Fran Kapilla busca el do de pecho

El director afincado en Málaga mezcla ópera, 'thriller' y misterio en 'Las hijas de Danao', su salto al largometraje

ANA PÉREZ-BRYANMÁLAGA.
El cineasta malagueño Fran Kapilla, junto al resto del equipo de su película 'Las hijas de Danao', ayer, en el Albéniz. :: Yhasmina García/
El cineasta malagueño Fran Kapilla, junto al resto del equipo de su película 'Las hijas de Danao', ayer, en el Albéniz. :: Yhasmina García

Fran Kapilla disfruta en estos días de un festival que nada tiene que ver con la cita del año pasado. Al menos para él. Entonces participaba en el certamen con el aperitivo de su proyecto soñado bajo el brazo, el trailer de 'Las hijas de Danao', y ahora regresa con esa íntima satisfacción del deber cumplido, con la película 'calentita' y con la certeza de que «está perfecta». El director, mitad valenciano mitad francés pero afincado en Málaga, hace días que se sacudió los nervios del estreno de su primer largometraje -proyectado ayer en el ciclo Estrenos Especiales- porque casi todos se los dejó en el rodaje y en la producción de la cinta. «No ha sido un camino fácil», admitía Kapilla horas antes del estreno en Málaga, que celebra como «lo más grande que me puede pasar».

Curtido en lo audiovisual en un buen puñado de cortometrajes, videoclips y spots publicitarios, el realizador se ha embarcado en una historia «a lo grande» con la que además le hace un guiño a otra de sus grandes pasiones: la música clásica. «Las recuerdo en mi vida desde siempre, de hecho el primer disco que me compré era de música clásica», recuerda el director.

Sobre guión, que también firma Kapilla, 'Las hijas de Danao' es un 'thriller' que combina «dramatismo, misterio, acción e investigación» y que arranca en los ensayos de una gran ópera, donde una conocida soprano recibe una amenaza anónima. Del caso se encargarán dos detectives «singulares», que emprenderán un camino entre el glamour y la sordidez. Para dar realismo a la trama, el realizador decidió trasladar el rodaje nada menos que a uno de los templos de la ópera, París, un lugar que se convierte casi en un protagonista más de la película por la generosa presencia de exteriores y además porque la trama se desarrolla con los graves disturbios que sucedieron en la capital francesa en el año 2005 como telón de fondo.

Entre París y Málaga

La experiencia del rodaje, que también reparte parte de su peso en escenarios de Málaga, ha sido «inolvidable», en palabras de Kapilla. El hecho de mover el set de grabación entre España y Francia le ha permitido además, contemplar con cierta envidia -sana- las diferencias «entre las facilidades que te dan allí y todas las dificultades que te encuentras aquí». «Los permisos los dan muy rápido y allí se cuida y se respeta mucho el trabajo del que está con las cámaras en la calle. Recuerdo por ejemplo un día de rodaje, en plena plaza de la Ópera, cuando de repente aparcaron delante nuestra dos furgones de antidisturbios y en el momento en que se dieron cuenta de que estábamos trabajando se quitaron inmediatamente», celebra el director, muy agradecido también «de la naturalidad y las ganas de colaborar de la gente».

La clave para que todo encajara como las piezas de un puzzle a la hora de estirar el presupuesto y hacer más con menos estuvo «en la planificación». «Todo estaba muy medido para que nada fallara y el equipo sabía exactamente lo que tenía que hacer en cada momento», admite el director, que en el capítulo de las interpretaciones se ha rodeado de Paco Roma, Fran Millán, Beatriz Rico, Susanna Pauw y Mónica Aragón. Además, cuenta con un cameo del pintor malagueño Antonio Montiel, que por obra y gracia del cine cambia el pincel por la batuta para meterse en la piel de un director de orquesta. Pero sólo en la ficción. En el plano real, el auténtico director de orquesta ha sido Fran Kapilla, capaz de dar el do de pecho y de hacer música (y cine) a pesar de que el escenario general -el de la industria- ande un poco desafinado.

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