Te voy a lavar la boca con la RAE

SORA SANS
Te voy a lavar la boca con la RAE

La Academia de la Publicidad ha decidido rendir un homenaje a la Real Academia Española de la Lengua en su tercer centenario y lo ha hecho como mejor sabe: con un anuncio. Hasta ahí, todo estupendo, maravilloso, ¡supercalifragilístico! Sin embargo, el anuncio en sí resulta, cuanto menos, desacertado. Para ponernos en contexto, o más bien para sacarnos de contexto, el vídeo comienza con un niño que rompe un tarro de mermelada y al que su madre reprime diciendo: «Pero niño, no va si tira la fambruesa estropiciándolo todo. En de que venga tu padre, lo quiero ver todo esto floresciente». Por suerte, la madre, tiene un nuevo detergente llamado RAE que «limpia, fija y da esplendor», con lo que la reprimenda se convierte en «Hijo mío, te encomiendo la tarea de dejar el suelo reluciente antes de que llegue tu padre».

La verdad es que no me queda claro si con esta campaña están parodiando los anuncios de detergentes del siglo pasado o a la propia RAE. Sin entrar en cuestiones feministas que ya han sido debatidas hasta la saciedad cada vez que un producto de limpieza retrataba al ama de casa como una ingenua señorita joven, posicionar a la RAE en un contexto que se me antoja anticuado no hace más que dañar la imagen de la Academia. Cuando uno estudia lingüística se da cuenta de que los organismos que rigen el lenguaje en nuestro país son de lo más conservadores. Pero la lengua no es un monumento inerte que hay que restaurar para mantener en pie, sino más bien un organismo vivo que crece y evoluciona para cumplir una función primordial: comunicar.

Sociedad y lengua se retroalimentan y así la lengua cambia cada día. Muchos llevamos en el bolsillo una palabra nueva: un Smartphone, pero la RAE se resiste a incorporar el préstamo, animándonos a todos los incultos y catetos a decir 'teléfono inteligente'. Me gustaría saber qué opinan de este anuncio Las Buhoneras, esas chicas malagueñas que, con su infinita capacidad creativa, comunican con palabras como 'brillositud' o 'chotuno'. Desde luego, no es que yo quiera hablar de forma incorrecta, pero sí creo que debemos ser más flexibles para enriquecer un lenguaje que hoy no se utiliza de la misma forma en que se usaba hace 30 años. Y desde luego, esta parodia sin gracia que bien podríamos titular «niño, te voy a lavar la boca con la RAE», no es la mejor manera de incentivarnos para que hablemos mejor.