Armengual de la Mota: el obispo malagueño que llegó a la corte de Felipe V

Relacionado con la ciudad por la calle que lleva su nombre, su vida da para un libro: fue un niño pobre del Perchel, pero tuvo la suerte de estar en el sitio adecuado y en el momento justo. Esta es su historia

Armengual de la Mota: el obispo malagueño que llegó a la corte de Felipe V
ANA PÉREZ-BRYAN

Probablemente a la mayoría de los malagueños les sonará su nombre por ser una de las principales vías comerciales del centro de la ciudad, pero Lorenzo Armengual de la Mota es mucho más que eso; o al menos la historia del personaje que le dio el nombre a la vía. Porque Armengual de la Mota existió: nació en Málaga, en el barrio de El Perchel, en el año 1663 y aunque su trayectoria es casi desconocida para su ciudad de cuna, en Cádiz es una eminencia y su nombre ha quedado ligado a la historia de la ciudad por haber sido, entre otras cosas, el obispo que puso la primera piedra de su catedral. Por no hablar de la huella que dejó en la corte de la época.

Pero la trayectoria de Lorenzo Armengual de la Mota comienza muchos años antes, y no precisamente vinculada al ambiente eclesiástico al que accedería poco después. La vida del entonces pequeño Lorenzo fue el ejemplo claro de que las oportunidades existen, o de que estar en el lugar adecuado y en el momento adecuado puede cambiarte la vida. Hijo de José Armengual y Teresa de la Mota, sus padres eran unos modestos pescadores que vivían en El Perchel y que se dedicaban a la venta callejera del pescado. Como no podía ser de otra manera en un hogar con estrecheces, el chaval ayudaba a sus padres y él también 'voceaba' la mercancía. Un día se cruzó en su camino Antonio Ibáñez de la Riva Herrera, el canónigo de la catedral de Málaga que en su paseo cotidiano por la playa de San Andrés reparó en el pequeño Lorenzo y le compró algo de género.

Aquel encuentro casual cambió su vida para siempre, porque el religioso adivinó en el pequeño las cualidades necesarias para llegar lejos y lo acogió bajo su protección. Aquello representó no sólo un alivio económico para el modesto hogar de José y Teresa, sino la oportunidad impagable de acceder a unos estudios y a una formación a la que de otra forma nunca habría podido aspirar. El pequeño Lorenzo comenzó a estudiar en la Escuela de Gramática del Cabildo de la Catedral de Málaga, y posteriormente inició sus estudios como seminarista menor. El vínculo estrecho con su protector, que lo trató como a un hijo, siguió por otras ciudades, ya que Lorenzo lo siguió cuando éste fue nombrado obispo de Ceuta o arzobispo de Zaragoza. Precisamente en aquella ciudad el joven se ordenó sacerdote, y ocupó sus primeros cargos de cierta relevancia en la escala eclesiástica. La biografía de Lorenzo Armengual de la Mota habla de una formación académica constante y además marcada por el éxito en los estudios, por eso no es de extrañar que a pesar de su juventud ya destacara en filosofía, teología, derecho canónico y derecho civil; un bagaje que terminó por abrirle las puertas por mérito propio.

De Zaragoza a la corte de Felipe V

Armengual de la Mota permaneció unos años más en Zaragoza, donde dejó un importante legado (ayudó a fundar el Montepío) y ejerció como auxiliar del obispo, pero en el año 1705 el rey Felipe V, en plena Guerra de Sucesión, le pide que se incorpore a la corte como gobernador del Consejo Real de Hacienda, según recoge el investigador Antonio Lara Villodres en su libro 'El Marquesado de Campo Alegre. Don Lorenzo Armengual de la Mota: Un ilustre malagueño en la corte de Felipe V' (Arguval).

Fueron años convulsos para Armengual de la Mota, que pronto fue ganando peso y presencia en la corte por su competencia y habilidad extraordinarias a pesar de que la situación política y económica de aquellos tiempos. En otra de las referencias biográficas del malagueño, en este caso firmada por el doctor en Historia Francisco Glicerio Conde (La Voz Digital, 2011), se hace referencia a que éste estuvo presente en todos los asuntos de relieve del monarca, que en gesto de agradecimiento por sus servicios no sólo le dio el título de Marqués de Campo Alegre -que heredaría posteriormente su hermana- sino que lo propuso ante el Papa Clemente XI como obispo de Cádiz.

Fue allí, en la ciudad andaluza, donde el legado del obispo Armengual de la Mota tuvo mayor calado, entre otras cosas porque él fue el encargado de colocar la primera piedra de la catedral el día de Año Nuevo de 1723 (otras crónicas, sin embargo, adelantan la fecha un año). Además, fue el artífice de la construcción de la Iglesia de San Lorenzo, en el barrio del mismo nombre de Cádiz, un templo de referencia en la ciudad y que comparte con Málaga una singularidad: la calle que discurre por el costado de la parroquia recibió en el año 1855 el nombre de calle Armengual en honor al obispo nacido en Málaga, de modo que ambas ciudades tienen en sus callejeros sendas vías en homenaje al prelado (aunque en el caso de Cádiz es sólo Armengual, no Armengual de la Mota).

Tal fue su dedicación y entrega a la iglesia de San Lorenzo, que él fundó, que quiso que a su muerte sus restos reposaran para siempre al pie del altar mayor. Lorenzo Armengual de la Mota falleció en 1730, a los 67 años, y en el templo gaditano hay una inscripción que lo recuerda con su interminable lista de títulos y méritos: Don Lorenzo Armengual y de la Mota, natural de Málaga, canónigo de la S. I. C. Metropolitana de Santiago. Visitador y vicario general del Arzobispado de Zaragoza, consejero real y camarista de Castilla, presidente del Consejo Real de Hacienda, superintendente general del mismo Ramo y del Despacho Universal en el Real Gabinete, consejero del Consejo de Estado.

Pero el obispo tampoco olvidó a su Málaga natal en su testamento, ya que parte de su legado se destinó a obras caritativas. Una de ellas, precisamente, tuvo como destino la iglesia de San Pedro, en el barrio que le vio nacer y a apenas un puñado de metros de la calle Armengual de la Mota, esa calle que a pesar de todo esconde la historia de uno de sus hijos olvidados.

 

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