El autor confeso de la muerte de la profesora la siguió hasta Burgos cinco días antes del crimen

El detenido, que reconoció ayer los hechos ante la policía, viajó en un coche compartido a Aranda del Duero, donde la víctima pasaba la semana blanca

JUAN CANOMÁLAGA.
El presunto asesino de la profesora, esta mañana. / Carlos Moret/
El presunto asesino de la profesora, esta mañana. / Carlos Moret

Ana Isabel González, la profesora de 47 años degollada el miércoles por su expareja en Torremolinos, aprovechó la semana blanca para viajar a Aranda del Duero, su ciudad natal, y reencontrarse con la familia. También con el hombre con el que había empezado una relación, un amigo de toda la vida con el que volvió a ilusionarse, según su familia.

Ella no lo sabía, pero su presunto asesino la siguió hasta allí. Carlos Río, su expareja y autor confeso del crimen, hizo un insólito viaje hasta la localidad burgalesa. Contactó a través de BlaBlaCar -una web cuyos usuarios comparten coche y gastos- con una joven estudiante que vive en Marbella y que se iba a desplazar a su ciudad para ver a su familia.

Carlos contestó mediante un WhatsApp al anuncio que la chica colgó en la página de Internet. Estaba interesado en el viaje. «Lo recogí el viernes a las cinco de la tarde en Torremolinos», comenta la joven, que iba acompañada de una amiga. «Me regateó un poco con el precio. Yo entendí que iba a Madrid y acordamos que me pagara 25 euros, pero en realidad pretendía ir a Aranda. Ya que estábamos allí, le dije que se subiera».

Tras pasar a por él, se desplazaron a Málaga para recoger a una universitaria que compartió con Carlos el asiento trasero del vehículo. «Nos preguntó si conocíamos a alguien en Torremolinos. Mi amiga le contestó que sí, una chica de Aranda que trabaja con su marido en un restaurante». Según la joven, él no dijo nada. Pero a todas luces sabía perfectamente de quién se trataba. Era la prima de Ana.

«Un tipo raro»

Las ocupantes del coche coinciden en definirlo como un «tipo raro». Apenas habló por el camino. En la primera parada que hicieron, las tres mujeres entraron en un bar de carretera para tomar un café y él se quedó fuera chateando por el móvil. Durante el viaje, se comió un bocadillo que guardaba en una mochila, el único equipaje que llevaba.

Cuando dejaron a la universitaria, que se quedó en Madrid, reanudaron brevemente la conversación. «Le preguntamos si conocía a gente en Aranda, y respondió que sí, pero que no iba a ver a nadie. Nos dijo que iba a hospedarse en el albergue y que quería pagar 11 euros como mucho por el alojamiento», recuerda una de las jóvenes que viajó con él. «Yo le expliqué que el albergue estaba cerrado», añade otra ocupante del coche.

Las dos chicas trataron incluso de ayudarle a encontrar techo. «Mi amiga llamó a una pensión que conocía, pero estaba completa. Le ofrecimos acercarlo al centro, y no quiso. Sólo nos preguntó si hacía frío. Todo aquello nos pareció muy extraño. Un hombre que viajaba a Burgos sin alojamiento, que no iba a ver a nadie, y tan sólo a pasar el fin de semana... ». Porque también les contó que pretendía volver el lunes a Torremolinos, intentando compartir con ellas el billete de vuelta. Pero la conductora del vehículo regresaba el martes. Y Ana volvía el domingo para incorporarse a su trabajo en el colegio Mar Argentea.

Les pidió que lo dejaran en la avenida de Castilla, que es la entrada principal viniendo desde Madrid. Lo último que supieron de él fue un comentario que escribió en BlaBlaCar, donde puso que había sido un viaje muy agradable. Hasta ayer. Cuando vieron en las páginas de SUR la imagen del hombre que acabó con la vida de Ana Isabel González, se quedaron «heladas». La fotografía era exactamente la misma que Carlos tenía en el WhatsApp de su móvil. «He llamado a mi amiga y le he dicho: 'Este es el tío al que trajimos el otro día'. No se lo podía creer».

El presunto asesino de la profesora durmió anoche en los calabozos de la comisaría de Torremolinos. Ayer, los investigadores le tomaron declaración. Como ya hiciera con los médicos que le atendieron tras su supuesto intento de suicidio, a los que confesó que había matado a Ana, también admitió el crimen ante los agentes. Según las fuentes consultadas, habría declarado que pensó autolesionarse para hacerla sentir culpable y que, en un momento de ofuscación, la atacó con un cuchillo. Al parecer, no lo cogió en el domicilio de la víctima, sino que ya lo llevaba encima cuando fue a verla.

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