopulistas

Todo apunta a que el Movimiento Cinco Estrellas volverá a ser la fuerza más votada aunque, como sucediera tras los comicios de 2013, sin mayoría parlamentaria suficiente para poder formar gobierno. Su líder, Luigi di Maio, no parece dispuesto a resignarse de nuevo: a cuatro días de la votación envió un email al Presidente de la República con la composición 'técnica' de su futuro gabinete. El M5E es la versión italiana de la 'antipolítica' que rechaza cualquier acuerdo postelectoral, lo que dificultaría su propia capacidad para hacerse con el poder a pesar de conseguir apoyos en todas las regiones. Sabedores de ello, y artificios mediáticos al margen, llevan meses moderarando su discurso. Los mismos que compartieron grupo con el UKIP (partido pro independencia de Reino Unido) en tiempos de Beppe Grillo, han eliminado de su programa, por ejemplo, el referéndum sobre la permanencia de Italia en la Unión Europea.

El M5E ha cambiado porque probablemente Italia también. Desde la dimisión de Silvio Berlusconi el 12 de noviembre de 2011 cuando la prima de riesgo marcaba los 495 puntos y el entonces presidente de la República, Giorgio Napolitano, colocaba a Mario Monti al frente de un gobierno técnico, la política italiana ha puesto varias veces el centrifugador: Sólo ha habido unos comicios pero tres personas han ocupado el puesto de primer ministro, sin que ninguno ganara unas elecciones; El Senado aprobó una reforma constitucional que fue rechazada en referendum por los italianos; Cuenta con una nueva ley electoral, se aprobó el matrimonio homosexual, una reforma laboral, recortes económicos, e incluso Matteo Renzi montó su particular 'Aló Presidente' a través de Facebook ('Matteo Responde').

Y aunque la Unión Europea coloca al país en la senda de la recuperación económica, el FMI ha situado recientemente su deuda en el 120% del PIB y su tasa de desempleo está torno al 11% (cuatro puntos por encima de la UE).

«A grandes rasgos, Berlusconi se vende como el empresario que sabe gestionar manteniendo sus promesas de reforma liberal y a pesar de que la crisis se lo llevó por delante», detalla el profesor de la Universidad Carlos III. Es una de esas paradojas que arroja la política italiana, donde a diferencia de sus colegas mediterráneos, un gobierno de centro-izquierda ha gestionado la crisis, sigue siendo pro europeo y el grueso euroescéptico está al otro lado.

La cuestión migratoria

Casi 3.000 personas perdieron la vida en el mar intentando iniciar una vida mejor en Italia, un país que llegó a recibir 5.000 inmigrantes en un fin de semana. Según datos de Naciones Unidas, se calcula que desde 2013 han llegado 600.000 personas desde el norte de África, el mismo número que dice ahora Silvio Berlusconi que expulsaría si la coalición centroderecha llega al poder. «Estamos ante una alarma social grave», advirtió hace unos días el ex primer ministro. Su candidato, Tajiani, fue más allá: «Europa debería repatriar a todos los inmigrantes ilegales y bloquear a los recién llegados». Un debate que se ha superpuesto en campaña sobre la economía y la seguridad, y que ha llevado a una reaparición de brotes fascistas aún minoritarios y concentrados en la capital.

El 71% de los electores ya ha convertido a la cuestión migratoria en el problema más importante que debe afrontar el futuro gobierno y «está movilizando los votantes de la Liga Norte cuyo lenguaje según se acerca la cita con las urnas es más bronco y xenófobo intentando convertirse en el partido al que puedan irse los nostálgicos», analiza Jorge del Palacio.

En este clima de tensión ascendente, un hombre disparó indiscriminadamente contra seis inmigrantes italianos al tiempo que gritaba '¡Viva Italia!' y efectuaba el saludo fascista. Sucedió en precampaña, el pasado 3 de febrero en Macerata, en el centro de Italia.

¿Quién ganará?

El nuevo sistema electoral y el numero grupo de 43% de votantes indecisos hacen difícil aventurar que alguien obtenga claramente la victoria en las elecciones del 4 marzo. Sí parece evidente que Italia camina hacia un parlamento sin mayorías y que requerirá de 'grandes (y heterogéneas) coaliciones'.

Inestabilidad o no, Berlusconi siempre gana

Los diferentes escenarios que se prevén dejan un claro vencendor: Silvio Berlusconi, inhabilitado para cargo político hasta 2019, salvo que Estrasburgo se pronuncie antes en sentido contrario. «Si hay Gobierno de centro-derecha, gana; si no hay Gobierno y es necesario repetir las elecciones, gana tiempo para presentarse de pleno derecho; e incluso se empieza a deslizar la idea de un posible pacto en Renzi y Forza Italia (negada en campaña por el ex cavaliere') como proyecto de transición», explica Jorge del Palacio, profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid.

El complejo día después no suena a nada nuevo. Los partidos políticos que configuraron la llamada 'partitocracia de la I República' sufrieron profundas transformaciones tras la reforma del año 1993. «Cambiar las reglas de juego supuso también cambiar los jugadores» dijo entonces el político y periodista italiano, Marco Follini. Y con esa postura conformista de convertir en habitual lo inestable, Italia suma 65 gobiernos en 73 años desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El último salido de las urnas, en febrero de 2013, no consiguió gobernar. El candidato del Partido Demócrata, Pier Luigi Bersani, venció con el 31,79% de los votos, un punto más que la formación de Silvio Berlusconi y siete por encima del Movimiento Cinco Estrellas. No consiguió repetir hegemonía en el Senado y, ante el presumible bloqueo en este hemiciclo, Bersani tiró la toalla.

Virtudes o en este caso defectos, del bicameralismo paritario italiano. Ambas deben dar la investidura al Ejecutivo, pueden presentar mociones de censura, aprueban los presupuestos o tienen iniciativa legislativa.

La ley electoral vigente basada en un sistema dual donde ¾ son elegidos por proporcionalidad extrema y los restantes a través de un voto mayoritario que busca una mayor estabilidad, deberían dar sus frutos. Si se hace caso a los inversores, esto no parece tan evidente. Muchos claman en las horas previas: «esperemos par ver cuán malo es lo malo que sucede».

Un 43% de indecisos y otro 47% que dice tenerlo claro serán los que dicten cuán difícil o no resultará resolver el puzle político italiano el día después.

 

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