La musulmana que construyó la Ermita de Nerja

El investigador local Francisco Capilla descubre que la granadina Bernarda Alférez fue juzgada por la Inquisición en 1727 por profesar en secreto la religión islámica

La Ermita de Nuestra Señora de las Angustias se inauguró en 1720 y es de propiedad municipal/Eugenio Cabezas
La Ermita de Nuestra Señora de las Angustias se inauguró en 1720 y es de propiedad municipal / Eugenio Cabezas
Eugenio Cabezas
EUGENIO CABEZAS

La Ermita de Nuestra Señora de las Angustias de Nerja es uno de los principales atractivos monumentales de la localidad más oriental de la provincia. Situada en pleno centro del municipio, cuando se construyó, en la segunda década del siglo XVIII, estaba bastante alejada de lo que entonces era el casco urbano, situado por aquellos tiempos en el entorno de la iglesia de El Salvador y el Balcón de Europa. La historia detrás de la ejecución de esta edificación religiosa esconde una circunstancia hasta ahora desconocida: su principal impulsora fue una criptomusulmana granadina, Bernarda Alférez, que fue juzgada por la Santa Inquisición. Así lo ha desvelado el doctor en Historia nerjeño Francisco Capilla, quien ha publicado el resultado de sus investigaciones en un artículo en su blog personal.

«Los criptomusulmanes eran personas que llevaban una vida totalmente normalizada dentro de la sociedad profundamente católica de aquella época, y que en secreto profesaban la religión musulmana», explica Capilla, quien señala que las últimas investigaciones históricas «están desmontando ese mito de que con la última expulsión de los moriscos, entre 1609 y 1614 ya desapareció por completo la religión musulmana en el país». «Al contrario, fueron muchas las personas que seguían profesándola, y éste fue el caso de Bernarda Alférez, una granadina casada con Luis López Enríquez de Alcántara, que en 1700 compró el ingenio de San Antonio Abad de Nerja», explica.

El investigador apunta en su artículo que se trata de «un matrimonio de conveniencia, como tantos otros», y que es Alférez la que aporta una dote de 24.000 ducados «en posesiones y alhajas de sumo valor, una elevada cifra comparable a las que proporcionan las hijas de prominentes familias granadinas de la época, moriscas o no, lo que demuestra la excelente situación económica de los Alférez», detalla. «Su marido era un cristiano viejo, y con la dote y los negocios que ya poseía consigue ampliar su actividad hasta alquilar el ingenio de Maro y comprar el de Nerja», continúa el historiador, quien sitúa la muerte de López Enríquez en 1713, cuando la ermita debió estar ya en obras o al menos haber sido proyectada, ya que la bendición se realizó en 1720, tal y como recoge una de las pinturas situadas en su interior y que aún hoy se conservan en perfecto estado.

El Ayuntamiento y la Junta cofinancian trabajos de rehabilitación del templo

Sin embargo, apenas seis años después el inmueble pasa a manos de su hijo mayor, Andrés. En 1727 se inició el proceso inquisitorial contra Bernarda Alférez, que se prolongó durante más de dos años, en los que esta granadina afincada en Nerja «perdió sus bienes, se le obligó a vestir el sambenito, se le condenó a cuatro meses de cárcel y fue desterrada de Granada y Madrid». Capilla ha descubierto que el proceso fue «benevolente» con ella porque tenía influencias a través de su difunto esposo. «Murió arrepentida y reconciliada con administración de sacramentos y eclesiástica sepultura», apunta Capilla.

La ermita pasó a ser propiedad del Ayuntamiento en 1853. Durante sus casi tres siglos de vida ha sufrido numerosas transformaciones. En su interior alberga valiosas pinturas de escenas religiosas de la escuela granadina, realizadas en la de década de 1730. En los últimos días han comenzados unas obras para rehabilitar el edificio, que presenta problemas de filtraciones y humedades, con un coste previsto de 166.094,18 euros, cofinanciados entre el Consistorio y la Junta y que ejecuta la empresa Hermanos Campano S. L., con una duración de cuatro meses. El Consistorio pretende impulsar su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC).

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