El curso llega al ecuador con problemas crónicos en los colegios públicos

Los ajustes presupuestarios eternizan obras pendientes y la renovación o reparación de ordenadores y pizarras digitales La tardanza en cubrir las bajas del profesorado y la ausencia de auxiliares de administración, otros de los principales escollos

M. ÁNGELES GONZÁLEZMÁLAGA.
Placa de hierro en la puerta del gimnasio del Rosa de Gálvez, que lleva más de un año cerrado. ::
 Guisado/
Placa de hierro en la puerta del gimnasio del Rosa de Gálvez, que lleva más de un año cerrado. :: Guisado

Un gimnasio que está cerrado desde el curso pasado, un ascensor instalado hace seis años y que nunca se ha puesto en marcha, unas pistas deportivas que se hunden y siguen sin arreglarse dos años después o unos pasillos exteriores que esperan desde hace más de cinco meses a que se retomen los trabajos para cerrarlos e impedir que se cuele el frío y los ruidos de la calle. Son algunos de los problemas de colegios públicos de la provincia que ven cómo se eternizan obras pendientes a consecuencia de los ajustes presupuestarios. Los mismos que mantienen asfixiados a los centros escolares por la falta de fondos y que impiden que se arreglen o renueven ordenadores y pizarras digitales que se han quedado obsoletos.

A estas 'enfermedades' crónicas de los centros de Infantil y Primaria se suman la tardanza en cubrir las bajas del profesorado -como mínimo hay que esperar diez días hábiles- y la ausencia de monitores escolares, que en noviembre dejaron de prestar sus servicios como auxiliares de administración, otros dos de los grandes escollos con los que se encuentran los responsables de los colegios, según el presidente de la Asociación de Directores Asadipre, Juan Bueno, que denuncia que a mitad de curso numerosos centros aún no han recibido ni un euro de la partida para gastos de funcionamiento. Esto ha obligado a algunos a endeudarse con sus proveedores y, con carácter general, a recortar al máximo en material o teléfono.

«Debemos recibos a la empresa de mantenimiento, a la de las fotocopiadoras y a editoriales», dice el director de un colegio de Fuengirola, que dice que recientemente han recibido el primer pago del presupuesto para el curso actual, «una mínima parte que hemos destinado a saldar deudas».

Además, paradójicamente, con menos dinero y cobrando más tarde que nunca, tienen que hacerse cargo del mantenimiento y arreglo de los equipos informáticos, ya que la Consejería de Educación no se responsabiliza una vez que pasan los dos años de garantía y tampoco ha procedido a su renovación a pesar de que este material está obsoleto según los responsables de los centros. En algunos han llegado a estropearse al mismo tiempo el 30% de sus ordenadores sin recibir respuesta de la administración.

Contratar a empresas

Ante ello, muchas escuelas han optado por contratar y pagar a empresas que se hagan cargo de los arreglos, aunque en el peor de los casos hay que adquirir piezas muy caras y cuyo gasto no pueden afrontar, como explica el director de un colegio de Estepona: «La lente de las pizarras digitales se queman con el tiempo, van perdiendo calidad hasta que no se ve, pero nosotros no podemos pagarla».

La tardanza en cubrir las bajas al establecer el Gobierno central un plazo mínimo de diez días hábiles está repercutiendo en la organización y en la calidad de la enseñanza, advierte Bueno, que explica que cuando un docente se ausenta suele hacerse cargo de su clase el compañero de refuerzo, «lo que provoca que se deje de prestar ese servicio». La situación se vuelve más problemática cuando el profesor de baja imparte especialidades como Inglés o Música. «Si quien está disponible para dar su clase no domina la materia se limita a atender a los niños pero no se imparte nada», apunta una responsable de un colegio de la capital.

La ausencia de monitores escolares desde que en noviembre no se les renovó el contrato también afecta a la organización de los centros. A estos problemas generales se suman los particulares de cada centro, que en muchos casos también se eternizan sin que las administraciones les den una solución. Es el caso del CEIP Rosa de Gálvez de Las Virreinas, donde los alumnos no pueden utilizar el gimnasio desde que en otoño de 2012 una tromba de agua lo dejó inutilizable. El techo cedió ocasionando una grieta sobre la puerta que impide que se pueda abrir. No se ha abierto desde entonces, y lo único que se ha hecho es colocar una placa de hierro sobre la puerta para evitar accidentes.

En el CEIP Miraflores de los Ángeles llevan más de cinco meses esperando a que se retomen las obras para el cierre de los pasillos exteriores y la instalación del ascensor, paradas desde el verano después de que Educación rescindiera el contrato con la adjudicataria. En el colegio Arquitecto Sánchez Sepúlveda de Alozaina el ascensor sigue sin inaugurarse aunque se instaló hace seis años porque el gasto que conllevaría no se considera prioritario en un momento de recortes, explican fuentes de la dirección.

Un año de reclamaciones

En el CEIP Nuestra Señora del Carmen de Estepona llevan un año reclamando el arreglo de las pistas deportivas, que se están hundiendo y los desniveles y las grietas pueden ocasionar heridas a los alumnos, según el director, Rafael Aguilar, que denuncia que la Junta tarda más de un mes en sustituir a los cocineros cuando se dan de baja.

El patio de infantil del CEIP El Torcal sigue inudándose cuando llueve y en el San Miguel de Nerja siguen esperando que les construyan un servicio en el comedor para que los niños no tengan que salir fuera. En el Sohail de Fuengirola confían en poder volver a utilizar después de Semana Blanca las ocho aulas que llevan cerradas desde noviembre de 2012 por las filtraciones del techo. Según su director, Damián Uriel, las obras, asumidas por la Junta, se terminarán la próxima semana y «podremos retomar la normalidad». También esperan volver a la rutina los alumnos del colegio Los Prados, que según Educación podrán regresar a sus aulas en el tercer trimestre.

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