Roma, la capital plató

Postal del film 'Vacaciones en Roma' en uno de los puestos de recuerdos de la capital italiana./
Postal del film 'Vacaciones en Roma' en uno de los puestos de recuerdos de la capital italiana.

Los escenarios elegidos por multitud de directores de cine componen una ruta singular para admirar la ciudad eterna con otros ojos

ANDER CARAZOroma

Visitar Roma es como adentrarse en los decorados de algunas de las películas más famosas de la historia. Además de las hazañas y venganzas de gladiadores y emperadores, la Ciudad Eterna ha sido el escenario de los relatos de amor más dulces y las batallas más legendarias.

El mundo ha descubierto Roma sin moverse de la butaca a través del ojo cinematográfico de Federico Fellini y la figura de Alberto Sordi, pero se dice que todos los caminos conducen a esta ciudad y allí han trabajado directores tan dispares como Willian Wyler, Anthony Minghella, Jane Campion, Gus Van Sant o, el último, Woody Allen. Tras Londres, París y España, el director neoyorquino ha grabado en Roma su próximo estreno, Bop Decameron. Una cinta en la que actuarán entre otros Ellen Page, Alec Baldwin, Penélope Cruz o Roberto Benigni.

«Le aconsejo que se tome unas cortas vacaciones», le recomendaba Gregory Peck a la princesa Audrey Hepburn en Vacaciones en Roma (1953). Aquella escena dirigida por William Wyler en la Plaza de España hizo que los 135 escalones, construidos por orden del papa Benedicto XIII, sean el lugar elegido por miles de turistas para tomarse un helado emulando a Audrey y sentarse a ver la vida pasar.

Los más atrevidos pueden alquilar una vespa para visitar la Ciudad Eterna, como hacían en el citado film. Eso sí, a decir verdad, es poco aconsejable, porque para ello hay que ser o un loco o demasiado mitómano: el tráfico en Roma es imposible.

Circuito de velocidad

Las calles son un circuito de velocidad, escasean los semáforos, las señales parecen invisibles para los conductores, y el código de circulación es un buen recurso para calzar las mesas. En ese recorrido, Peck y Hepburn que fue oscarizada por esta película pasan por la Piazza Venezia.

Allí se encuentra el monumento más grande de Europa y que fue levantado en honor de Victorio Emanuele II, el primer rey de la Italia unificada. Algunos lugareños lo llaman el pastel de boda, por su forma, su blanco impoluto y su apariencia extremadamente empalagosa.

Otro punto muy visitado tras el estreno de la película es la Bocca Della Verita. Se dice que esta antigua alcantarilla con cara de hombre tiene un poder mágico. «Si un embustero mete la mano por esa rendija, la boca se la morderá», explicaba Peck en el filme. Pese a la leyenda, el número de mancos en Roma no es mayor que el de otras ciudades.

El cineasta William Wyler no se conformó con aquellas vacaciones en Roma y seis años después volvió a utilizar esta ciudad para filmar su mayor éxito como director, Ben Hur (1959). Pese a que se grabó dentro de los estudios de Cineccitá, la escena más reconocida de la película y, tal vez, una de las más famosas de la historia del cine tuvo lugar en el Circus Maximus de la Ciudad Eterna.

Hoy en día es solo una inmensa campa, que pasa inadvertida para muchos turistas. Hace dos mil años, en este punto se encontraba el estadio más grande del mundo, con 600 metros de largo y con capacidad para más de 250.000 espectadores. En aquel Maracaná de la edad antigua se celebraban las carreras de cuadrigas y allí tuvo lugar la épica lucha entre Judah (Charlton Heston) y Messala (Stephen Boyd).

La majestuosidad de aquella época se conserva en el famoso Coliseo, con capacidad para 70.000 personas. Sobre la arena de este monumento patrimonio de la humanidad desde 1980 han peleado gladiadores reales o ficticios de la talla de Espartaco, Barrabás y Máximo Décimo Meridio (Gladiator), encarnados por Kirk Douglas, Anthony Quinn y Russel Crowe, respectivamente.

Un estado en la ciudad

Roma puede ser la única ciudad que tiene un estado escondido entre sus calles. El Vaticano: el país más pequeño del mundo, pero el más influyente. La cúpula de San Pedro es visible desde casi todo Roma y ha aparecido en un ciento de películas.

Una de las más famosas tal vez sea Las sandalias del pescador (1968) en la que el primer papa ruso interpretado también por Anthony Quinn decide hipotecar todos los bienes de la Iglesia para dar de comer a los pobres. Y es que, una vez visitados la catedral y los Museos Vaticanos, uno conoce (en parte) la riqueza del catolicismo.

Hasta hace poco más de un siglo, el poder del Santo Padre en Roma era absoluto. Ellos mandaron construir algunos de los monumentos modernos más famosos de la ciudad. Uno de ellos fue la Fontana di Trevi, levantada por orden del papa Clemente XII. Pero consiguió parte de su popularidad gracias a una película que poco gustó a la iglesia, La dolce vitta (1960).

En este film, dirigido por Federico Fellini, la atractiva Annita Ekberg vaga por el centro de Roma y cuando se encuentra con esta enorme fuente barroca dedicada a Neptuno, no se reprime y se baña en sus aguas. Numerosas personas tratan de emular esa sensual escena cada año, pero muchos acaban visitando un lugar que no estaba en su guía deviajes: los calabozos de los carabinieri.

La tradición dice que si alguien quiere volver a Roma debe tirar de espaldas una moneda a la Fontana di Trevi, pero muchos lanzan dos o incluso tres. Esta confusión también tiene un origen de película. En Three coins for love (que fue traducida en español por Creemos en el amor), tres amigas lanzan otras tantas monedas a la fuente para volver a Roma. Con la confusión, el ayuntamiento recauda diariamente alrededor de 3.000 euros, que al menos se dedican a temas benéficos.

Vittorio De Sica también fue uno de los realizadores que mejor retrató la Ciudad Eterna en su filmografía. Son memorables sus escenas de la Piazza Navona y la fuente de los Cuatro Ríos en el film Ayer, hoy y mañana (1964), con Sophia Loren y Marcello Mastroianni, o el barrio del Trastevere ahora muy de moda en El ladrón de bicicletas (1948).