«Las mujeres son los fantasmas de la arquitectura moderna»

La profesora de Princeton Beatriz Colomina retrata la «obsesión» de Le Corbusier por Eileen Gray para ilustrar el ocultamiento de las grandes diseñadoras

FRANCISCO GRIÑÁNMÁLAGA.
Beatriz Colomina, ayer, en la Biblioteca del Museo Picasso Málaga. :: Álvaro Cabrera/
Beatriz Colomina, ayer, en la Biblioteca del Museo Picasso Málaga. :: Álvaro Cabrera

Valdría para una de esas preguntas de 'Saber y ganar' que te dejan balbuceando sin acertar a decir nada inteligible: ¿Cite algún nombre de mujer de la arquitectura? Difícil respuesta, ¿verdad? Las grandes marcas del urbanismo responden a los apellidos de Foster, Andreu, Pelli, Gehry, Koolhaas, Nouvel, Moneo o Calatrava, entre otros. Todos hombres. «Este mundo es de mucha testosterona», constataba ayer Beatriz Colomina, profesora de Historia y Teoría de la Arquitectura de la Universidad de Princenton (Nueva Jersey, EE UU), que cerró ayer el ciclo 'Mujeres y arte de vanguardia' del Museo Picasso Málaga. Su análisis dejó pocas dudas sobre el momento actual: «Las mujeres son los fantasmas de la arquitectura moderna».

Colomina (Madrid, 1952), que ha estudiado en profundidad las relaciones entre la arquitectura y la tecnología y los medios de comunicación, recurrió precisamente a uno de esos fantasmas con nombre de mujer para ilustrar la tesis de su charla: 'Eileen Gray, Le Corbusier y las políticas sexuales de la arquitectura moderna'. Ella, una arquitecta y diseñadora irlandesa olvidada por el tiempo y recuperada en las últimas décadas, y él, un afamado urbanista que no necesita presentación y que vivió influenciado por la figura de esta mujer y por la famosa residencia que la creadora se construyó en Cap-Martin, en la Costa Azul francesa. «Tal fue la obsesión d el arquitecto por aquella casa de vacaciones que se autoinvitaba y en el año 1938 llegó incluso a pintar en sus paredes ocho murales, como si marcara el territorio», explicó la autora de los libros 'Doble exposición: Arquitectura a través del arte' y 'La domesticidad en guerra', que añadió algo de suspense al explicar que el ingeniero y diseñador francés murió a los pies de aquella vivienda.

La historia es que Gray no quedó muy contenta con los murales pintados sin permiso y no prestó más su casa. A lo que Le Corbusier contestó construyéndose una pequeña cabaña desde la que vigilaba la casa de la diseñadora irlandesa. «Ella la llamaba la 'casita del perro' y el arquitecto murió allí mismo», recordaba ayer Colomina, que resaltó la paradoja de que aquella pequeña construcción se rehabilitara, mientras que la gran residencia de verano permaneció destrozada hasta que las denuncias sobre su estado obligó a su recuperación.

Acompañada por la arquictecta y directora del ciclo, Maite Méndez, y del director del Museo Picasso, José Lebrero, Beatriz Colomina viajó del pasado al presente para constatar que la situación, a nivel profesional, no ha cambiado tanto: «No estamos mucho mejor que entonces, porque ya en las escuelas de arquitectura más de la mitad de los alumnos son mujeres, pero después desaparecen», criticó la especialista que incluso puso el ejemplo de Zaha Hadid, una de las pocas ganadoras del premio Pritzker. «Ha sido capaz de tomar ese rol del arquitecto heroico de nuestro tiempo», pero por el hecho de ser mujer se le tacha de «diva», comentó.

El trabajo de Grey también sirvió a Colomina para contraponer la arquitectura vacacional que proyectó en la Costa Azul con las urbanizaciones que han colapsado el mediterráneo español y la Costa del Sol. «Hemos malvendido el litoral de nuestro país», dijo la profesora de Princenton.

Junto a la influencia de la irlandesa, Colomina también se refirió a la colaboración de Charlotte Perriand con Le Corbusier y de Lilly Reich con Mies van der Rohe. «Al estudiar el trabajo de las diseñadoras se altera la historia del arte porque, muchas de las cosas que firmaban grandes nombres, lo hicieron las mujeres», sentenció.

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