El mosqueo de los políticos

Están irritados y desconcertados porque notan el creciente desapego ciudadano hacia ellos

JAVIER RECIO
El mosqueo de los políticos

Andan especialmente 'moscas' los políticos con lo que va a pasar el 25 de mayo. Y no sólo por el resultado, lo que es normal, sino porque están desconcertados ante la actitud de la gente. Vamos, que no saben si se van a quedar compuestos y sin su gran fiesta de la democracia (perdón por la expresión). Las perspectivas no son nada optimistas. En estos días se puede contemplar cómo mucha gente da la espalda a los grupos de políticos que están repartiendo merchandising, que no saben muy bien a quién dirigirse para no encontrarse con un gesto mal encarado o para no escuchar un abucheo como le ha ocurrido a Valenciano. Esto es especialmente grave, porque no hay que olvidar que son los representantes de los ciudadanos, y el divorcio entre ambas partes cada vez se hace más patente. Están estigmatizados. Y esto no es precisamente para alegrarse. Pero la culpa es básicamente de ellos. No se puede aseverar que el creciente desapego es fruto de la radicalidad de las redes sociales, que no dejan de ser un reflejo de la sociedad. Radicales, moderados, maleducados, mentirosos, demagogos y gente honesta las hay en las redes y fuera de ellas. Los políticos tienen que cambiar. La sociedad lo ha hecho. Han cambiado las formas de relacionarse, hay nuevos modelos de familia, nuevas condiciones sociales y laborales. Y ellos, que han propiciado muchos de esos cambios, son bastante inmovilistas en sus comportamientos. Por ejemplo, no se entiende que se mantenga un modelo como este de la campaña electoral, que no hay quien la soporte. Antes se podía entender que los aspirantes a unas elecciones necesitaran un par de semanas para visitar la mayor parte del país porque los electores no tenían tanto acceso a los medios de comunicación de masas. Pero hoy resulta un martirio. Para ellos los primeros. Los políticos están un día sí y otro también en los informativos de las radios, las televisiones, los periódicos y en las citadas redes sociales. La gente tiene bastante decidido qué va a votar, en el caso de que lo haga. No tiene sentido celebrar unos mítines en los que lo que realmente importa es controlar qué agrupación del partido no ha movilizado a sus militantes para llenar el polideportivo de turno. Todo parece muy falso, como si de un escenario de cartón piedra se tratara. Eso además cuesta dinero. Y lo peor es que sale de las arcas públicas. Si al menos se lo pagaran con las cuotas de los afiliados, pues allá ellos. Pero no es así. Habría que legislar que la campaña durara una semana, que la pagaran de su bolsillo y que fuera obligatorio celebrar un debate televisado. No más. Tienen que reaccionar. Así no pueden seguir, siendo para los ciudadanos la parte del problema, no de la solución. Para ilusionar de nuevo deben volver a sus orígenes. Ahora, en las ejecutivas y reuniones de los partidos no se habla de política, sino de conspiraciones de tal o cual y de cómo seguir teniendo el control de los mismos. Los ciudadanos quieren otro modelo. Es normal que anden mosqueados. Y que los políticos estén con la mosca detrás de la oreja.

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