Baños del Carmen: Gobernar es decidir

Si queremos que este espacio no se rehabilite debemos seguir las indicaciones de la burocracia que nos gobierna

Tengo la certeza de que, en un contexto similar, Pedro Aparicio y Celia Villalobos, bajo parecidas condiciones, no hubieran sometido al enclave de los Baños del Carmen, a los ciudadanos, a sus concesionarios y a las administraciones, -incluidos el gobierno y la oposición de la Ciudad de Málaga- a la prolongada tortura que nos obsequia Francisco de la Torre con su reconocida capacidad para embrollar la gestión urbanística.

Todo el proceso reciente 2012-13 en esa porción litoral de Pedregalejo, desde los okupas, al aparcamiento, pasando por el carril bici y las reuniones con los empresarios y vecinos, constituye un prodigio de confusión que se estudiará en los másters en gestión pública. No cabe en cabeza de nadie que tras la resolución de Costas, el mareo a los concesionarios, la exposición del Patio de Banderas del Ayuntamiento, se declare que son «compatibles» los intereses de estos y los de la burocracia estatal; una vez destrozado el proyecto exhibido y jaleado. Los que quedan abandonados a su suerte los intereses generales de este espacio público, los intereses públicos y privados están indefensos ante un Ayuntamiento-veleta del marketing político, que gira en el sentido que marcan otros en Madrid y aquí.

Tengo claro, como vecino, concejal y urbanista es que así no llegaré a ver un balneario rehabilitado. ¿A que se debe esta situación de parálisis, incompetencia y falta de gestión? La gente informada suele comentar que la Gerencia de Urbanismo, la Delegación de Costas y en general, la burocracia estatal no saben que hacer con este paraje. Pero los que vivimos allí estamos seguros de que la realidad es distinta. Si el alcalde liderara la ciudad, apoyaría un proyecto actual, barato, sostenible y respetuoso con el uso público. No valdrían las excusas de funcionarios «díscolos», las estupideces sobre empresarios «voraces», las «legitimidades» inexistentes (por ejemplo las del obsoleto Plan Especial) que simplemente no se puede hacer hoy; la frivolidad de cargarse las preexistencias ambientales, como la escollera, los árboles o el paisaje de bahía,... para repetir un modelo de playa encajonada, que ya estaba obsoleto en los años ochenta.

Si el alcalde tuviera el valor de decidir sería una sorpresa. Elegir entre escollera, espigones, plataformas, hormigones o un proyecto blando,... que es el que queremos los ciudadanos y los urbanistas, es como elegir entre opciones: nunca una satisface a todas. Somos responsables de no andar ridiculizando a empresarios, malagueños por cierto; a arquitectos solventes y a ciudadanos informados. No podemos montar una tangana, dejando que la mayoría se pelee por cosas que dependen del tipo de proyecto y no de los funcionarios serios que tienen que redactarlo. Tangana significa «alboroto», «escándalo», pero también «engaño», «fraude». Estamos a un paso de ver cómo se cruzan las ofertas para desplazar a unos y poner a otros agentes que convengan más, tal vez empresas de fuera. Estamos preparando el escenario de comisiones, fraudes y corruptelas. Sabemos que la corrupción se basa en el exceso de burocracia y la indeterminación de la acción de gobierno en los proyectos con valor estratégico.

Si queremos que este espacio no se rehabilite debemos seguir las indicaciones de la burocracia que nos gobierna; desde el ministro Montoro, sin dinero, claro, y con muy poca vergüenza; desde el Estado, siempre tan «responsable» con la costa malagueña: La ha destrozado. Los últimos ejemplos de referencia son los chiringuitos que han tapado La Malagueta pública y la perspectiva de la Bahía, -lo mejor que tenemos-, instalaciones que privatizan su uso, dañando la imagen apenas recuperada. Se nos dice que los paseos, las ocupaciones y los desmadres litorales se van a resolver ¡de golpe! ... con informes. Eso sí, llamando casi delincuentes a los concesionarios que antes iban a arriesgar recursos por su cuenta, sin atentar nunca contra el uso público. Pedro Aparicio y Celia Villalobos no lo habrían consentido, creo.

Con estas prácticas de maridaje entre menús muy sobre-guisados, lo que se consigue es hundir la esperanza de que en Málaga se haga algo de urbanismo en esta legislatura. Ya hemos tenido bastante especulación municipal desde 2007 para que ahora nos metamos en la senda del barullo burocrático donde sólo ganan los Bárcenas.

Como no somos ricos, ni alcaldes, desde la oposición tenemos que gobernar decidiendo lo que De la Torre no decide. Hoy por hoy, la única manera de dirigir y gobernar es optar por lo que uno cree y decirlo en público alto y claro, pero también a tiempo. Por eso he presentado una moción a la Comisión del Pleno del próximo día 24 de octubre, una modificación del Plan Especial que contemple el PGOU, el nuevo carril bici, la Ley de Costas y los intereses públicos, claro está, de vecinos, Astilleros y de todos los malagueños. Hacer ese Plan en tres meses, dirigir, gobernar y contar con la iniciativa privada y gestionar con la sociedad civil. Facilitar un acuerdo certero sin demagogia, sin engaño a unos y otros, sin anticipos de fraude. Si el alcalde quiere esperar la sorda gestión del secretario de Estado y de su delegado, nosotros, a pie, podemos esperar a ver ruinosos atardeceres del balneario durante muchos años más.

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