Nuestra monumental plaza de la Merced

Así era en los Sesenta uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad, que vio nacer al maestro Manuel Alcántara y al genio universal Pablo Picasso

POR RAFAEL SOTO SALIDO
Nuestra monumental plaza de la Merced

De los centenares de plazas existentes en Málaga, entonces también lindas, cómodas y gratas para una fresca mañana de verano -o una sentada al solecito del otoño- estaba en particular la Plaza de la Victoria, ante el veterano Colegio de los Hermanos Maristas, plaza que se conocía también como Jardín de los Monos. En su jaula gigante el mono 'Perico' hacía burlas a los niños e indecencias a las niñeras. Un buen día la jaula desapareció, y decía en Radio Onda Azul mi compadre Juan José Palop -periodista de SUR y de su barrio- que fue llevada a Humilladero con su mono juguetón. Hubo malagueños que fueron hasta dicha localidad expresamente a ver y saludar al monito del barrio.

¡Don Pablo llegó a ser Picasso! En efecto, la plaza Monumental de Málaga es la de la Merced, en la que nació en el siglo pasado el maestro Manuel Alcántara y también un tal Pablo Ruiz Picasso, pintor de fama. (Tan célebre y artista único que se dio este diálogo con su madre: «Hijo, conseguirás lo que te propongas; si en las Armas, llegarías a General; y si en Religión, a Papa». A lo que respondió rápidamente don Pablo: «Yo sólo quise ser pintor y llegué a ser Picasso.»)

Por aquel lustro en la plaza estaba el despacho profesional del diputado provincial Eulogio Abelenda y en el mismo edificio la Academia para preparar oposiciones de don José Sierra. También otros vecinos, don Luis Reyes -de Transportes Reyes, y su señora, doña Ángeles Cortés, hermana del gran periodista Juan Cortés Salido -director en una etapa de SUR y de La Tarde- y patrón mayor de la legión de periodistas de apellido Cortés; José Antonio Sánchez Herrera, Rector del Seminario Conciliar, etc. Imposible de olvidar la histórica Botica de don José Bustamante, donde tantas fórmulas se practicaban y no faltaba nunca el asesoramiento del licenciado.

Muy mal pago tuvo Manuel Alcántara con su plaza, pues en esos años sesenta le robaron su apreciado reloj ¡siendo un vecino de tanta relevancia.! Y decía literalmente Picasso que en tal plaza tomó sus primeros 'maimones', el primer alimento sólido que se daba en el destete a los infantes.

A dos pasos de ella, el barrio del Mundo Nuevo o de Malaguita. Y más arriba, Gibralfaro y el castillo árabe que de siempre defendía a la ciudad. Hacia la otra esquina, casi ladera con la que fuera parroquia de la Merced, la casa donde nació el pintor, llamada Casa Natal de Picasso, gran museo y archivo, dándose la mano con el Teatro Cervantes.

Los muñones de la iglesia de la Merced, quemada en el año 1936, los liquidó Construcciones Azumendi alzando un edificio de gran mérito que embelleció el sector.

En tales años, se levantó acta notarial dando fe en un acto presencial de haber comprobado la existencia de los restos de don Rafael Torrijos y compañeros de sacrificio en las playas de San Andrés, todos sepultados bajo el obelisco que se levanta en su honor en el centro de este espacio.

En la plaza, en los desconocidos años 60, existían freidurías donde comprar 'pescaíto' en cartuchos de papel de estraza, lo suyo toda la vida de Dios. Junto a la freiduría, la mercería de Andrés Casilari Reyes, familia de egregios pintores. Y bares, y cafés, y casas de comida malagueña, hoy llamadas más técnicamente establecimientos de restauración.

Muy cerca, donde desemboca la calle Granada en la plaza y junto al histórico Edificio de Santa Hipólita, estaba la acreditada Librería Negrete, donde el librero artesano ofrecía sus lecturas poéticas. El cuñado de Pepe Negrete, señor Zayas, achicando agua de la que salía del subsuelo de la iglesia de Santiago encontró unos restos que resultaron ser de don Juan Sanmartín y Gómez, padre de José Sanmartín, emancipador de Argentina, Chile y Perú; éste sirvió como cadete en el Regimiento de Infantería Murcia en el castillo de Gibralfaro Los restos fueron trasladados a Argentina a petición del presidente Perón.

Jugando a la Oca de calles (y «tiro porque me toca») las placitas cercanas eran y son la de Montaño -con su Casa de Socorro entonces, y luego la botica de Villalobos-; las del Santuario de la Patrona, de Uncibay (¡en ella ya existía el elegante Salón de Té Doña Mariquita!), del Carbón, pero sin carbón ni cisco, y, con castiza denominación, la 'Plazuela del Santísimo Cristo de la Sangre', dando cara al artístico templo de San Felipe Neri. En resumen, esta entrañable y eterna Plaza es por historia y por derecho nuestra gran monumental malagueña. Por muchos años.

Fotos

Vídeos