Marcos Gómez Sancho: «Los médicos sufrimos acoso por parte de una Administración insaciable»

Presidente de la Comisión Deontológica de la OCMEste experto considera que la crisis ha supuesto un deterioro en la relación entre los facultativos y los pacientes que atienden

ÁNGEL ESCALERA AESCALERA@DIARIOSUR.ESMÁLAGA.
Marcos Gómez Sancho ha sido jubilado al cumplir 65 años. ::
                             ÑITO SALAS/
Marcos Gómez Sancho ha sido jubilado al cumplir 65 años. :: ÑITO SALAS

Anestesiólogo especializado en cuidados paliativos, Marcos Gómez Sancho es el presidente de la Comisión Deontológica de la Organización Médica Colegial (OCM). Hace unos días estuvo en Málaga en un acto celebrado en el Colegio de Médicos, organizado por el secretario general del colegio, Manuel García del Río. El doctor Gómez Sancho asegura en esta entrevista que los médicos sufren el acoso de una Administración insaciable en números y cifras y se enfrentan a una cada vez mayor funcionarización de la medicina.

-¿Por qué se decidió modificar el código de deontología de la Organización Médica Colegial (OCM)?

-El que había tenía diez años de antigüedad. Había que actualizarlo, pero era tal la actualización que teníamos que hacer que decidimos elaborar un código nuevo. La medicina en los últimos cincuenta años ha cambiado más que en los cincuenta siglos precedentes. El ritmo de los avances médicos hace que haya que estar muy atento para actualizar las normas deontológicas.

-¿Qué filosofía impregna el nuevo código?

-Queríamos que fuese un reflejo de la actividad médica en el mundo de hoy. Lo primero que se hizo fue una tormenta de ideas. Al final, hubo cinco capítulos nuevos enteros respecto al código anterior.

-¿De qué se ocupa la deontología médica o ética médica?

-Se ocupa del buen quehacer médico. Por eso, hace falta un código donde se exprese claramente cómo se deben hacer las cosas bien en la actividad profesional. Esa es la razón fundamental de ser de los colegios de médico y de por qué debe ser obligatoria la colegiación. El médico que no esté colegiado no está obligado a seguir este código de deontología; los ciudadanos no tienen, esos casos, la garantía de que quien les atiende se rige por un código que le obliga a hacer las cosas bien.

-¿La sanidad pública vela por el cumplimiento del buen quehacer médico?

-Muy poco, por no decir nada. La Administración se ocupa del principio ético de la no maleficencia, es decir, de que no se hagan las cosas mal, pero no se ocupa de la beneficencia, o sea, de que se hagan bien. Un gerente obliga a los médicos a que cumplan su horario y a que pongan tratamientos correctos, pero jamás obliga, ni puede hacerlo, a que sean afectuosos y cariñosos con los enfermos.

-¿Y cómo puede arreglarse esa circunstancia?

-Los pacientes tienen una gran necesidad de que su médico sea beneficiente, afectuoso, cercano, cariñoso, que inspire confianza. Eso se resuelve gracias a la tradicional vocación de los médicos. Sin que nadie se lo exija, surge de ellos ser beneficientes con sus enfermos. El problema es que la medicina actual está tan funcionarizada y los médicos nos encontramos cada vez más apretados por la Administración que los profesionales están más a disgusto e incómodos. Cuando el médico está muy presionado, cobra menos y le exigen más ,influye en la atención a los enfermos.

-¿Cuáles son las actitudes más frecuentes que entran en colisión con la buena práctica médica?

-La relación entre médicos y enfermos, que siempre estuvo basada en el afecto, en lo que Laín Entralgo llamaba «la amistad médica», está en crisis. El médico tiene un aura y la sociedad deposita en él una confianza general. Eso hace que su sola presencia ya tenga un efecto beneficioso. La relación médico-enfermo es crucial y está en crisis, porque se ha tecnificado excesivamente (cada vez tenemos menos tiempo para atender a los pacientes). La vocación se ve enturbiada por el acoso al que, en ocasiones, los médicos nos vemos sometidos por una Administración insaciable en los números y las cifras.

-¿La crisis económica que sufre España desde hace varios años ha agudizado esos problemas?

-Es fácil pensar que la crisis ha contribuido al deterioro de la relación asistencial con los pacientes. La Administración se preocupa poco por los profesionales; se preocupa poco por algo tan importante como es el aspecto humano. No ha llegado a comprender que, como en cualquier empresa, el capital humano es lo más importante. Está el ejemplo de los médicos a los que nos han jubilado este año como consecuencia de la crisis. Se ha hecho de una manera absolutamente deshonrosa e inmoral. Después de 40 años en el hospital Doctor Negrín de Las Palmas, de haberme dejado la vida en mi trabajo, me despidieron a través del papelito que me dio una funcionaria. Lo cuento para que se dé cuenta de lo que les importamos los médicos a la Administración. Se nos ha jubilado de malas formas y siguiendo rigurosos criterios económicos. Para ahorrar dinero. Eso, antes o después, tendrá un impacto en la atención a los enfermos. Ninguna plantilla está sobrada. Si se las restringe, necesariamente tiene que repercutir en la asistencia.

-Usted es experto en cuidados paliativos. ¿Cómo está en España ese tipo de asistencia que se ofrece en la última etapa de la vida?

-Los cuidados paliativos comenzaron a aplicarse en España en los años ochenta. Lo que tenemos ahora son servicios de cuidados paliativos insertados en los hospitales generales. El 50 por ciento de los pacientes que se atienden tienen cáncer. La otra mitad se reparte entre enfermos que necesitan un modelo parecido al dado a los pacientes oncológicos.

-¿Qué médicos son los que se encargan de los cuidados paliativos?

-Oncólogos médicos, oncólogos radioterapeutas, internistas, médicos de familia y algunos anestesiólogos, como es mi caso. Ha llegado el momento de definir qué titulación tienen que tener los profesionales que se dedican a los cuidados paliativos. Pensamos que no debe de ser una especialidad. En Europa es muy difícil que se acepte la creación de otra especialidad. Aspiramos a que sea un área de capacitación específica (ACE), es decir, que médicos que disponen de una especialidad relacionada con eso hagan luego una superespecialidad por definir. Esta ACE de cuidados paliativos figuraba en el borrador del anterior Gobierno, pero ha sido suprimida por el actual Gobierno en el último borrador de troncalidad de formación profesional avanzada.

-¿Los hospitales públicos están preparados para hacer frente a la demanda de cuidados paliativos que existe?

-Algunos, sí; otros, no. El desarrollo de los cuidados paliativos es muy desigual en España, porque depende de 17 consejeros. En algunas comunidades están bastante desarrollados y en otras la situación es escandalosamente deficiente. Andalucía está en un nivel intermedio, con equipos excelentes que están trabajando mucho Exigimos que haya una ley nacional, básica, reguladora, de obligado cumplimiento para todo el país.

-Debe de ser duro para un médico atender a un paciente cuando se sabe que ya no hay curación, ¿no?

-Yo soy anestesiólogo y he salvado la vida a centenares de enfermos graves en el servicio de urgencias de un hospital y jamás nadie me ha dado las gracias. Sin embargo, estos pacientes terminales, que se mueren todos, hay que ver la forma que tienen de mirarnos, de estrecharnos la mano, de darnos las gracias constantemente. Recibimos por parte del paciente y sus familiares un reconocimiento a nuestro trabajo que es un motor poderosísimo que nos ayuda a seguir con esta tarea.