Curro Romero: «Ha sido un visto y no visto»

El extorero cumple 80 años rodeado de amigos: Los del Río, La Duquesa de Alba, Ainhoa Arteta...

ISABEL IBÁÑEZ
La cara, en 1960, la primera vez que salía a hombros por la Puerta del Príncipe de la Maestranza de Sevilla. Abajo, la cruz, en 1987, abandona Las Ventas protegido por la Policía. :: R. C./
La cara, en 1960, la primera vez que salía a hombros por la Puerta del Príncipe de la Maestranza de Sevilla. Abajo, la cruz, en 1987, abandona Las Ventas protegido por la Policía. :: R. C.

Le da tanto asco el olor de la sangre que no quiere ni pisar las carnicerías; ¡odia que mutilen al toro! y por eso en vez de enarbolar orejas, los trofeos de su faena, prefería una ramita de romero, símbolo que lucen en su pechera los 'curristas'; fue vegetariano estricto durante cinco años; acabó en comisaría en más de una ocasión por negarse a matar al animal... Vamos, que podría ser un antitaurino de manual. Pero no, es Curro Romero (Camas, Sevilla, 1 de diciembre de 1933), una leyenda viva. Acaba de cumplir 80 años que han sido «un visto y no visto», dice. «Cuando era un niño, hasta los 12, 13 años, la vida transcurría muy despacio, tenías la cabeza muy limpia, pero desde que me hice torero eso se acabó, le das mil vueltas a todo. Se me ha pasado volando».

- Y cuánto han cambiado las cosas, Curro... Cataluña se ha quedado sin plazas y la crisis azota un espectáculo caro, en el que te juegas al 50% que salga mal por los toreros, los toros, la lluvia... ¿Qué futuro le espera a la fiesta?

- Esta crisis afecta a todo y a los toros más, porque la entrada es más cara que en el fútbol. Los chavales no tienen dinero para ir a menudo. Los aficionados de mañana son los chavales de hoy, y si no van no se aficionan... Pero toreros sigue habiendo, y la gente sale contenta de las plazas... Aun así, yo creo que lo superaremos, sí.

- ¿Ve más peligro en la crisis que en el movimiento antitaurino?

- Sí. No son más que un grupito, que hace daño, sí, pero no una mayoría que pueda ganar la batalla.

- ¿No les entiende algo más hoy, desde la distancia?

-Mmm, sí les entiendo. Vamos, no les entiendo, pero les respeto... Bueno, en realidad son unas personas muy ignorantes de lo que es el toro... que vive de maravilla hasta que se lidia. Otros animales ni ven la luz del día y se los cargan muy chiquitos, ni un año tienen, y los cuatro años del toro son muchos. Estos que protestan se comerán también la carne de esos animalitos, ja ja, creo yo que sí.

Difícil decir algo sobre el Faraón que no se sepa ya. Tanto ha sido lo que se ha escrito sobre él... A favor y en contra, porque a ningún aficionado ha dejado indiferente y porque ningún otro torero ha sumado tanto amor y tanto odio a la vez. Cosa que a él se la trae al pairo: «Es importante que haya gente en contra, tener polémicas, que yo no las montaba, pero en el fondo es muy bueno. Ahora, me he sentido muy querido, de lo malo yo me olvido. De una tarde buena te acuerdas más que de una fea». Cuenta Francisco López Barrios en su libro 'Mágica ceremonia' que un 'currista' rompió una botella en la cabeza de un aficionado que estaba criticando a su ídolo. Tras la correspondiente denuncia, el juez absolvió al agresor con el insólito argumento de que ser 'currista' es como practicar una religión, y que estaban atacando sus creencias. Añadiendo que todo esto ocurría en Sevilla, no hace falta dar muchas vueltas para concluir que el magistrado también era seguidor del diestro de Camas. Anécdotas de estas, a miles, pero de pronto sorprende con su etapa vegetariana. ¿Un matador de toros que no come carne? Esto ya es demasiado. El tema surge cuando se le pregunta por la ramita de romero.

- Entonces, era porque le daba cosa coger las orejas cortadas.

