Juanmistas

El secretario de Estado tiene claro que no puede encabezar el PP andaluz con la etiqueta de discípulo de nadie. Ha llegado su momento, después de aguantar varios meses en un discreto segundo plano hasta que la cúpula le diera la bendición para su gran apuesta: Andalucía

JAVIER RECIO
Mariano Rajoy, Elías Bendodo, Juanma Moreno Bonilla y Ana Corredera, en la convención del PP andaluz en enero de 2012. ::                             CARLOSMORET/
Mariano Rajoy, Elías Bendodo, Juanma Moreno Bonilla y Ana Corredera, en la convención del PP andaluz en enero de 2012. :: CARLOSMORET

Juanma Moreno ha ganado la que sin duda ha sido su carrera más dura. Ha conseguido imponerse dentro del partido a otros compañeros que estaban mejor situados en la línea de salida y que incluso no dudaron en dar por ganada la competición antes de tiempo. Pero se equivocaron al dar por vencido al malagueño. El secretario de Estado de Asuntos Sociales tiene la mente puesta en Andalucía desde hace meses. Pero optó por una táctica discreta, por no quemarse, sabedor de que el que primero se expone en el escaparate suele ser aniquilado. No se sabe muy bien por qué, pero eso es así. Que se lo pregunten a José Luis Sanz, que ha sido el último en sufrir esta máxima. Quien haya mantenido alguna reunión en los últimos meses con Juanma Moreno sabe que el núcleo de la conversación giraba siempre sobre el PP andaluz y sobre las posibilidades reales que veía en optar a presidir la Junta de Andalucía. En 'petit comité' nunca ha ocultado que estaba dispuesto a asumir esta tarea. Era su gran apuesta personal, aunque más de uno le apuntaba, sin segundas intenciones, lo aventurado que era adentrarse en este territorio comanche para los peperos. Y más teniendo una buena posición en Madrid, con galones de secretario de Estado y con muchas posibilidades de llegar a ser primer espada de un ministerio. Moreno Bonilla lo tenía claro porque tiene claro lo que tiene que hacer en Andalucía. Así al menos lo cuenta a sus interlocutores. Incluso no duda en soltar un argumentario improvisado contra acciones puntuales de Susana Díaz, a la que ya tiene fijada como su gran enemiga política. Pero antes ha tenido que ganarse la confianza entre los suyos y, sobre todo, del que lo ha avalado digitalmente: Rajoy. Y ahí empieza su nuevo reto. Detrás queda ya cuando en el mes de octubre se pasó de frenada en el Congreso de los Diputados diciendo que se descartaba para ser el candidato a presidir la Junta por el PP. Sus más allegados vivieron un momento crítico, pues todos los medios de comunicación destacaron este hecho sabedores de que era, objetivamente hablando, un candidato con muchas posibilidades. Sus valedores, que los tiene y que han demostrado ser muy buenos, no dudaron en matizar aquella declaración, propia del fragor de la dialéctica parlamentaria. En las últimas semanas, Juanma Moreno ha estado muy pendiente del teléfono y ha vivido un par de sobresaltos importantes cuando se dio por segura la candidatura del secretario general del PP-A, José Luis Sanz. El presidente provincial del PP de Málaga, Elías Bendodo, ha tenido un papel fundamental en el triunfo de Moreno, pues no ha dudado en poner sobre la mesa la conveniencia del malagueño, enfrentándose a la propia Cospedal. Pero se ha hecho de manera discreta. El malagueño ha vuelto a demostrar que es un buen estratega. Y se la ha jugado por su compañero y también amigo, que paradojas de la vida será ahora salvo sorpresa de última hora su jefe de partido en la comunidad. Ha sido el encargado de vender sus bondades para que llegaran a oídos de la cúpula del PP. También ha tenido el apoyo de compañeros de Gobierno, y ahí la figura de la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría, un valor cada vez más en alza en el PP, ha sido fundamental. Juanma Moreno, que se enteró ayer a primera hora de la mañana de que contaba con el aval de Rajoy cuando estaba en la puerta de su casa con sus dos hijos a los que iba a llevar al cole, ha intentado en las últimas semanas luchar contra el sambenito que le han querido colgar sus 'enemigos' dentro del propio PP, al señalarlo como un arenista. Es cierto que gracias al ex presidente del PP andaluz tuvo un gran ascenso dentro del partido como presidente de Nuevas Generaciones y como 'fontanero' en Génova. Moreno Bonilla es joven, tiene 43 años, pero no es novato. Ha mamado el PP y acaba de demostrar cómo desenvolverse. El tapado, que es un decir porque siempre ha estado en las quinielas, ha sabido esperar su momento sin estridencias. Y sabe que no puede ir como sucesor o discípulo de. Tiene claro que para ser el jefe del PP-A tiene que crear un nuevo liderazgo, con personalidad propia, una tercera vía que le ayude a controlar y apaciguar el partido. Tiene el reto de crear una nueva figura entre los populares: la de los juanmistas. Y él debe ser el primero de esa lista.