El día que disparé a Juan Gyenes

EUGENIO GRIÑÁN

El día que disparé a Juan Gyenes

Yo tenía poco más de 20 años. Él ya superaba los 50. Yo estaba empezando mi carrera como fotoperiodista. Él era ya toda una figura en el mundo de la imagen, el fotógrafo por excelencia de la época, el que mejor retrató a reyes y príncipes de toda Europa. Juan Gyenes, el retratista de las estrellas. Yo, como todo el que se dedicaba a este mundillo, conocía su trabajo y su reputación. Era una referencia. Y un día trabajé junto a él... pero lo descubrí muchos años después.

Era el verano de 1965. La princesa Soraya convocó a la prensa en el hotel Pez Espada, el refugio de las grandes personalidades del momento. Fui a cubrir gráficamente la noticia para Torremocha y Fiel, dos de las agencias con las que trabajaba entonces. Yo y decenas de compañeros la seguimos por los jardines del mítico establecimiento de la Costa del Sol, y la inmortalicé paseando desenfadada con su perro.

En principio, era uno más de los muchos encuentros, ruedas de prensa y fiestas con estrellas internacionales que retrataba en esos intensos veranos de los años 60. Anthony Quinn, Frank Sinatra, John Lennon, Claudia Cardinale... A todos los capté con mi cámara. Cuando ahora veo esas instantáneas me doy cuenta de lo importante que fue esa época dorada de la Costa del Sol, pero por entonces yo era muy joven y no era consciente del valor que tenía. Era una cosa más, pero con el tiempo se ha convertido en historia de Málaga.

La cuestión es que esa rueda de prensa de la princesa Soraya resultó ser más valiosa de lo que creí en un principio. Hace ahora un año recibí una llamada de la Biblioteca Nacional. Preparaban una gran exposición sobre Juan Gyenes -la reina Sofía la inauguró en septiembre pasado- y me pedían que fotografiase sus cámaras, los libros de firmas y objetos personales que atesora su hija Irenka en su casa de Málaga. No se lo pregunté, pero supongo que fue ella la que sugirió mi nombre. Allí estaban sus fotos con Picasso, con Orson Welles, con el Rey Juan Carlos... Entonces recordé aquel verano de la princesa Soraya. Quizás el fotógrafo de las estrellas, que no faltaba en verano a su casa de Torremolinos, también estuvo allí.

Rescaté los negativos de mi archivo, los revisé con la lupa... y allí estaba. Me bastó ver la cámara para reconocerle enseguida. Llevaba nada menos que una Plaubel. Era él. Ahora sí, aunque varias décadas después, le reconocí al instante. Sentí una alegría inmensa.

Sin saberlo, el fotógrafo fue fotografiado. A pocos metros de su estrella. La imagen de Juan Gyenes con la princesa Soraya cuelga ahora de mi museo, en un rincón reservado a uno de mis referentes y de todos los que amamos la fotografía con mayúsculas. Porque llevaba una buena cámara, sí. Pero de nada serviría sin su mirada para captar a la persona por encima del personaje.

Lo tuve a tiro un verano de 1965 pero no le reconocí. De todos modos, ahora pienso que quizás, aunque aquel día me hubiera dado cuenta de quién disparaba la cámara junto a mí... no me hubiera atrevido a saludarle. Le tenía demasiado respeto. No lo sé. Ya no lo sabré. Tampoco importa. Siempre me quedará su fotografía. Y un catálogo excepcional sobre el maestro en el que mi nombre figura cerca del suyo.

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