Segundas partes que sí son buenas

Lidia Cano y Soraya Amigo han dado con la fórmula perfecta para conservar las mejores piezas del pasado e integrarlas en los hogares de hoy. ‘Reinventar’ para no tirar, para tener un hogar con personalidad y artículos exclusivos, con alma

Lidia y Soraya, junto a algunas de sus creaciones. /
Lidia y Soraya, junto a algunas de sus creaciones.
LORENA CODES

Para Lidia Cano y Soraya Amigo no hay artículos viejos, rotos, inútiles, averiados, desfasados, anticuados, sólo hay artículos fuera de contexto o por Reinventar. Así se llama la firma desde la que han decidido darle una segunda oportunidad a las cosas. Soraya estudió Escultura en su Valladolid natal y es restauradora. Llegó a Málaga hace doce años por motivos laborales y aunque dos años después no había necesidad de quedarse, la ciudad la había conquistado y decidió asentarse aquí. Por su parte, Lidia viene del mundo editorial, se dedicaba a la crítica literaria hasta que la crisis deshojó su rutina profesional. Lo de recorrer mercadillos en busca de viejos tesoros a las dos le venía de antes, de toda la vida. Antes incluso de que la filosofía eco-friendly o el vintage se pusieran de moda, Lidia y Soraya acumulaban piezas sin saber muy bien para qué. «Es un proceso casi mágico, como si el artículo te llamara, tienen una carga histórica o emocional que difícilmente puedes encontrar en las estanterías de un tienda», explica Cano.

Lo que era una afición de ambas por separado se convirtió en proyecto hace tres años, cuando Lidia y Soraya se conocieron y se dieron cuenta de que la pasión que compartían podía convertirse en una forma de vida. Tardaron unos cuantos meses más en darle forma a la historia, hasta que hace un año y medio se lanzaron a Reinventar todo tipo de objetos, cualesquiera. Si una lámpara no funciona, la arreglan; si un mueble está pasado de moda, lo pintan o le añaden algún detalle en algún material actual; si un artículo está hecho pedazos, ellas se rompen la cabeza hasta dar con una nueva función para esos trozos por separado. «La idea es no comprar nada, aquí sólo se tira de ingenio», insiste Soraya.

Donde algunos ven un sillón viejo otros se niegan a desprenderse del mueble que les recuerda a su abuela. Y ahí está la clave del éxito de su idea, las piezas no son sólo materiales inertes sino que poseen un componente emocional que no puede adquirirse en centros comerciales.

Recuerdos intactos

Dicen que es la parte más hermosa de su trabajo: «Cuando alguien nos trae un sillón, una mesa, cualquier cosa, y nos dice no quiero tirarlo, me recuerda a mi madre o a mi abuelo pero no encaja en la decoración de mi casa, sentimos que tenemos la responsabilidad de mantener intacto ese recuerdo». Así, una de las labores que más frecuentemente realizan es actualizar la imagen de antiguos muebles. «Se restaura la pieza y luego vemos opciones, con cambiar el color, decapar o tapizar con un textil más moderno tienes un mueble de mayor calidad y a medida», indica Amigo. Del mismo modo, inventan nuevos artículos a partir de pedazos de otros. Unos libros rotos se convierten en la base de una original lámpara o las manos de maniquíes abandonados se vuelven perchas de diseño insertadas en trozos de madera y pintadas de distinto color.

La otra pata del negocio es el vintage, que hace unos años era inconcebible y ahora funciona. Para Cano, los artículos de diseño de los 50, 60 y 70 aportan personalidad a los ambientes, tienen la capacidad de transformar una atmósfera. En este sentido, aseguran, no vale todo, hay que buscar los que estén en mejor estado. Para ello es imprescindible una buena labor de sabuesos. Los mercadillos de segunda mano son una fuente inagotable como proveedores, si se sabe comprar. Hay algunas claves, tal y como recalca Lidia Cano: «Ir al amanecer, incluso antes, nosotras a veces hemos llegado de noche y con linternas hemos dado con verdaderos tesoros». Además, tienen lo que ellas llaman una red de buscadores, amigos y conocidos que en cuanto ven algo que alguien quiera desechar las llaman inmediatamente.

Casi nada nuevo

La casa de Cano, en la zona del Paseo de Reding, es un ejemplo de la filosofía de Reinventar aplicada a un hogar. En su interior casi nada es totalmente nuevo, a excepción de algunas piezas de tiendas low cost como Ikea. «Nosotras no somos enemigas de tiendas así, de hecho han provocado un cambio en la sociedad española, que antes era muy parametrizada a la hora de decorar su casa y ahora se presta un poco más a la creatividad».

Precisamente, sobre la inventiva y la maña se ha construido el discurso de esta vivienda. En el recibidor, por ejemplo, conviven antigüedades con una composición de cuadros que albergan todo tipo de ocurrencias, obras de arte o símplemente imágenes que adquieren valor al caer en manos de sus propietarios. Así, entre las ideas que dan fe de que todo puede funcionar en el contexto adecuado, Lidia Cano ha ideado una combinación de cuadros redondos con motivos florales, los típicos de los que te reías en casa de tu abuela cuando eras pequeño y que juntos tienen un aire moderno y hasta transgresor. Más adelante, una vitrina exhibe un grupo de juguetes vintage con los que la sonrisa es inevitable. La primera edición de los muñecos de Epi y Blas de Barrio Sésamo, el Telesketch o un álbum de cromos de David El Gnomo son algunas de las joyas que se exhiben. «En los mercadillos vivimos situaciones realmente emotivas, como cuando un hombre de mediana edad vio los lápices de los ochenta con las tablas de multiplicar y se los compró a su hijo, explicándole que él los usaba de joven, casi con una lágrima en la mirada», relata Soraya Amigo. Pedacitos de vida, emociones encerradas en objetos a los que se les puede dar una nueva oportunidad y de paso contribuir a mejorar un mundo que se resiste a ser de usar y tirar.

 

Fotos

Vídeos