- Pues sí, es muy desagradable porque el toreo es muy bonito y si te manchas pareces un carnicero. Y las orejas... Un animal tan bello que colabora con el torero, que se mate y lo mutilen, que le corten el rabo y las orejas... pues no lo veo. Muchos pueden pensar 'claro, como él cortó pocas', jaja. Pero no, cuando me las han dado no me ha gustado llevarlas en la mano y por eso lo del romero.

- Ahora dirá que es vegetariano...

- Pues a finales de los 70 fui vegetariano por mi madre, que pasó así 30 años. Ella me decía 'esto es muy bueno, Curro, hazlo aunque sea por temporadas'. Lo probé y me gustó, y estuve cinco años sin carne, ni pescado ni huevos...

- ¿Por qué lo dejó?

- Pues no sé, ja ja ja, a lo mejor me cansaría. Pero comía muchas legumbres, verduras, frutas, frutos secos... Estaba fortísimo y delgado. Me sentía muy bien.

Su mujer, Carmen Tello, que le ha regalado, cuenta ella, «dos corbatas y unos gemelos», le está preparando una comida para celebrar su cumpleaños, que fue el pasado domingo. «Van a venir -añade- unos cuantos íntimos, veinte: Los del Río, Cayetana de Alba, Ainhoa Arteta, unos amigos médicos...».

La vaca que le comía el pie

Curro sale cada día a caminar con su esposa sobre las diez, después de desayunar y leer los periódicos. «Solemos andar seis o siete kilómetros diarios, que pienso que es el mejor deporte, lo que hacía yo cuando toreaba. Si llueve, pues media horita de bici estática. Luego llegas, te duchas, comes y a esperar la hora del dominó. El dominó siempre me ha gustado, me distraigo mucho, voy casi todas las tardes al Círculo Labradores, un club de Sevilla donde somos socios, y echamos la partida de dos a tres horas, estoy con los amigos, me tomo un cafelito...».

Vamos, como cualquier jubilado, aunque de vez en cuando acompañe al tentadero a Pepe Ruiz, el nieto de su hermano, que quiere ser torero. Dice otro Ruiz, Rafael, la mitad de Los del Río, grandes amigos del diestro, que la gente no sabe en realidad cómo es Curro: «Es un hombre sencillo, amable y con mucho sentido del humor, muy tímido, pero te hace reír mucho. Y desde que se jubiló está más centrado y sereno que nunca. Es que tiene mucho arte, este hombre es arte puro».

- ¿Curro, cree que la gente tiene una idea equivocada de usted?

- Hombre, pues a bote pronto quizá parezca serio, y sí, pero me gusta reírme mucho y pasármelo bien. Me gusta estar con las personas que te hacen la vida agradable.

- ¿Sueña con toros?

- No me ha pasado nunca. Bueno, una vez soñé que estaba con una vaca en un tentadero. Me cogió, me tiró al suelo y ¡empezó a comerme el pie! Lo pasé muy mal, porque se lo metió en la boca... ¡Y se lo comía, se lo comía! No he vuelto a soñar más esas cosas.

En una ocasión le preguntaron por qué no toreaba miuras. Y dicen que no es torero de frases lapidarias, pero esta es buena: «Los miuras, ni de recién nacíos». Su gran amigo, el escritor y periodista Antonio Burgos ha desgranado su vida paso a paso en libros y artículos. A él le habló así sobre uno de esos momentos para olvidar: «Voy buscando ese toro que me embista y ya quisiera que me embistiese más a menudo. (...) Era un toro movido, toreado. Intenté matarlo por todos los medios, con un peligro grande. El toro se venía a mí y a todos los toreros que se ponían delante. Ya me di por vencido, porque aquel toro no se podía matar. Y mis miedos fueron terribles porque veía que me cogía, y sin pena ni gloria. Era una locura intentar matarlo».

Una tarde en la Maestranza, un aficionado enojado se levantó y gritó: «Curro, otro día te va a venir a ver tu madre... y yo». 'Currista' al fin y al cabo. Porque si las cosas iban bien, iban muy bien. Siete veces salió a hombros de Las Ventas. Valga esta frase de Antonio Burgos sobre su despedida, en octubre de 2000: «Queda este sentido del tiempo que se nos ha echado encima de golpe. Tú quizá no lo sepas, Romero, pero a efectos de la historia del toreo, el domingo en La Algaba, acabó de verdad el siglo XX».