'Tito' descubre los secretos mejor guardados de la Cueva de Nerja

Miguel Joven, conocido por su papel en 'Verano Azul', ofrece desde hace siete años un recorrido exclusivo por la cavidad fuera del horario habitual, en el que se detiene en curiosidades que pasan desapercibidas para el resto de visitantes

Miguel Joven, en una de las visitas exclusivas. /SUR
Miguel Joven, en una de las visitas exclusivas. / SUR
Eugenio Cabezas
EUGENIO CABEZAS

La inmensidad de la Cueva de Nerja no deja indiferente a nadie. Recorrer sus galerías turísticas, que apenas representan un tercio del total, es todo un desafío para los sentidos. Sin embargo, la visita turística no permite conocer muchos de los secretos que esconde la cavidad, que está considerada como la auténtica catedral de la Prehistoria en el Mediterráneo. Pero hay una posibilidad de adentrarse en la gruta de otra manera, fuera del horario habitual, con las llamadas visitas especiales, de la mano de un guía de excepción, un auténtico enamorado del monumento natural, Miguel Joven, 'Tito', en la inolvidable serie de televisión 'Verano Azul'.

Coincidiendo con el 60.º aniversario del descubrimiento de la Cueva, que se ha conmemorado este sábado 12 de enero, Joven desvela para SUR algunos de los detalles más desconocidos de la gruta nerjeña, en la que lleva trabajando con estas rutas exclusivas desde 2012. «Es una forma muy distinta de visitarla, todo el que viene sale muy satisfecho, la redescubre, porque nos fijamos en los pequeños detalles», detalla el guía, que comienza las visitas llevando al grupo, de no más de treinta integrantes, a la Torca Chica, por donde se adentraron los cinco jóvenes mareños que la descubrieron hace seis décadas.

«Ese lugar ya les atrapa, y cuando empezamos a descender, con las luces apagadas, y nos asomamos a la primera gran sala, la del Ballet, y las encendemos, se quedan boquiabiertos», dice. En ese momento es cuando Joven repite una de sus frases favoritas: «Si esto os ha impresionado, esperaros al final, porque esto es sólo el principio». El recorrido conjuga explicaciones sobre los aspectos arqueológicos, biológicos y geológicos de la cavidad. «Lo más emocionante es cuando conseguimos ver algunos ejemplares de la fauna endémica, como los grillos de caverna o los murciélagos», apunta.

Según detalla Joven, las preguntas más frecuentes que le formulan los visitantes de estos grupos especiales giran en torno a cómo se descubrió el monumento, si les dieron un premio a los cinco descubridores, cuánto tardó en crearse la cueva, y si sigue formándose aún. «Les animo a abrir la boca en un punto donde el agua cae, y así comprenden cómo van creciendo las estalactitas y las estalagmitas, a un ritmo de un centímetro cada 100 años», describe el guía, quien reconoce que cuando alcanzan el punto más alto de las galerías turísticas, detrás de la Gran Columna, en la Sala del Cataclismo, las caras de sorpresa «son generales».

La visita nocturna se hace con linternas en los cascos.
La visita nocturna se hace con linternas en los cascos. / SUR

Y no es para menos, porque la enorme mole caliza mide, nada más y nada menos, que 34 metros de alto y tiene 18 metros de diámetro, lo que le valió para entrar en el Libro Guinness de los Récords. A su alrededor, enormes bloques de roca se amontonan, como consecuencia de un descomunal terremoto sucedido en esta zona hace más de 800.000 años, que hizo que inmensas piezas se desprendieran de las partes altas y cayeran al suelo. «La visita exclusiva dura alrededor de una hora y media, más del doble que la normal, y apenas cuesta cinco euros más», detalla Joven, quien asegura que son muchos los visitantes que se sorprenden por estas tarifas «para una experiencia que no se olvida jamás».

«En España tenemos muchas cuevas, en Huelva, Cantabria o en las Islas Canarias, pero ninguna de la inmensidad de la de Nerja», expresa el guía, que compagina este trabajo con el de embajador de rutas en kayaks por los acantilados de Maro, después de aparcar hace tres años los recorridos turísticos por los escenarios de la serie en la que se dio a conocer siendo un niño de apenas seis años, que desarrolló entre 2011 y 2016. «La modalidad nocturna, que hacemos los sábados, es la que más emociona a la gente, porque vamos con linternas, y la cueva está totalmente oscura, de manera que podemos sentir la emoción que debieron experimentar los descubridores», puntualiza.

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