Aquel Torremolinos sin censura

Pedro Olea y Méndez Leite recuerdan el rodaje de 'Días de viejo color', que trató de reflejar aquella alegre localidad convertida en un mito La Costa del Sol como refugio de libertad y modernidad en el franquismo revive en una muestra en La Térmica

FRANCISCO GRIÑÁN EN TWITTER: @PACOGRINANMÁLAGA.
Edad de Oro. Kirk Douglas (izquierda), en Tiffanys y, abajo, interior discoteca Hotel Cervantes. Personal de la discoteca Cleopatra (foto redonda) y, debajo, los organizadores de la exposición . ::
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Edad de Oro. Kirk Douglas (izquierda), en Tiffanys y, abajo, interior discoteca Hotel Cervantes. Personal de la discoteca Cleopatra (foto redonda) y, debajo, los organizadores de la exposición . :: SUR

Un 'top less' era considerado escándalo público y, además de una multa, podía acarrear destierro. Pero si había un sitio en el que las estrictas normas del franquismo hacían la vista gorda, ese lugar era Torremolinos. «Las chicas iban al hotel Tropicana a hacer 'top less' en el club de playa, pero en cuanto aparecía la Guardia Civil se lo ponían para disimular», explicó ayer de manera gráfica José Luis Cabrera, comisario de la exposición 'Hijos de Torremolinos' junto a Lutz Petry. La Térmica acoge desde ayer esta muestra, «un homenaje a lo que supuso la Costa del Sol y esta localidad en particular como laboratorio de libertades y aperturismo que luego se extendería al resto del país», añadió Cabrera, que ha seleccionado una treintena de fotos de la época, postales, folletos turísticos y las novelas que convirtieron aquel espacio en material literario.

Kirk Douglas en la sala de fiestas Tiffanys es una de las imágenes más llamativas de esta «pequeña pero representativa exposición» -en palabras del propio Cabrera- que recorre la edad de oro de la localidad, de los 50 a los 70. Así, la modernidad en la España de la dictadura pasaba por la entonces «barriada» de la capital malagueña que, para Cabrera, «más que un lugar, era un estado de ánimo».

Esa manera de entender la vida, entre la fiesta, la relajación y el sexo, era además contagiosa. Así, lo considera el cineasta Pedro Olea, que debutó como director con un filme rodado en Torremolinos, 'Días de viejo color' (1967), cuyos fotogramas se proyectan a la entrada de la muestra para dar la bienvenida a los visitantes. «Para uno de Bilbao como yo, Torremolinos era la hostia y el rodaje fue magnífico», recuerda Olea, que añade que intentó reflejar aquella «libertad y ganas de fiesta». Así, el también cineasta Fernando Médez-Leite sitúa esta película, que contó con producción y guión de Luis Mamerto López Tapia, «en una corriente crítica paralela al cine comercial que reflejaba a las extranjeras como mito en películas de Paco Martínez Soria».

«Me destrozaron la película»

Así, 'Días de viejo color' contaba en su reparto con Massiel, Luis Eduardo Aute y el que era profesor del propio Olea, Luis García Berlanga, que encarnó a un camello, Mister Marshall -un homenaje al mítico filme el cineasta- que traficaba y ofrecía la droga a los estudiantes que se escapaban a Torremolinos para disfrutar de la libertad sexual. «Pero la censura me destrozó la película», se lamentó ayer el realizador vasco, que tiene «grabada» la frase de un censor sobre la escena en la que una joven invita a uno de los chicos a subir a su habitación: «Me dijo que ella no podía tomar la decisión de llevar un chico a su cama, pero que, si en cambio hubiera sido una violación, lo hubiera dejado porque estaba justificado. Eso se me ha quedado como una de las aberraciones más grandes desde la Inquisición». Por fortuna, Olea se llevó el premio al mejor director novel del Círculo de Escritores Cinematográficos y le «hice un corte de mangas a los censores».

Y es que una cosa era vivir ese aperturismo en Torremolinos y otra, mostrarlo en la pantalla de forma pública. «Había un tira y afloja con la autoridad. Así, mientras la cosa no se desmadrase, se toleraba», señala el comisario José Luis Cabrera, que añade aquel 'boom' turístico suponía una gran entrada económica para el país, lo que favoreció cierto disimulo por parte de las autoridades.

Cabrera, junto a Petry, Méndez-Leite, Olea y el pintor Bola Barrionuevo -testigo de la evolución de Torremolinos «desde que dejó de ser un pueblo de molinos»- participaron anoche en La Térmica en una mesa redonda sobre la época, que completó la inauguración de la exposición. La apertura contó además con los miembros del Club Seat 600 que dieron color con sus bólidos al acto, según anunció el director del espacio cultural, Salomón Castiel, que estuvo acompañado del vicepresidente de la Diputación, Francisco Oblaré.

La exposición muestra además ejemplares de las novelas que llevaron aquel destino único en España a la ficción. Entre ellas, 'Hijos de Torremolinos' (1971), de James A. Michener y que también da título a la exposición, o la mítica 'Torremolinos Gran Hotel' (1972), de Ángel Palomino, cuyas páginas resumen el espíritu de la época: «En la Costa del Sol todos los días son días de fiesta; todas las noches, noches de sábado».

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