Carolina Marín: «Si no gritas a una china, piensa que estás apagada, que te rindes»

La mejor jugadora española de bádminton de la historia impulsa a las nuevas generaciones con sus triunfos y su actitud

JAVIER BRAGADOMADRID.

Carolina Marín ha subido un par de escalones hacia el éxito. Sin embargo, comprender la magnitud de su mérito se complica ante la ausencia de precedentes cercanos con los que compararse. Incluso la andaluza debe fijarse en otro deporte para explicar su situación: «Mi referente es Rafa Nadal, lucho por todos los puntos hasta el final y eso me ha dado más de una victoria y más de un campeonato». Fue la primera española en ganar un torneo internacional de élite, la pionera ibérica en alcanzar los cuartos de final de un Mundial y se despidió de los Juegos Olímpicos con una victoria y una derrota cuando contaba con sólo 19 años. En Asia habitualmente la reconocen en la calle, la detienen para fotografiarse con ella y la piden autógrafos o su camiseta. En la India participó en una de las competiciones más populares después de que un equipo pagara 10.000 dólares por su participación. En 2012 el Odense la fichó para disputar media docena de partidos en la potente liga danesa y la federación continental la premió como la mejor joven de Europa.

Los triunfos en el año 2013 se han disparado. Después de aprobar la selectividad Carolina se concentró en el bádminton y superó un nuevo récord al ser la primera española que ganaba una prueba de élite. «No me esperaba ganar el torneo de Londres porque llevaba quince días de competición y tenía molestias. Pero tampoco el de Escocia porque estuve seis semanas parada por una lesión de rodilla», recuerda una semana después de subir al podio de Glasgow.

El ascenso hasta los triunfos no ha sido sencillo. Agarró su primera raqueta de bádminton a los ocho años para acompañar a una amiga al polideportivo que había junto a su casa. «Fui un día, me gustó muchísimo y me enganché», recuerda quien a base de talento y actitud escaló a saltos con victorias en torneos regionales hasta que el seleccionador español Fernando Rivas la reclutó con 14 años para el Centro de Alto Rendimiento de Madrid. El traslado de la adolescente a la capital española resultó «durísimo» desde su querida Huelva. Hija única, con sus padres recientemente separados, debió adaptarse a una vida nueva basado en el proyecto de un deportista de élite. Su carácter superó los sacrificios bañados con alguna lágrima para dominar el golpeo de los volantes.

Al fin y al cabo no era la primera vez que debía elegir en una encrucijada sobre su futuro. «A los 12 años tuve que decidir entre el flamenco y el bádminton. Tomé una buena decisión porque el flamenco no me iba a dar mucho más de lo que tenía allí y el bádminton sí que me está dando todo lo que quiero», explica. Mantuvo su determinación a pesar de la nostalgia. «Ha cambiado muchísimo. La diferencia es un abismo porque cuando llegó era una niña y aunque todavía guarda ramalazos ya es una mujer de 20 años con la que la comunicación y el razonamiento es totalmente diferente», repasa su preparador casi una década después.

Pero la onubense no se ha detenido en mitad de la escalera para embobarse con sus éxitos. Su espíritu ambicioso obliga a otear el horizonte en busca de otro listón y tampoco le van a permitir estancarse. «El objetivo es que llegue hasta las cinco mejores del mundo», asegura Rivas. «Quiero conseguir la medalla de oro en el Europeo absoluto de abril. El Campeonato del Mundo será en agosto, en el último hice cuartos y me gustaría luchar por las medallas y estar entre las 10 mejores del ranking mundial», secunda con convicción su pupila. «Prefiero pensar a corto plazo pero, al fin y al cabo, todo esto es para preparar los Juegos Olímpicos», añade Carolina Marín, mientras que la federación apuesta por una medalla en Río de Janeiro.

Gritar para ganar

Agresiva en su juego, con un látigo en su brazo izquierdo, su éxito se basa en una mezcla de actitud y aptitudes para emplear cualquier recurso a su alcance. «Carolina es una jugadora muy competitiva, muy difícil de batir. Cuando tiene un objetivo y un plan de juego establecido en la pista es un enemigo bastante peligroso que puede estar a la altura de cualquiera del mundo», razona su entrenador. «Siempre analizo a mi rival antes de jugar. Por ejemplo, a las chinas les influye mucho cuando les gritas porque ven que sigues ahí luchando, que no te rindes. Si no lo haces, piensan que estás apagada y se refuerzan», explica la jugadora, que tiene unas cuerdas vocales que podrían envidiar Monica Seles o Maria Sharapova.

Fuera de la pista su carácter competitivo se invierte y se transforma en una simpatía que contagia tan velozmente como su forma de hablar. «Es muy alegre, muy espontánea», dice el seleccionador. «Cuando entramos nuevas para incorporarnos nos ayudó porque lleva muchos años», comenta Clara Azurmendi, promesa de 15 años que se entrena junto a ella para andar el mismo camino. Precisamente, la vasca, campeona de España sub-15, sub-17 y sub-19, apunta como su sucesora y observa sus lecciones. «Siempre está ahí para todo, incluso entrenando te ayuda a corregir. Como jugadora tiene una muy buena actitud porque no da nada por perdido», observa la mejor raqueta de las nuevas generaciones. Mientras la estrella de la selección española asegura que nadie la ha señalado como referente, las jóvenes concentran la atención en su juego y en su conducta. Ya no necesitan a Nadal. Tienen a Carolina Marín.

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