El malagueño Nacho Dean, el primer español en dar la vuelta al mundo a pie: «La humanidad es buena»

Publicación. Nacho Dean narra en 'Libre y salvaje' su experiencia alrededor del mundo a pie. Ahora prepara otro libro tras unir los cinco continentes a nado. /Lorenzo Carnero
Publicación. Nacho Dean narra en 'Libre y salvaje' su experiencia alrededor del mundo a pie. Ahora prepara otro libro tras unir los cinco continentes a nado. / Lorenzo Carnero

Solo cinco personas más han conseguido su gesta. «Pasé un mes sin ver a nadie», afirma

SUSANA ZAMORA

Como rezaba el poema de Machado, Nacho Dean (Málaga, 1980) ha hecho camino al andar. Han sido 33.000 kilómetros a pie, saltando de un continente a otro, solo y al límite de la supervivencia. Quería cumplir un sueño y se lio la manta a la cabeza. Durante tres años lo abandonó todo: familia, amigos y trabajo. Por su hazaña, fue nominado a los premios Discovery Awards 2014 y a los Premios Princesa de Asturias 2015 en la categoría de la Concordia.

– ¿Qué le pasó para levantarse un buen día y coger carretera y manta?

– Me costó mucho tomar la decisión, pero en este mundo estamos de paso y no quería dejar la oportunidad de conocer el planeta. En nueve meses, tenía planificada la aventura. Fue difícil dejar trabajo, familia y amigos; salir de la zona de confort y enfrentarme a la incertidumbre. Era un sueño personal, pero también quise lanzar un mensaje para la preservación de la naturaleza.

– ¿Se hace camino al andar o eso con los GPS actuales ya solo es pura poesía?

– Yo viajé con mapas y brújulas, del modo más clásico imaginable. Sin duda, la vida es un camino y se hace recorriéndolo, en el sentido más poético. Vamos descubriendo cada día según lo vivimos; no hay nada escrito.

Ha sobrevivido a un atentado terrorista en Dhaka (Bangladesh), contrajo la fiebre chikungunya en Chiapas (Mexico), le asaltaron miembros de la Mara Salvatrucha en El Salvador, pasó hambre y sobrevivió a las fieras... ¿Le tiene miedo a algo?

– A todo eso, pero no puedes dejar de hacer las cosa por miedo.Pasé mucho miedo en México, entre los estados de Veracruz y Tabasco. Era un tramo de carretera muy solitario y a lo lejos vi un grupo de tres personas armadas con cuchillos y me preparé para un asalto inminente. Al final pude zafarme. Pese a todo, he descubierto que la humanidad es buena.

Si uno no sabe qué ropa llevarse para una semana de vacaciones, ¿qué mete en una maleta para dar la vuelta al mundo?

– Lo básico. Hay que llevar muy poco peso y llevé una tienda de campaña, un saco de dormir y una esterilla; dos mudas de ropa, una puesta y otra de repuesto. Un botiquín, agua, comida, un cuchillo, cuerdas, un cuaderno y un portátil desde donde iba contando lo que hacía en redes sociales.

Con 33.000 kilómetros a sus espaldas, no habrá ganado para zapatillas...

– Comencé con dos pares y sobre la marcha, las cambiaba. En total, 12 pares. Sale a 3.000 kilómetros el par en función de la calidad del calzado y el tipo de terreno.

– ¿Qué huella han dejado en usted tantos kilómetros?

– Una huella bastante grande. He visto el tamaño del planeta y sé qué dimensiones tiene y no es tan grande, razón de más para cuidarlo.

– ¿Por qué no África?

– Mi idea inicial fue recorrer América desde el norte hasta el sur, pero cuando terminé Australia era invierno en el hemisferio Sur. En mi ruta tenía que atravesar el desierto de Atacama (Chile) y pensé que era el mejor momento para hacerlo. Por eso empecé por el sur y cuando llegué a EE UU ya tenía España muy cerca. Había dado la vuelta al mundo y pisar África ya era secundario.

Viaje al interior de uno mismo

– ¿Pierde uno la cabeza cuando pasa tantas horas solo?

– Hay que ser muy consciente del momento y el lugar en el que estás, porque eres muy vulnerable. Vas distanciándote del ritmo de las ciudades y vas conectando con tu yo más interno y con la naturaleza. He estado un mes sin ver ni hablar con nadie y recuerdo que cantaba, hablaba solo o inventaba papeles de películas.

Tanto desconectó que hablaba con 'Jimmy Águila Libre', su carrito de trekking...

– Antes de empezar el viaje, ya me sugirieron que le pusiera un nombre, pero me negué porque era un objeto. Pero un día, en Australia, el fuerte viento lo arrastraba y fue entonces cuando me dirigí a él y le dije: 'Bueno, Jimmy, ¿a dónde vas? ¿Tienes ganas de volver a casa?'.

Alucinaría al toparse con un paquete de patatas fritas en mitad del desierto de Australia...

– Aquello fue casi como una aparición mariana. Llevaba semana racionando la comida y de pronto me encontré con ese capricho, pero las patatas eran a la sal marina. Imagínese, en un desierto comiendo algo salado, pero no pude resistirme. Abrí el paquete y luego me bebí una botella de agua.

– ¿Le sabrían a gloria?

– A terracita, solo faltó la cervecita bien fría.

– ¿Qué queda del Nacho que emprendió aquel 21 de marzo de 2013 su aventura personal?

– Queda mucho, pero volví siendo una persona más agradecida; muy consciente del milagro de estar vivo y muy humilde. Después de ver cómo vive el resto de humanidad, uno valora más lo que tiene.

Después de tomar el pulso al planeta, ¿cómo está el enfermo?

– Está bastante grave y no somos conscientes de ello. En la India hay barrios enteros que son basureros, en donde viven familias con niños que salen a recoger desechos, playas llenas de plásticos y contaminación ambiental y acústica que no apreciamos hasta que nos distanciamos.

– ¿Se permitió algún lujo?

– Alguno. De vez en cuando dormía en buenos hoteles y comía bien. Aunque los mayores lujos fueron los atardeceres, el canto de los pájaros y los cielos estrellados que pude ver.

Personal

Un malagueño aventurero.
Hijo de marino, sabe lo que es cambiar de residencia con frecuencia. Viajar lo lleva en las venas, por las que circula sangre irlandesa y griega. Amante del deporte y la aventura, siempre soñó con recorrer el mundo a pie... y lo cumplió.
Con presupuesto propio.
Este titulado en Publicidad y Relaciones Públicas y técnico en Medio Ambiente tiró de ahorros para su aventura, que le costó unos 35.000 euros. Contó con alguna donación y mucha ayuda por el camino.