Rafael Alvarado: el retrato como autopsia

La exposición 'Papeles confidenciales' pasa revista a tres décadas de creación plástica a través de más de un centenar de obrasEl artista malagueño brinda en el Museo del Patrimonio la primera retrospectiva sobre su larga trayectoria

ANTONIO JAVIER LÓPEZ AJLOPEZ@DIARIOSUR.ESMÁLAGA.
Rafael Alvarado posa junto a 'Primera nevada' (2013) en las salas de La Coracha. ::
                             YASHMINA GARCÍA/
Rafael Alvarado posa junto a 'Primera nevada' (2013) en las salas de La Coracha. :: YASHMINA GARCÍA

El labio superior batido en retirada delata la ausencia de dientes que apuntalen el gesto. La camiseta interior blanca, los pantalones cortos y las zapatillas de andar cada vez menos por casa. Otros dientes, estos blancos, en una boca abierta de dolor ante el sueño convertido en pesadilla. El mar es un cementerio y el cielo, una frontera. La vejez y la inmigración, dos aproximaciones a la muerte.

Larga es la tradición que identifica el cuadro como ventana y espejo. Un perímetro enmarcado como proyección interior del autor y exterior del mundo circundante. Una doble dirección, íntima y social, a la que apuntan las creaciones de Rafael Alvarado. Porque quien se pase por las salas de La Coracha anexas al Museo del Patrimonio sentirá cada lienzo como un reflejo de sí mismo, pero también como un jirón arrancado a cualquier noticiero.

El primer segmento tiene como principal protagonista al abuelo, Rafael Alvarado Montoya; el segundo lleva el rostro desencajado, la mirada perdida de aquellos «condenados de la Tierra» de los que habló Frantz Fanon. Los dos lados de una misma moneda, el doble filo de una pintura planteada como autopsia, ya sea personal o social.

Rafael Alvarado (Málaga, 1957) reúne el fruto de tres décadas dedicado a la creación en 'Papeles confidenciales', la amplia retrospectiva que a lo largo de más de un centenar de obras pasa revista a su trayectoria entre 1985 y el presente 2013. Una carrera de largo aliento que por fin se ve representada en Málaga con un montaje de mucha enjundia.

Un proyecto diseñado por el también artista y profesor Pablo Alonso Herráiz, que desde México habló ayer por boca de José Antonio Quesada: «Con un estilo apasionado y obsesivo, ensimismado y sensual, Rafael Alvarado se erige de nuevo en un 'reinventor' del poder de la pintura, una especie de chamán con la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva de esta».

Variaciones sobre el abuelo

Así, 'Papeles confidenciales' abre la mirada sobre la obra de Rafael Alvarado con un conjunto de retratos de su abuelo, personaje central en su biografía, como admitió ayer el autor. Obras que evolucionan desde la pincelada colorista de los 80 hacia las semblanzas a carboncillo y los lienzos en escala de grises de los 90 para desembocar en una serie de 30 dibujos realizados por Alvarado para esta exposición. Son los únicos que no se pintaron al natural, ya que el abuelo del autor falleció en 2002.

Infancia, juventud y madurez, estadios que surcan la producción de Alvarado, como recordaba ayer Pablo Alonso Herráiz: «Los tres tiempos, las tres edades del hombre, la fuerza de un tropo, la belleza de un estilo y el horror de determinadas imágenes, sobre todo, el niño, el joven y hombre que siempre proponen de manera fragmentaria, fascinante y provocadora una mirada forense sobre la especie humana».

Y justo esa «mirada forense» oscila entre el ámbito privado -el abuelo- y el comunitario -los inmigrantes- siempre a través del retrato como 'leitmotiv' en la obra de Alvarado. Retratos colectivos reunidos en la primera planta de La Coracha, la inmensa mayoría realizados este año. Guiños a la Historia del Arte en 'Homenaje a Géricault (La balsa de la Medusa)' y 'Homenaje a José de Ribera (El martirio de San Felipe)', la concesión a los tonos ocres en la serie 'El sueño' y las pistas de patinaje siniestras, presididas por una calavera, de 'Primera nevada' y 'La muerte amarilla'.

Los aviones en tierra, cargueros de carne humana, enlazan con la última planta. El gran formato de 'Africano I' o el políptico 'Joven africano' (ambos de 2006) reclaman el protagonismo, la mirada del espectador, que quizá baje la cabeza frente a tanto dolor, un poco avergonzando por la inmerecida suerte de estar al otro lado del cuadro.