El boticario García Maldonado debuta en la novela con un viaje por el siglo XX

REGINA SOTORRÍOMÁLAGA.
El boticario García Maldonado debuta en la novela con un viaje por el siglo XX

Se define como «un boticario lector que accidentalmente escribe». Un feliz accidente. Rafael García Maldonado (Málaga, 1981), farmacéutico de Coín, debuta en la novela con 'El trapero del tiempo' (Almuzara), un viaje por el siglo XX «a ojos de dos personajes antagonistas». Desde que la publicara hace tres meses, muchos entran a su local en busca de aspirinas... y de una firma en el libro. Ayer lo presentó en la sede del Centro Andaluz de las Letras.

'El trapero del tiempo' no es una novela «sino tres que confluyen en un final común». Por un lado, el lector sigue a dos jóvenes que, sin querer, son testigos de acontecimientos que cambiarían la Historia. Uno de ellos, natural de Nerja, se ve obligado a combatir en la Guerra Civil española. En otro punto de Europa, en Baviera, un joven asiste al ascenso de Hitler. «Cuando todo termina, apenas tienen 19 años y tienen que hacerse sus vidas con muchas barbaridades en la mochila. Quedarán profundamente marcados, no pueden escapar del peso de la historia», apunta García Maldonado.

El tiempo avanza, y el argumento da un salto hasta los años 70, en el tardofranquismo. La novela deja entonces al descubierto una trama de corrupción urbanística y saca a relucir la relación que había entre altos cargos nazis y personas afín al régimen en la Costa española. Muchos fingirán ser otra persona. «Es, en el fondo, una novela de impostores», explica.

Inspirado en la realidad

Los personajes están «inspirados en la realidad». Y los acontecimientos históricos que se narran son el resultado de una intensa documentación. Dos años le llevó terminar las 500 páginas que ahora publica Almuzara. Está escrito entre mediosdías, noches y fines de semana. Su trabajo de farmacéutico le ocupa el resto de las horas. Por eso el título del libro: 'El trapero del tiempo', un guiño a uno de sus grandes referentes, Gregorio Marañón, al que admira por su doble vertiente de científico y escritor. Cuenta que él hablaba de sí mismo en esos términos, porque aprovechaba retales de minutos tomados de aquí y allá y que otros solían tirar para construir un rato de tiempo. Tanta es su admiración que Gregorio Marañón hace un cameo al final de la novela.

Todos los días le visita algún lector agradecido en su farmacia de Coín para pedirle una firma o hablar sobre el libro, pero su cabeza ya está en otra cosa: una mezcla de novela negra con toques de historia y arte en la que lleva meses trabajando. «Me está costando, pero habrá que sacar tiempo de donde sea... como hacía Gregorio Marañón», declara el autor.

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