Acuerdos y nomeacuerdos

A brindar por el desenlace -¡hip, hip, hurra! ¡metro! ¡campamento!- olvidando todo lo ocurrido antes

TEODORO LEÓN GROSS
Acuerdos y nomeacuerdos

Se ha festejado, como es lógico, el acuerdo del Metro. Es un buen acuerdo, coherente. Eso sí, tras vaciar el champagne retórico para brindar -¡hip, hip, hurra!- es inevitable preguntarse: ¿Era necesaria la áspera bronca política de meses y meses para llegar a pactar esto? Tal vez muchos prefieran mirar para otro lado diciendo «bien está lo que bien acaba», «no hay que mirar atrás», «pelillos a la mar»... Pero no, eso no debería bastar. Además de brindar, hay que preguntarse, por higiene moral, si esa larga bronca de meses y meses con desplantes y deslealtades envileciendo el clima institucional en la ciudad, ¿era necesaria?

Hay dos respuestas posibles; y cualquiera de las dos es para nota.

Hipótesis A: «sí, esa bronca era necesaria». Entonces habrá que aceptar que la política tiene que ser así, a quemarropa, perruna, un duelo goyesco a garrotazos hundidos en posiciones inmovilistas hasta agotar las resistencias.

Hipótesis B: «no, la bronca no era necesaria». En ese caso tocaría aceptar que la política es un teatro fullero, un engañabobos ventajista secuestrando a la ciudadanía en las trincheras para sacar réditos electorales a golpe de titulares altisonantes.

Da igual la hipótesis A o B. Ambas retratan una clase política tramposa. Y a eso juegan Junta y Ayuntamiento, con sus ultimátums, sus campañas de firmas y su tralla beligerante.

¿Qué ha pasado ahora de pronto? Pues probablemente la presidenta venía a Málaga, y en su primer viaje convenía presentarse con algo -entre el KO de La Cónsula y los proyectos como el macrohospital que duermen el sueño de los ingenuos- así que, venga, oye, pactamos lo del Metro, fin de la guerra, foto de portada y fuegos artificiales para festejarlo.

Esta forma de hacer política está matando la política. Días atrás sucedía con el Campamento Benítez. Lo mismo: a celebrar, a celebrar, ¡hip, hip, hurra! obviando, como si no importara nada, todos estos años de mentiras políticas, incluso comunicando que la cesión era gratuita para tener que admitir horas después que incluso eso era falso. Pero da igual. Sale gratis. De hecho, incluso la propiedad es discutible: el Ayuntamiento tiene una cesión de uso condicionado, con normas estrictas que cumplir impuestas por Madrid. Curiosa propiedad.

Esto es lo que hay. Naturalmente para la ciudad es bueno disfrutar del Campamento. Pero ¿y todos estos años de trampas, broncas estériles y mentiras sobre ese Parque? ¿También eso era necesario? No se sabe si es peor la hipótesis A o la B.

Estos acuerdos tiene mucho de 'nomeacuerdos' haciendo a la ciudadanía brindar por el desenlace -¡hip, hip, hurra! ¡metro! ¡campamento!- olvidando todo lo ocurrido. Pero no; el fin no justifica los medios. Se está haciendo política de bajísima catadura. Y a base de 'nomeacuerdismo' no habrá regeneración política.